Cuba

La Revolución, por los caminos del amor

Por Jorge Ernesto Angulo Leiva.

En las situaciones de cambios profundos para el bien de las sociedades conviven factores objetivos y subjetivos y entre los últimos florece el amor. La esencia de las revoluciones aparece dibujada en las puestas de sol, en el beso primero y eterno de los amantes.  

Frente a un sistema imperial, proyección de nuestros peores instintos, solo el sentir sublime hacia una persona, una familia, un país y la humanidad nos sostiene en la batalla contra los titanes por la salvación física y espiritual de todos.

El viaje del yo al nosotros nace en el afecto hacia los seres queridos de nuestro entorno inmediato porque de él emerge, como expresó el intelectual cubano Cintio Vitier, un «camino hacia la patria».

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, armadas con sus pañuelos, y la capacidad para revertir el dolor por sus descendientes en razones de pelea, le gritaron en la cara a los dinosaurios de la dictadura militar argentina, como los cantó una leyenda del rock de esa nación, Charly García. Ellas perdieron a sus hijos y sus nietos, pero reclutaron en su ejército a los defensores de la vida.

Cuando Roberto Fernández Retamar comprendió la equivalencia del sentimiento profesado a su mujer y el entregado a su pueblo, escribió un poema donde aseguró construir una escuela «Con las mismas manos de acariciarte».

Las relaciones íntimas entre forjadores de un orden más justo quedó inmortalizada por el poeta y militante salvadoreño Roque Dalton: «luchamos / para que un amor / como el nuestro / (amor entre / compañeros de / combate) / llegue a ser en El / Salvador / el amor más común y / corriente / casi el único».

El Che Guevara mencionó las motivaciones amorosas de los hombres de su estirpe y advirtió sobre la necesidad de conservar la ternura en los tiempos más complejos. Por su parte, el marxista peruano José Carlos Mariátegui aseguró que la Revolución, además de ganar el pan, debe conquistar la belleza.

Ante el peligro de la burocracia, adaptada a sobrevivir repetida, el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano nos brindó alientos porque las revoluciones crecen multiplicadas cuando aplican la fórmula del amor.

Los afectos constituyen esclavos de la sociedad y solo un mundo mejor puede liberarlos porque, según señalaron Federico Engels en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado y José Martí en sus Escenas norteamericanas, la primacía del interés por el dinero destruye los sentimientos.

Si la conquista del derecho de la humanidad a proclamar ese nombre parece estancada en el amasijo de contradicciones de nuestro país y el planeta, tomemos un segundo para escuchar nuestro corazón. Con esa música sigamos adelante pues, nos enseñó el Apóstol, «Solo el amor, engendra melodías».

Tomado de Granma / Foto de portada: Yaimi Ravelo.

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