Internacionales

¿Democrática la oposición venezolana? (III)

Por Germán Sánchez Otero.

Dos nuevas desventuras del imperio y de la oposición

El 2005 es otro año de lecciones útiles. Estados Unidos acelera sus pasos para debilitar a Chávez, no cesan de conspirar, pero siguen a la defensiva. Aumentan el aporte financiero a las ONG y los partidos aliados y sus voceros incrementan las agresiones verbales: “Hugo Chávez es una fuerza negativa en la región”, dice la secretaria de Estado; “Venezuela es uno de los países más inestables y peligrosos en la América Latina”, afirma el director de la CIA; “Venezuela está comenzando una carrera armamentista peligrosa, que amenaza la estabilidad regional”, dice el secretario de Defensa; “Cuba y Venezuela están en una campaña de desestabilización en la América Latina (…)”, sostiene el subsecretario de Defensa; “el territorio venezolano es un área segura para terroristas colombianos”, denuncia un vocero del Dpto. de Estado; “el asalto a las instituciones democráticas en Venezuela continúa y el sistema se encuentra en grave peligro”, asegura Thomas Shannon, subsecretario de Estado días antes de las elecciones para la Asamblea Nacional.

Chávez no pasa por alto tantas diatribas y acciones conspirativas. Enfrenta mediante ideas al enemigo foráneo en escenarios nacionales e internacionales, incrementa las accionen solidarias –incluso hacia adentro de Estados Unidos– e impulsa la integración económica, la concertación política y la unión regional. Además, afianza los vínculos con los países de la OPEP y acelera nexos económicos estratégicos con China, Irán y Rusia, con este último también de índole militar. En febrero de 2005, define el rumbo socialista de la Revolución y en noviembre contribuye mucho a enterrar el ALCA, en presencia del propio Bush, durante la Cumbre de las Américas en Mar del Plata.

Molesto por esa humillante derrota y con el objetivo de deslegitimar el sistema democrático venezolano para justificar fines desestabilizadores y golpistas, Bush comete otra pifia. Orienta a los partidos de la oposición que retiren sus candidatos de las elecciones para diputados, previstas el 4 de diciembre de 2005. Así sucede. En vísperas de los comicios, todos ellos declinan, ante el asombro de los observadores extranjeros que han verificado la pulcritud del proceso dirigido por el CNE. Resultado: la alianza bolivariana gana el 100% de los escaños y los que quienes resultan deslegitimados son los partidos opositores, que muestran su debilidad e incoherencia. Un autogol.

¿Una oposición que no quiere ser oposición? ¿Qué hay detrás de tal conducta? Como buen llanero, el barinés percibe el ruido de la serpiente que pretende atacar y denuncia el peligro. Es, dice, una respuesta del Imperio a la derrota en Mar del Plata y el intento de promover “un golpe electoral”. Un salto al vacío. Quieren ocultar también que los candidatos opositores no pueden ganar ni el 30% de los curules y usar su ficción propagandística para nuevos planes violentos e intervencionistas.

Tiempo después, la mayor parte de los dirigentes e ideólogos de la oposición coinciden en que esa decisión fue errática, pero nunca señalan al culpable. Al no tener un liderazgo creíble ni una estrategia y un proyecto alternativo coherentes, los antagonistas de la revolución acentúan su disgregación y generan desconcierto en sus bases. Esa nueva decisión golpista made in USA es derrotada con relativa facilidad por la veloz reacción del líder bolivariano, quien, además, actúa en un contexto nacional e internacional muy favorable.

El 6 de diciembre, él evalúa la victoria y termina su discurso con una noción clave, que ha discutido con el presidente de la AN, Nicolás Maduro. Este ha planteado desplegar en la nueva etapa el parlamentarismo de calle. Chávez comparte la iniciativa y explica la idea. Eso significa, dice, que los diputados vivan junto al pueblo a todas horas y atiendan sus necesidades. Y también llama con fervor a que la AN luche “contra el burocratismo, contra la corrupción que sigue azotándonos por dentro y por todas partes, y que es la más grande amenaza que tiene nuestra revolución”. No es la primera vez que lo dice, ni tampoco será la última.

