Internacionales

La deshumanización, el otro despojo perpetrado contra el pueblo palestino

Por Carmen Parejo Rendón.

Durante años nos hemos acostumbrado a escuchar las cifras de la barbarie: diez, quince, cien, palestinos asesinados; cinco, veinte, treinta, niños detenidos por las fuerzas israelíes. Así hasta que nos hemos habituado a interpretar la realidad que padece el pueblo palestino en términos de números y no de seres humanos.

Francesca Albanese, relatora de derechos humanos de la ONU, en una entrevista el pasado 30 de octubre, dejó claro que “la ocupación ha sido el vehículo para colonizar, deshumanizar, detener, encarcelar y llevar a cabo ejecuciones sumarias” en territorio palestino.

La deshumanización, que no es más que el proceso de despojar de características humanas a una o más personas.

En las últimas semanas, dentro de las justificaciones para el ataque masivo de Israel sobre Gaza –y también, partes de Cisjordania– nos han presentado distintos mapas de épocas pretéritas que, bajo su lógica, sería la demostración palpable de que el Estado Palestino nunca existió. Y efectivamente es así, ese pueblo, como todos los del mundo, ha estado inserto en varios reinos e imperios a lo largo de su historia, y el Estado Palestino, aunque está reconocido por Naciones Unidas, nunca ha llegado a materializarse. De hecho, esto es parte del problema, la descolonización de Palestina nunca se ha producido. Sin embargo, más allá de todo eso, la cuestión de fondo es: ¿quién vive allí? ¿Nos están tratando de vender un mapa antiguo como una evidencia definitiva sobre que aquello era un territorio vacío?

La descolonización de Palestina nunca se ha producido y ese es parte del problema. Sin embargo, más allá de todo eso, la cuestión de fondo es: ¿quién vive allí? ¿Nos están tratando de vender un mapa antiguo como una evidencia definitiva sobre que aquello era un territorio vacío?
Ya en 1922, la Sociedad de Naciones exigía al mandato británico que una posible creación de un “Hogar Nacional Judío” en ese territorio debía ir acompañado de una “salvaguardia de los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina, independientemente de su raza y de su religión”. Es decir, un reconocimiento a la evidencia de que no podían borrar a los palestinos del mapa o negar su existencia.

Cuando la negación de la evidencia de que el territorio está y siempre ha estado habitado cae por su propio peso viene la segunda fase: negar la condición humana a los nativos.

El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, al anunciar que iniciaban un asedio total de la franja de Gaza afirmó: “Estamos luchando contra animales humanos”. Esta idea la repitió poco después el general de división israelí, Ghassan Alian, afirmando que “los animales humanos deben ser tratados como tales”.

Cisjordania como ejemplo de deshumanización del pueblo palestino
Con los Acuerdos de Oslo de 1993 se produce la división efectiva del territorio de Cisjordania en tres áreas: A y B, bajo la Autoridad Palestina, que mantiene el control en términos de asuntos civiles, y el Área C, la de mayor dimensión, casi dos tercios de Cisjordania, que está totalmente bajo control israelí. Ninguna de las tres delimitaciones forman un territorio único y contiguo, y todas ellas, a su vez, mantienen el estatus de zona bajo ocupación militar.

Para promover la expulsión de los palestinos de este territorio se llevan a cabo cuatro mecanismos civiles que complementan la actividad militar: denegación de permisos, demolición de viviendas, destrucción de medios de vida e infraestructura, y ataques a organizaciones de la sociedad civil.

La intencionalidad se hace manifiesta con naturalidad por parte de las autoridades colonizadoras, como pudimos constatar en las discusiones que el Comité de Defensa y Asuntos Exteriores de la Knesset celebró entre julio y agosto de 2020 sobre el Área C, donde comparaban abiertamente a las comunidades palestinas con un “virus” o un “cáncer”.

Más de cien años después, y debido a la sobreprotección interesada de las potencias occidentales, la entidad sionista se ha convertido en la peor versión de sí misma, en medio de una crisis política constante que ha llevado a que el actual gobierno sea el más reaccionario de toda su historia.
El periódico israelí Haaretz informaba que, desde 2019 hasta 2020, solo se aprobaron un 0,65 de los permisos de construcción para los palestinos. Así, en febrero de 2022, el entonces viceministro de Defensa, Alon Schuster, rendía cuentas en la Knesset israelí, presentando como un logro que su ministerio había emitido solo 33 permisos de construcción para palestinos entre 2017 y 2021.

Lejos de lo que podamos creer, el racismo no ha estado presente en todas las épocas, sino que su desarrollo ideológico es algo reciente que, además, solo se explica dentro de la “racialización” de las desigualdades sociales por los cambios producidos en las relaciones internacionales, tras la etapa de las conquistas y colonizaciones que se inauguraron con la edad Moderna. Una ideología para dominar el mundo.

El sionismo surge en el siglo XIX. Inicialmente se presenta como una corriente nacionalista que pretende un Estado para el “pueblo judío”. Lo cierto es que, en esa época, la mayor parte de los judíos se encontraban asimilados en distintos Estados y con sentimientos nacionalistas diferentes. Finalmente, fue la religión el único elemento compartido y que, por tanto, fue apoderándose de toda la corriente ideológica sionista. Igualmente, desde el inicio de la toma del territorio palestino, aún durante el Mandato británico, se fue agudizando el racismo como una forma de deshumanización del contrario, es decir, del nativo, que ayudaba en el escenario de colonización.

En 2013, el periódico israelí Yediot Ahronot publicaba una conversación entre el entonces ministro de Economía, después primer ministro, Naftali Bennett, y el consejero para la seguridad nacional, Yaakov Amidror. El contexto era la liberación de 104 prisioneros palestinos, a lo que Bennett se oponía: “Si capturamos a terroristas, hay que matarlos, sencillamente”. Amidror respondió entonces: “Pero eso es ilegal”. Y Bennett contestó: “Yo he matado a muchísimos árabes en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”.

 Así, no es de extrañar que el mismo Bennett, en una entrevista en el canal británico Sky news, el pasado 12 de octubre, no comprendiera la pregunta que se le hacía en relación con la necesidad de restablecer el suministro eléctrico para los bebés en incubadoras en Gaza. Al ser consultado sobre el asunto, respondió: “¿Habla en serio acerca de los civiles palestinos? ¿Qué sucede contigo?”. Para él, esos niños son árabes y los árabes son terroristas.

A este respecto también se pronunció Albanese: “Naftali Bennett ha deducido que no hay civiles en Gaza, que incluso los bebés se convierten en un objetivo legítimo. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se puede responsabilizar a un recién nacido?”.

Más de cien años después, y debido a la sobreprotección interesada de las potencias occidentales, la entidad sionista se ha convertido en la peor versión de sí misma, en medio de una crisis política constante que ha llevado a que el actual gobierno sea el más reaccionario de toda su historia.

El conflicto de pugna geopolítica y la necesidad de EE.UU. y sus aliados europeos de mantener el orden unipolar no solo está naturalizando este discurso, sino deshumanizando una vez más al pueblo palestino, aún con la amenaza real de que vivamos un genocidio televisado y amparado por estas mismas potencias.

Tomado de RT/ Foto de portada: EFE.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *