El provocador profesional se reubica, por unos dólares más (II)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Con el sugestivo y gastronómico nombre de YucaByte, se anuncia un medio, que dice ser de prensa digital sobre tecnología, activismo, cultura y sociedad, allí aparece  “Y aquí estamos…  hashtag ‘AbajoLaDictadura’, así se promueve el provocador profesional cubano expulsado de Bolivia y anclado, por ahora, en Uruguay, con la misma misión de “calentar las redes”.

El 19 de diciembre de 2022, el Gobierno boliviano expulsó de su territorio al seudo tuitero cubano Magdiel Jorge Castro por difamación de una figura pública, alterar el orden público de ese país con sus publicaciones en redes sociales, además por desinformador y violador de derechos digitales.

Si no fuera tan corito el caso invitaría a la risa. Tonto per se y con  aparente candor, borró y negó la paternidad de sus mensajes, como si estos no dejaran trazas digitales indelebles casi imposibles de eliminar. Llegó hasta insinuar que habían sido “plantados” por fuerzas malignas del comunismo internacional.

Para que no le quedara duda de su candidez, los oficiales migratorios que lo indagaron y entrevistaron le mostraron una carpeta con sus publicaciones, algo que es una práctica usual, cuando lesiona intereses de seguridad nacional como difamar al Presidente de la nación.

Con indudables problemas de su infancia y pubertad no resueltos y sentirse mujer en cuerpo de hombre, pero con la decisión tomada con audacia de salir del clásico “closet”, el depredador digital tuvo nexos cercanos con el teatrista cubano Yunior García, quien jugó a ser protagonista principal de un lance subversivo en Cuba en noviembre de 2021, que terminó en una estampida personal hacia Madrid, dejando atrás a sus incautos seguidores. En ese momento el expulsado se desveló por el futuro de su carnal, quien prefirió asumir el protagónico de víctima asediada para provocar el ridículo de sus hinchas, que comenzaron a falsear sobre su ignoto paradero con un toque místico como el del plumífero de marras, quien desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, con lagrimas en los ojos imploraba la aparición con vida de su caro guía, quien plácidamente, en su casa, preparaba los bártulos para el abandono del “Archipiélago”, en ruta de colisión con los patriotas cubanos, que con el apoyo de la solidaridad internacional estaban prestos a enfrentar la provocación, mientras cándidos esperaban la puesta en marcha anunciada por el advenedizo corifeo. 

Es propicio recordar que el dúctil Castro, es peculiar, profesional universitario gracias a la Revolución, que le dio las facilidades gratuitas para llegar a ese nivel educacional. Hasta ahora intoxicó desde Bolivia, donde llevaba más de tres años cuando el ambiente separatista y subversivo lo obnubiló al creer que podía pescar en río revuelto para sus aviesos intereses. Todavía no se ha esclarecido el motivo por el cual fue enviado a Bolivia como destino para subvertir, siendo un país progresista, que superó un golpe de Estado y retomó las riendas del país en las urnas.

Fue testigo de las secuelas del horrible golpe de Estado en ese país en noviembre de 2019 y lo que significó para el pueblo boliviano la represión que llegó hasta la matanza, donde los crimines de odio se produjeron como estilo de imponerse por la fuerza y a pesar de esa vivencia cruda y nunca vista por él, un ser sensible, propone en las redes una receta similar para su pueblo, que lo financió desde el nacimiento hasta el título universitario de manera gratuita.

Con la salida de su mentor e inspirador espiritual en vacaciones europeas, aspiró a ocupar su lugar desde el exterior seguro, para intentar mover los hilos de la contrarrevolución interna, pero pronto se dio cuenta de la farsa y raudo se apartó con una declaración oficial desde su sitio.

Este homicida digital, es licenciado en microbiología por la Universidad de La Habana, pero, antes de cumplir su servicio social en el Centro de Ingeniería Molecular (CIGB) abandonó Cuba, para decirlo de una forma decente.

El estacionado ahora en Montevideo, es de modales finos, voz peculiar, difícil de describir. Quienes lo han escuchado y visto han palpado, ternura y sencillez contagiosas. Sus ojos, que miran directo, sugieren candor, que combina con el insistente movimiento de sus manos que tratan de dar fuerza vivaz a su gestualidad.

Desborda vanidad cuando afirma ser “una pieza clave en el ecosistema de los jóvenes cubanos, también para las redes sociales y para el ansiado cambio en la Isla”. Nada más presumido, para quien dejó  a su espantado líder.

En una entrevista afirmó: “Te sorprendería si te cuento que trabajo 12 horas al día. Es muy difícil lograr la inmediatez en Twitter y a la vez trabajar. Es un reto que me pongo. Cuando hay sucesos importantes dejo mi trabajo entro al baño y tuiteo. Te sorprendería la rapidez con que conformo los tuits en esas condiciones”.

Asegura, “Para mí twitter es mi tribuna, es la vía mediante el cual me desahogo, expreso mis más íntimos sentimientos, mis puntos de vista sobre la actualidad de mi país. Para mi expresarme con libertad es una deposición y para eso utilizo mi cuenta”. Así de fatuo se externa este provocador profesional, al cobijarse en lares europeos, su mentor. Como sentenciara Julius Fucik, ese grande del periodismo en la antesala del patíbulo: “Estad alertas”, uruguayos.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: El CEO.

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