Durante 2005 y 2006, la Revolución avanza por doquier. La economía crece en más de un 20%, el precio del petróleo aumenta de 26 dólares el barril en 2003 a 56 dólares en 2006, se terminan varias obras fundamentales de infraestructura y mejoran todos los indicadores económicos y sociales. Por ejemplo, el salario mínimo supera los 300 dólares, el más alto de América Latina; el desempleo baja de 8%; las tarifas de electricidad, teléfono, transporte público y combustible son de las más baratas del mundo. Los presupuestos de educación y salud se han elevado al triple comparados con 1998 y las misiones sociales influyen de manera sustantiva en la vida cotidiana de todos los sectores humildes y de la clase media baja, que suman el 80% de la población. Y los Consejos Comunales, de amplia participación popular, se extienden por todo el país.

En el ámbito mundial, Venezuela es referencia no solo por su identidad petrolera. Chávez ha logrado convertir a su país en un actor principal a escala regional, en la OPEP y en muchos temas y escenarios del orbe, a contrapelo de Estados Unidos, que pierde hegemonía en particular en su frontera sur.

Gracias al creciente y cohesionado grupo de Gobiernos progresistas en la región, en vez de aislar a Venezuela es el Imperio el que se distancia de su “traspatio”. Estos aires dentro y fuera del país propician que buena parte del empresariado nacional adopte una posición realista frente al Gobierno bolivariano, al igual que la cúpula de la Iglesia y algunos grandes medios de comunicación, que bajan su perfil. Chávez dialoga con ellos y los invita a respetar la Constitución, reconociéndoles su espacio y funciones.

Elecciones presidenciales, otra gran victoria

En tal escenario favorable a la Revolución, transcurre el proceso para celebrar elecciones presidenciales el 3 de diciembre de 2006. Los partidos opositores, en sintonía con su mánager norteño, deciden participar y aceptan el árbitro que un año antes cuestionaran. Varios precandidatos, encabezados por Julio Borges y Teodoro Petkof, declinan a favor del gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales, un exdirigente adeco que ha creado su propio partido (Un Nuevo Tiempo) y es aceptado por el consenso de las cúpulas que tienen el aval de Washington. A pesar de los cuantiosos recursos y el pleno apoyo opositor, no levanta vuelo. Tiene alas cortas y un plomo atado a sus pies, por haber firmado el acta golpista del usurpador Carmona. Y frente al barinés, que no le da tregua, es más mediocre.

Los partidos opositores afrontan este nuevo reto electoral en una situación adversa, por las sucesivas derrotas que han sufrido y a contracorriente del contexto nacional y externo favorable a Chávez. Además, no cuentan con un líder ni tienen una fuerza política unificada de verdad. Ello coloca al barinés en una situación aún más ventajosa para obtener un triunfo luminoso. Él lo sabe y tensa sus fuerzas, a fin de alcanzar una suma apabullante de votos. Sobre todo, quiere hacer comprender las virtudes de su propuesta socialista bolivariana. Repite en todas partes que quienes voten por él lo hacen por la opción socialista. Este es un tema polémico, que ha venido ganando adeptos, pero aún hay muchas dudas o un franco rechazo en algunos sectores y en varias capas de la población, influidos por los prejuicios inculcados durante décadas y las insistentes campañas mediáticas adversarias.

Por cuarta vez, Chávez debe medirse en las urnas. Ha triunfado en dos presidenciales (1998 y 2000) y fue confirmado en el referendo de 2004. Siempre llama a convertir la batalla comicial en una oportunidad para acelerar y profundizar la Revolución y, ahora también, el proyecto socialista bolivariano. Triunfa con 63%, su mejor cosecha de votos de todos los tiempos. Los observadores internacionales dan fe del triunfo y Rosales se ve obligado a aceptarlo, aunque dice que el margen fue inferior. Es el mejor momento de la Revolución y el peor de sus antagonistas, que muy pronto se activan para tomar la iniciativa y se apuntan por fin en 2007 un autogol del líder bolivariano.

