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Milei avanza en la subordinación de Argentina a Estados Unidos

Por Nicolás Hernández.

Múltiples decisiones del Gobierno argentino muestran un cambio de rumbo de su política exterior y un alineamiento con los intereses de Washington.


“Nuestra Alianza con los Estados Unidos, demostrada a lo largo de estos primeros meses de gestión, es una declaración de la Argentina para el mundo”, manifestó el presidente Javier Milei, tras viajar de improviso casi 3.000 kilómetros hasta Ushuaia, en el extremo sur del país. El objetivo de la travesía fue acompañar a la generala a cargo del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson. 
Desde el territorio más austral del continente, Milei también informó sobre el “desarrollo de la base naval integrada”, la cual permitirá a Washington y Buenos Aires, “seguir fortaleciendo la relación de amistad y colaboración entre ambos países”. De consagrarse el anuncio, se instalaría la primera base militar extranjera en suelo argentino, aunque antes de ejecutarse deberá ser convalidada por el Congreso.

Este tipo de decisiones consagran lo que el primer mandatario argentino considera como una “nueva época de las relaciones de Argentina con el mundo”, que en los hechos implican un distanciamiento del multilateralismo y una ruptura con la creciente cooperación china en el país. “No voy a estar alineado con comunistas. ¿Hay alguna duda de que estoy alineado con Estados Unidos y con Israel?”, manifestó el primer mandatario recientemente en una entrevista con un medio norteamericano. 
 
Por su parte, Washington ha enviado a Brian Nichols, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos (EE.UU.), William J. Burns, titular de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y al propio secretario de Estado, Anthony Blinken, en los cuatro meses que lleva Milei al frente de la Casa Rosada.

El giro
El anuncio del establecimiento de una base militar en Ushuaia es el corolario de una serie de decisiones que marcan el rumbo de la política exterior del proyecto libertario, que inició desde la propia asunción de Milei como presidente.

El primer mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, fue uno de los pocos mandatarios invitados a la asunción de Milei como presidente y, a pocos días de asumida la nueva gestión, Argentina envió dos helicópteros Mi-171E a Kiev, rompiendo con la política sostenida durante los últimos decenios por Buenos Aires de no entregar armas, ni equipos militares a zonas de conflicto. 

En la misma línea, Milei eligió al principal aliado de EE.UU. en Oriente Medio para iniciar su primera gira internacional y, desde Tel Aviv, expresó su intención de trasladar la embajada de su país a Jerusalén.

También fueron abandonadas las negociaciones para la compra de aviones caza chinos y, en marzo se firmó una carta de intención para comprar 24 aviones Lockheed Martin F-16, de fabricación estadounidense.

En lo que respecta a la región, la administración Milei habilitó la entrega a Washington del avión venezolano secuestrado en Argentina por pedido de la Justicia estadounidense en 2022; desde entonces, el país enfrenta un conflicto diplomático de alto nivel con Caracas. A su vez, el mandatario libertario catalogó de “asesino terrorista” al presidente de Colombia, Gustavo Petro, y trató de “ignorante” a su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador.  

Otra de las características en la política internacional del jefe de Estado que abrazó con admiración al exmandatario Donald Trump y disertó en la Conferencia de Acción Política Conservadora, es su alineamiento con la “nueva derecha” mundial y su decisión de abandonar la incorporación de Argentina al Brics. “No voy a impulsar un trato con comunistas”, contestó Milei cuando le preguntaron en el debate presidencial por sobre la articulación con el bloque de potencias emergentes.

La competencia con “el maligno”
En línea con el discurso de Milei durante la cumbre de Davos, de que “Occidente está en peligro” frente al avance del “colectivismo”, la jefa del Comando Sur expuso en Argentina su preocupación por las supuestas intenciones de China justamente en el territorio más austral del continente. Allí sostuvo que la República Popular China “está realizando un juego de largo alcance” en la región, disfrazado de “inversiones pacíficas” que a futuro resultan en “múltiples accesos a pasos navales estratégicos”. 

Los argumentos fueron desarrollados con mayor detalle durante la presentación de la generala en la audiencia del pasado 14 de marzo en la Cámara de Representantes, donde señaló a China, Rusia e Irán como actores “malignos” en 24 ocasiones, sin embargo, destacó la relevancia de Beijing dado el creciente avance de las inversiones chinas en América Latina. 

