Ana Belén Montes: heroína de nuestra América

Por Igor Iván Villalta Sorto*.

Ana Belén Montes, puertorriqueña que trabajó en la Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos (DIA, por sus siglas en ingles) y ante las políticas de Ronald Reagan de agresión a nuestros pueblos quiso colaborar con el gobierno cubano debido al sometimiento que sufría y sufre el pueblo cubano por la mayor potencia del mundo.

El caso no se remonta simplemente a la agresión contra el pueblo cubano, que se contabilizan por cientos y miles de agresiones que han cobrado vidas humanas. La agresión de las diversas políticas bélicas en contra nuestros pueblos son de larga data. Los instrumentos de control de los poderes reales y facticos en nuestros países han sido brutales y despiadados.

En la dinámica imperial los únicos héroes que debemos reconocer son los que se producen y fabrican en los Estados Unidos. Batman, Superman y otros. Héroes que siempre están defendiendo al mundo del ataque. Creando la ilusión maniqueísta en donde todo lo que reproduzca el sistema es bueno y lo que este en contra de las grandes corporaciones es malo.

Así tenemos a Ernesto Che Guevara que, en su lucha por los humildes, y su imagen de hombre comprometido con las causas de progreso del ser humano, no caben en los planes de dominación. A estos personajes emblemáticos de nuestra historia reciente se deben manchar porque ellos no son ni Batman, ni Superman. Son seres humanos de carne y hueso que pudieron tener grandes aciertos, pero también desaciertos y errores.

Lo que interesa en el aparato ideológico del imperio es que los veamos como tipos inescrupulosos que atentaron contra la libertad y democracia de América.

En la narrativa imperial, no existe la posibilidad de que alguien se entregue a una empresa justa y que esto lo lleve a luchar, a sacrificar su comodidad, su carrera, su bienestar en resumen su “estatus quo” por seguir su causa. El caso de Ana que nunca recibió un centavo del gobierno cubano, por los servicios que prestaba, es inconcebible, algo malo debía tener. Se trata de empañar su nombre por la muerte de un agente de la CIA en nuestro país, un boina verde de las Fuerzas Especiales de la Fuerza Armada estadounidense.

Las acciones bélicas de la fuerza armada estadounidense no merecen condena alguna, la conducción de la guerra por el gobierno estadounidense, la muerte de cien mil salvadoreños, más de cinco mil desaparecidos y tres millones de compatriotas que han tenido que migrar a distintos países del mundo, no importan. Son los norteamericanos los que importan, los que deben obtener justicia.

Ahora el papel que ha jugado la Central de Inteligencia Americana (CIA) ha sido a todas luces intervencionista y criminal, sólo basta recordar a la tristemente célebre Escuela de las Américas. En donde se les daba entrenamiento a las fuerzas contrainsurgentes, en técnicas de tortura y asesinatos selectivos, seguimiento y desaparecimientos a opositores políticos, conformación de la temida policía política y muchas otras asesorías con el fin de que los regímenes dictatoriales se mantengan en el poder.

De esta manera la CIA asesoraba a dictadores como Anastasio Somoza en Nicaragua que tenía como lema las tres “P” que consistía en: plata para mis amigos, palo para los indiferentes y plomo para mis enemigos. Tacho Somoza, como se le conocía, instauró una dinastía en la cual tras el ajusticiamiento realizado por el poeta Rigoberto López Pérez, que por cierto fue alojado en San Salvador, fue sucedido por Tachito. Hijo de Tacho, y luego al morir este lo sucedió, Anastasio Somoza Debayle, derrotado por la Revolución Sandinista.

Se trata de una gran lista de dictadores en Latinoamérica, entre ellos los más relevantes: Augusto Pinochet en chile, que después de haberle dado golpe de estado a Salvador Allende desató una feroz represión de miles y miles de desaparecidos, torturados y asesinados. Y los chilenos fueron condenados a pagar lo que no ganaron las empresas multinacionales norteamericanas.

Las acciones concretas en la guerra de nuestro país fueron variadas y extensas, sólo para mencionar algunas de ellas tenemos el asesinato de Mélida Anaya Montes, segunda en jerarquía de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), crimen instigado por el tercero en el mando de las FPL. En la ofensiva de 1981, un agente de la CIA infiltrado en las FARN-RN envió a la muerte a una columna de guerrilleros.

El trabajo que realizaban los agentes reclutados por la CIA en la Universidad de El Salvador también era amplio. Particularmente conocí el trabajo de la CIA en el departamento de idiomas. Una docente norteamericana muy revolucionaria, que lloraba cuando se escuchaban los bombardeos en el volcán Guazapa, era agente de la CIA, también un compañero de estudios en la asignatura de Psicología era parte de toda un célula de agentes de la CIA.

Villanueva Muñoz, expone en artículo de Cándida Cotto, en Resumen Latinoamericano, lo siguiente:

Ana Belén entendió que era una lucha desproporcionada, injusta, inmoral e ilegal a base del derecho internacional. Y quiso prestar su ayuda, que representa una ayuda mínima a lo que era el ataque desproporcionado de Estados Unidos contra Cuba. Por eso, desde ese punto de vista, veo una patriota no solo puertorriqueña y cubana; es una patriota latinoamericana, porque es una persona que antepuso su bienestar, físico, personal y sus intereses profesionales a sus principios”

*Biólogo investigador

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

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