Propuesta para reformar la Constitución: traspié de Chávez

¿Por qué, luego de sufrir su peor derrota frente a Chávez en las elecciones presidenciales de 2006, la oposición logra ganar el referendo para reformar la Constitución, un año después? ¿Cómo actúa Estados Unidos? ¿Cuáles son las causas que originan el revés de Chávez en ese referendo de 2007 promovido por él? ¿Qué hace para superar el traspié a partir de 2008? ¿Lo logra del todo?
Al cabo del formidable triunfo en los comicios presidenciales, Chávez aplica un concepto de su cultura militar: continuar la ofensiva luego de ganar una batalla. Decide impulsar y ahondar aún más la Revolución en la senda de una transición socialista y para llevarla a un punto de no retorno. Promueve una profunda reforma a la carta magna, a fin de lograr con el apoyo del pueblo en un referendo el marco jurídico idóneo que facilite radicales cambios rumbo al socialismo. Frente a su audaz iniciativa, el Imperio resuelve emplear métodos y actores inéditos en Venezuela, que combina con fórmulas tradicionales. Y logra así, por primera vez, obtener resultados favorables a su objetivo de socavar la Revolución.

El pretexto que utiliza el plan contrarrevolucionario en esta etapa es la decisión del Gobierno bolivariano de no renovar la concesión al canal RCTV, por su notorio respaldo al golpe de Estado de 2002 y otras flagrantes violaciones éticas. Este proceso origina una agresiva reacción de los demás medios de comunicación privados y del conjunto de los entes opositores, respaldados por el Gobierno de Estados Unidos. Las acciones cobran más integralidad y fuerza en el segundo semestre, al presentar Chávez el proyecto de reforma a la Constitución, y se extienden hasta después de que esa tentativa es derrotada en las urnas el 3 de diciembre.

RCTV deviene pretexto-bandera de la nueva arremetida de Estados Unidos. Esta vez, los partidos de la oposición desempeñan un papel secundario. Ocupan la línea de avanzada nutridos grupos de estudiantes de varias universidades –privadas y estatales–, guiados por líderes que desde 2005 comenzaron a ser formados fuera de Venezuela en agencias vinculadas al gobierno norteño, entre ellos el mozalbete Juan Guaidó.

Durante los años 2005 y 2006, seleccionan a grupos de jóvenes venezolanos que viajan a Belgrado, Washington y Boston con el fin de recibir talleres de formación y capacitación. Su objetivo real es organizar movimientos de presión contra el Gobierno bolivariano, según las experiencias de las llamadas “revoluciones de colores” o los “golpes suaves”.

Esos jóvenes irrumpen a principios de 2007 en el escenario venezolano con el nombre de “manos blancas” y son amplificados por una intensa cobertura mediática nacional e internacional. Su aparente motivación es defender la libertad de expresión y la democracia en Venezuela, y utilizan de alegato el tema de RCTV. Junto a movidas pacíficas, agreden a las fuerzas del orden y son víctimas de francotiradores –instrumentos del plan–, con saldo de algunos muertos y heridos que adjudican al Gobierno. Con la bandera de la “no violencia”, provocan disturbios a fin de crear inestabilidad y caos.

A la par, Washington promueve acciones para desestabilizar la economía y, sobre todo, generar escasez de alimentos básicos. Logran un nivel de 26% de escasez como promedio en el año, el más alto desde el paro petrolero en 2002. También inducen la inflación hasta 30%, la más elevada en cinco años. Bush hace una gira por Europa y en todas partes conspira contra Venezuela. Un documento-testimonio de tal coyuntura, de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, develado en 2013 por Edward Snowden al diario británico The Guardian, incluye a Venezuela entre los seis “objetivos prioritarios” del Imperio junto a China, Rusia, Corea del Norte, Irán e Irak. Este es un dato fundamental para entender las crecientes y diversas acciones públicas y encubiertas del Imperio contra Venezuela, desde aquellos años.