Según aseguró Richardson desde Argentina, con los proyectos en el extremo sur del continente, China “está intentando asegurarse los derechos para construir instalaciones marítimas de uso dual, las cuales apoyarían la proyección de sostenimiento y poder en las cercanías al estrecho de Magallanes, pasaje de Drake y Antártica”. Para la jefa del Comando Sur, un avance en este sentido, impactaría “en la estrategia de movilidad estadounidense en un área reservada para la paz y la ciencia”.

De hecho, la decisión de Richardson de visitar Ushuaia y el anuncio del desarrollo de una base naval conjunta se contrapone a lo planificado por Gustavo Melella, gobernador de la provincia de la que Ushuaia es capital, Tierra del Fuego. Melella, consideró a la generala estadounidense como “persona non grata” el pasado 2 de abril y se rehusó a recibirla en su provincia, a la vez que impulsa el desarrollo del Puerto Multipropósito Río Grande, financiado con capitales chinos.

En base a esta disputa, EE.UU. incrementó la intervención de la flota estadounidense en el patrullaje marítimo en la zona patagónica, en pos de limitar la pesca de buques chinos en el Atlántico. Además, busca la regulación sobre el 5G -mercado en el cual Beijing lleva la delantera- y prioriza la concreción de acuerdos vinculados a la explotación de minerales críticos como el litio, como señaló el Departamento de Estado tras la visita de Antony Blinken a Buenos Aires.

El embajador estadounidense en Argentina, Marc Stanley, también es un actor clave en la política del país del norte. Recientemente, el diplomático apuntó contra la Estación de Espacio Profundo china emplazada en la Patagonia argentina, a la cual indicó como una supuesta base militar encubierta al expresar que “con respecto a los chinos, me sorprende que la Argentina permita que las Fuerzas Armadas chinas operen en Neuquén, en secreto, haciendo quién sabe qué”. 

En respuesta, la Embajada de China resaltó que la estación desarrolla sus tareas en cooperación con Argentina y que no existe evidencia de uso militar, mientras que científicos y diplomáticos argentinos aseguran que después de 40 visitas no se han encontrado indicios de uso militar en mencionada base.

El botín argentino
En cuanto a los intereses estadounidenses en la nación austral, en enero de 2023, durante su disertación en en el Atlantic Council, un think tank vinculado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Richardson resaltó que la importancia de América Latina está en los “ricos recursos y elementos de tierras raras”, y destacó el triángulo del litio, zona estratégica que comparten Argentina, Bolivia y Chile, que representa, dijo, el “60 por ciento del litio del mundo”.

Además de las proyecciones marítimas sobre el Atlántico y la Antártida mencionadas anteriormente, los movimientos del embajador Stanley también tuvieron lugar en la zona productiva del país.

En marzo, fue firmado un preacuerdo de cooperación entre la Administración General de Puertos con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense y, de concretarse, la intención implicaría el ingreso formal del Ejército estadounidense al Río Paraná, principal curso del comercio exterior de granos y de exportación de drogas. A su vez, este curso fluvial, también conocido como Hidrovía Paraná-Paraguay, se encuentra sobre uno de los reservorios de agua dulce más importantes a nivel internacional.

EE.UU. es también el principal inversor extranjero en Argentina. A mediados de marzo se llevó adelante en Buenos Aires el encuentro anual de la cámara empresarial estadounidense en Argentina, AmCham. En la apertura de la cumbre, el titular de la cámara y representante en el país de JP Morgan, Facundo Gómez Minujin, señaló que el gremio empresarial reúne a unas 740 compañías estadounidenses, representa el 24 por ciento del producto bruto interno (PBI) nacional, el 39 por ciento de la recaudación.

En términos de defensa, el país norteamericano provee más del 90 por ciento de los armamentos utilizados en Latinoamérica. Según un informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI),  EE.UU. fue el origen del 94,9 por ciento de la adquisición de armas de la Argentina para el período 2000-2022.

Según detalla su Embajada en el país, “los fondos de defensa de Estados Unidos para la cooperación en materia de seguridad con Argentina superan los 625 millones de dólares este año fiscal, centrándose en áreas clave de interés mutuo, como el desarrollo profesional y de capacidades, la ciberdefensa y la preparación para desastres”.

En tanto, el Gobierno argentino busca renegociar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y EE.UU. es el principal accionista de la entidad. El próximo 17 de abril, el ministro de Economía, Luis Caputo, viajará a la Asamblea de Primavera del FMI.

De la posición del organismo de crédito internacional depende que el Banco Central argentino pueda afrontar la deuda con importadores por más de 3.000 millones de dólares en el corto plazo, entre otros desafíos financieros a enfrentar por la crítica economía del país.

Tomado de TeleSUR.

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