Nueve de cal, una de arena

La propuesta de reforma formalizada por Chávez en agosto de 2007 dispara la fase más agresiva del plan para debilitar su figura, desgastar al Gobierno bolivariano y crear las condiciones para un golpe de Estado y/o la intervención militar directa.

Vuelven a desplegar el grupo estudiantil contrarrevolucionario, secundado por los partidos y ONG de ese signo, la cúpula de la Iglesia católica y los medios de comunicación privados nacionales y extranjeros. Chávez los enfrenta mediante acciones resueltas y al calor de las pugnas expone y defiende el proyecto de reforma de la Constitución. Crea un solo partido de la Revolución (Partido Socialista Unido de Venezuela). Atiende las relaciones internacionales, incluidos numerosos viajes, para fortalecer los nexos políticos y económicos y dedica varias jornadas a estimular un proceso de paz en Colombia.

Sus conceptos sobre cómo defender la Revolución frente al Imperio y la oligarquía local alcanzan un alto grado de lucidez. El 11 de abril recomienda no subestimar al adversario: “El diablo no duerme, decía mi abuela, hay que recordarlo, y (…) el imperio norteamericano no descansa ni descansará para tratar de detener la Revolución Bolivariana”.

Alerta contra las falsas ilusiones: “Nunca la oligarquía venezolana, nunca el imperio norteamericano nos aceptará. Siempre estarán fraguando maniobras para tratar de sacarnos de aquí, a menos que nosotros cambiemos y nos entreguemos a ellos. Pero eso aquí no está previsto”. Y el 2 de junio enfatiza una idea que siempre aplica: “Cada plan desestabilizador de la oligarquía venezolana, manipulada por el imperio norteamericano, será respondido con una nueva ofensiva revolucionaria”. Explica en forma gráfica el nuevo guion del enemigo: “Ellos prenden una mecha lenta y van dándole y dándole a la mecha lenta, esperando una carga explosiva, buscando la explosión”, dice el 6 de junio. En contrapartida, fomenta un amplio movimiento estudiantil bolivariano, que junto al resto del pueblo y con el liderazgo del barinés protagoniza formidables movilizaciones.

El texto de la reforma es largo, a veces denso y difícil de entender, aunque virtuoso y favorable a un verdadero poder popular y el desarrollo integral de la nación. Varios dirigentes bolivarianos tienen reservas, por ejemplo, a “la nueva geometría del poder” y a no ser incluidos en la posibilidad de la elección continua, entre ellos gobernadores, alcaldes y diputados. Pocos explican al pueblo los contenidos y la Asamblea Nacional incluye numerosas nuevas propuestas, que hacen más difícil entender el proyecto. Mientras, los adversarios ejecutan una campaña bien pensada. En especial, utilizan los prejuicios sobre el socialismo subyacentes en muchas personas; por ejemplo, el temor a perder la propiedad. Además, la escasez inducida y el aumento de la inflación se divulgan como anticipo de lo que ocurriría si es aprobada la reforma y se instaura el socialismo.

Por estas y otras causas, asociadas a errores y debilidades de la Revolución y a la astuta actuación de sus antagonistas, la reforma es rechazada por una ínfima diferencia de votos: 49.27% vota sí y 50.7% se opone. La abstención alcanza 44%. Casi tres millones de seguidores de Chávez no ejercen el voto, bien porque no entienden la reforma o porque están en contra y no quieren oponerse a él. Eso explica el revés. La oposición (el Sí) suma un poco más de votos que en la elección presidencial, o sea, no crece. Y Chávez resta casi tres millones.
Con amargura e hidalguía, él reconoce la derrota. Por primera vez, pierde una elección, de 10 celebradas desde 1999. No duda en aceptarlo y está seguro de que no es el fin de la Revolución. Sus adversarios foráneos quedan sin argumentos para seguir acusándolo de dictador y antidemocrático, al menos por un tiempo. Ese es un saldo positivo. Otro, más importante, es la profunda autocrítica y el contraataque que él conduce una vez que digiere el inesperado revés, a fin de convertirlo en una oportunidad para fortalecer la Revolución.
Vísperas de Navidad, decreta una amnistía en la que incluye, entre otros, a Henrique Capriles Radonski y a Leopoldo López, incursos en actos ilegales durante el golpe de abril de 2002. Sin embargo, Estados Unidos y la contra exigen que también lo haga con Pedro Carmona Estanga y los criminales golpistas presos. Tratan así de anular el efecto positivo del gesto humanitario y de paz. No dan tregua. Así proceden siempre.

Chávez se recupera, el imperio y la contra también

El barinés va a lo profundo de la exigua derrota e identifica varias causas. Comprende que se ha apresurado en dar ese paso radical. La divulgación y explicaciones directas al pueblo de la reforma fueron insuficientes y hay problemas y errores que es urgente encarar. Asume en público su responsabilidad y lanza un amplio programa de rectificación y avance, que resume en tres R: revisión, rectificación y reimpulso. Y ratifica que la brújula seguirá orientada por el Proyecto Nacional Simón Bolívar, primer plan socialista aprobado para el periodo 2007-2013.

Lograr su primera victoria electoral y política animan al Imperio y a la contra. Washington busca aprovechar al máximo el traspié de Chávez: incrementa la ayuda monetaria y la asesoría a los partidos y ONG afines, en lo cual se incluye Súmate, dirigida por su agente María Corina Machado; coloca otra vez en sus listas oficiales al Gobierno bolivariano como violador de derechos humanos y auspiciador del terrorismo y del narcotráfico e intensifica las campañas mediáticas contra el presidente bolivariano, acusándolo de antidemocrático, demagogo y desestabilizador de otros Gobiernos. Además, promueve tras bastidores un conflicto entre Venezuela y Colombia, que incluye la posibilidad de una guerra entre ambos países como pretexto para una intervención directa. Chávez y la Cancillería responden a todas las acusaciones e intrigas de Estados Unidos. Él ayuda a iniciar un proceso de paz en Colombia y fomenta nexos bilaterales constructivos con el vecino país.

Por primera vez, en el caso de Venezuela, en 2008 Estados Unidos sanciona a tres altos funcionarios del Gobierno acusándolos sin pruebas de mantener vínculos con el terrorismo y el narcotráfico. Y en el Informe Anual de Amenazas clasifica a Venezuela como la “principal amenaza contra Estados Unidos en el hemisferio”. Estas y otras acciones apuntan hacia la criminalización del Gobierno venezolano, para crear pretextos que justifiquen futuras agresiones.
A finales de 2008, se celebran comicios regionales, a cuyo proceso Chávez dedica un esfuerzo especial, a la par que atiende con esmero la forja del PSUV, que elige a sus candidatos por medio de elecciones internas directas de sus bases. Chávez apuesta a que ese evento confirme el derrotero victorioso de la Revolución y se enfoca en lograrlo. La alianza bolivariana gana 17 de las 22 gobernaciones en disputa y el 80% de las alcaldías.

A un año de fracasar la reforma, ello permite medir el sustantivo apoyo del pueblo a la Revolución y el efecto positivo de las tres R, aunque la oposición gana las tres más importantes gobernaciones (Zulia, Miranda y Carabobo) y la alcaldía mayor de Caracas.

Chávez decide aprovechar el triunfo para promover un referendo al comenzar 2009, para hacer una enmienda a la Constitución que permita la reelección continua de todos los cargos elegibles. La resuelta iniciativa sorprende a sus oponentes. Y gana con el 55% de los votos, una cifra que revela cierto desgaste, aunque el laurel es inobjetable y crucial. Así, al comenzar 2009 ha logrado neutralizar y derrotar las agresiones, presiones y maniobras del Imperio durante los ocho años de la Administración Bush, que solo se ha anotado el autogol de su adversario el 2 de diciembre de 2007.

Chávez vs. Obama

¿Cómo actúan Estados Unidos y la contrarrevolución bajo la Administración de Barack Obama en el período 2009-2012? ¿De qué modo el Imperio y la contrarrevolución aprovechan la grave enfermedad del líder bolivariano a partir de junio de 2011? ¿Cómo procede Chávez frente a Obama? ¿De qué manera él afronta los retos frente a los adversarios, en medio de su cruel dolencia?
Cuando Obama asume el 20 de enero de 2009, hereda un escenario en nuestra América donde predominan Gobiernos progresistas y revolucionarios. Encuentra en la frontera sur una fuerte corriente de integración y unidad, que ha tomado forma a partir de 2003 en diferentes eventos y organizaciones autónomos de Estados Unidos, incluido un embrión de todos los Estados de la región. Obama sabe que el papel de Chávez en tales mudas ha sido y continúa siendo muy importante. La Revolución Bolivariana se convirtió en la fuerza impulsora principal de la nueva correlación de fuerzas continental. Además, el barinés comprende muy bien el aporte histórico y el prestigio de la Revolución cubana y de su líder, con quien anuda ideas y quehaceres a favor de la unión nuestra americana de orientación bolivariana.

Obama pretende recuperar los espacios perdidos por su país en América Latina y el Caribe, e inaugura la estrategia del poder inteligente (smart power). Combina los instrumentos tradicionales del denominado poder duro (hard power) –el uso del poderío militar y la coerción económica– con los instrumentos del poder blando (soft power).

Mas, el líder bolivariano descifra muy bien al nuevo presidente y decide desenmascararlo, aunque espera a que los hechos demuestren la verdad. En la V Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad y Tobago el 17 y el 18 de abril de 2009, el flamante presidente gringo exhibe en el terreno su proyección hacia América Latina y el Caribe. Allí afirma que Estados Unidos sería un actor más en el hemisferio y no la potencia hegemónica. Pero esas declaraciones se las lleva el viento. En esa cumbre, el barinés actúa hacia su homólogo con sumo tacto, a la vez que expone sus opiniones sobre cómo debían ser los nexos de Estados Unidos con la región. Sorprende mediante una acción de elevado peso simbólico, cuando le regala a Obama el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina. Narra después, en una entrevista el 17 de enero de 2010, que el mensaje implícito era: “Lea la historia, porque es imposible que venga usted a hablar de un futuro sin mirar el pasado de ese imperio que usted ahora preside (…), todos los atropellos que han cometido contra los pueblos de América Latina y el Caribe”.

En junio de 2009, sucede el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya y Chávez se pone al frente de la solidaridad continental para ayudar a derrotarlo. Actúa consciente de que ese zarpazo del Imperio al eslabón más débil de los Gobiernos progresistas pretende iniciar una contraofensiva continental. Obama desarrolla así una política de doble carril: la subrepticia, de la CIA y el Pentágono, a cargo de diseñar y orientar el golpe, y la pública, ejecutada por el Departamento de Estado y el propio mandatario, que aparentan rechazo a la acción golpista. Al principio, su Gobierno disminuye las declaraciones oficiales contra Venezuela. La dinámica progresista de la región influye para que, en una primera etapa, Obama maneje con más cautela su política hacia el Gobierno bolivariano. Aunque durante los años 2009 al 2012 este sigue siendo acusado de apoyar el terrorismo, colaborar con el narcotráfico y violar los derechos humanos. El objetivo continúa siendo aislar y debilitar a Venezuela, hasta poder derrotar y extirpar la Revolución.

Chávez no rehuye poner en evidencia a Obama. Verbigracia, en una entrevista por televisión, en enero de 2010, dice que este puede terminar siendo “solo una ficha del Imperio, que sigue actuando y arremetiendo contra el mundo hasta de manera mucho más feroz y agresiva que en tiempos de Bush, que es bastante decir”.

Elecciones de diputados en 2010: La contrarrevolución crece en la AN

Con la orientación de Washington, los partidos opositores, organizados ahora en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), deciden participar en las elecciones de la Asamblea Nacional (AN), el 26 de septiembre de 2010. La MUD se compromete a respetar la Constitución y formula un programa que trata de ocultar sus objetivos restauradores bajo el nombre de “100 soluciones para la gente”. La mayoría de sus partidos presentan candidaturas unitarias a los comicios legislativos y movilizan ingentes recursos. Logra obtener el 47.2% de los votos (65 escaños) y el PSUV, el 48.1%, aunque gracias a la norma, el partido bolivariano obtiene 98 escaños, la mayoría simple. De tal modo, la oposición contrarrevolucionaria alcanza una votación cercana a la del PSUV. Sumado el 3% que obtiene el Partido Patria para Todos, que se ha separado de la alianza bolivariana, es ostensible el desgaste del oficialismo, luego de tener el control absoluto de la AN, y el ascenso electoral de la oposición. Las causas están asociadas en primer lugar a debilidades y problemas endógenos de la Revolución, que Chávez ha identificado muchas veces alertando, además, que son los flancos por donde el enemigo ataca y puede avanzar.

Durante su discurso ante la nueva AN el 15 de enero de 2011, tiende un puente a los diputados de la oposición. Después de cinco años, vuelven al hemiciclo y los invita a respetar el carril constitucional. Aborda el papel intrigante de Estados Unidos: “Nos incitan a la desconfianza entre nosotros (…) Ustedes no ven a Wikileaks, toda la capacidad de intriga de los agentes de Estados Unidos (…) Una capacidad inaudita para intrigar, para poner a dudar, para mentir”. Y exclama: “¡No caigamos víctimas de los intrigantes!”. Aunque sabe que casi todos esos diputados forman parte de tal entramado, adopta una postura constructiva como suele hacer y hurga en las causas de tales resultados electorales, asociados a la actuación enemiga, pero también a debilidades y errores dentro del Estado, a escala nacional y regional.

Washington acelera sus planes al enfermar Chávez

La agresión de Estados Unidos a Libia en marzo de 2011, secundada por aliados europeos y avalada por el Consejo de Seguridad de la ONU –gracias a que Rusia y China se abstienen–, provoca una elevada preocupación en Chávez. Le inquieta mucho que se convierta en un precedente para una futura agresión a Venezuela. Y no cesa de denunciar el ataque y de expresar solidaridad al pueblo libio y al presidente Gadafi.

En este contexto, Estados Unidos decide imponer el 24 de mayo sanciones a PDVSA, por haber vendido a Irán dos cargamentos con aditivo para gasolina. Es la primera vez que utiliza esa coacción. Chávez refuerza su idea de que es urgente prepararse para las variantes peores, incluso, una intervención militar directa. Tal acción contra PDVSA y las amenazas públicas empleadas por el Gobierno estadounidense están asociadas a la pretensión de desestabilizar el país de cara a las elecciones presidenciales de 2012, como hiciera en 2007. Él responde enseguida vía Twitter: “¿Sanciones contra la patria de Bolívar, impuestas por un Gobierno imperialista gringo? Muy bien. ¡Entonces aplíquelas señor Obama! ¡No olvide que nosotros somos los hijos de Bolívar!”.

En junio de 2011, su sorpresiva grave enfermedad crea un nuevo escenario. El Imperio y la contrarrevolución no tardan en reajustar sus planes. Calculan que ha llegado la oportunidad de acabar con la Revolución Bolivariana. Predicen que la muerte de Chávez sucederá en breve tiempo y actúan en consecuencia. Mueven de inmediato su maquinaria de guerra psicológica y otros instrumentos desestabilizadores, a fin de crear condiciones que permitan hacerse del poder en el corto plazo.

Entre las opciones incluyen la vía violenta y las elecciones presidenciales sin el líder bolivariano, si él fallece o queda inhabilitado por su enfermedad. Las serpientes se excitan y lanzan mordiscos y veneno por doquier. No pierden un minuto. Chávez encara las falacias sobre su dolencia, mantiene informado al pueblo, sin soltar las riendas de la Revolución y alerta de que el Imperio trata de aprovechar tal circunstancia para generar incertidumbre y divisiones. Enfatiza: pretenden crear un escenario inestable que permita intentar un golpe de Estado y, si no fuera posible, o, además, una intervención militar directa tipo Libia.

Vía telefónica, el 14 de agosto del 2011 dice a los participantes en un evento del PSUV que la Revolución enfrenta a una oposición cuya dirigencia está “loca, loquita”, que manipula y envenena: “Están llamando de nuevo a la violencia, están atacando las instituciones, están hablando otra vez de vacío de poder; algunos, pidiendo mi renuncia; otros, mi muerte; otros, que entregue el gobierno; otros, que haya una rebelión militar; otros, que intervengan los yanquis, pidiéndolo abiertamente hasta por cartas; otros, que intervenga la extrema derecha europea; otros piden que nos apliquen la fórmula Libia, la fórmula Siria, Naciones Unidas”. Y cierra con un mensaje clave: los enemigos no podrán derrotar a la Revolución, “pero depende de nosotros”. Preocupado por que Estados Unidos pueda aplicar en el futuro “la fórmula Libia” al sur de su frontera, propone el 9 de septiembre de 2011 en una reunión de la ALBA frenar “la locura imperial” e insiste en una idea medular: “No podemos nosotros permitirlo. Desde América Latina y el Caribe tenemos que consolidar este espacio como una zona de paz”.

El parto de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en Caracas, el 2 de diciembre de 2011, es un reconocimiento histórico al Libertador y también al papel de Chávez en ese empeño, y una derrota importante para el poder hegemónico de Estados Unidos en el hemisferio. Por eso, el diario venezolano El Universal, vocero sin matices de la oligarquía y de la embajada gringa, publica el 19 de ese mes una entrevista exclusiva al presidente Obama (inducida por el Departamento de Estado). Es una obvia acción de Washington contra la Celac y su principal gestor. Afirma que a Estados Unidos le “preocupan las acciones” del Gobierno de Hugo Chávez, pues hay algunas que “han restringido los derechos del pueblo venezolano, han amenazado los valores democráticos básicos y han dejado de contribuir con la seguridad en la región”. Crítica los nexos de Venezuela con Irán y Cuba, la supuesta restricción a la libertad de prensa y la separación de poderes, y sostiene que ha demostrado muy poco interés en los “esfuerzos comunes para impedir el terrorismo y el narcotráfico”.

Chávez le pega duro en el mentón el mismo día. Obama es “la voz del imperialismo”: “Métete con tus cosas chico, dedícate a tu país que lo tienes vuelto un desastre vale, dedícate a gobernar a tu país, ahora andas buscando votos atacando a Venezuela, no seas tan irresponsable chico, farsante. Obama, eres un farsante, déjanos tranquilos que nosotros somos libres y más nunca seremos colonia tuya ni de nadie”.

¿Por qué esa inusual entrevista del presidente de Estados Unidos a un diario venezolano, conocido por su servilismo al Imperio? Obama ha querido dar un espaldarazo a sus cómplices locales y enviar un mensaje a los aliados de otros países. Desde que se anunciara la enfermedad de Chávez, su Gobierno no cesa de hostigar a Venezuela y junto a la contrarrevolución redobla las campañas públicas y la conspiración. Presumen que la desaparición física del líder bolivariano creará un escenario óptimo para el jaque mate anhelado y han comenzado a mover sus piezas.

2011 fue un año favorable para la Revolución Bolivariana. El PIB superó más de tres veces el de 1998 y creció 4%, después de casi dos años de recesión. La inversión social en los 12 años de Gobierno bolivariano llega a 468 000 millones de dólares, cuatro veces mayor respecto del período 1986-1998. Se ha logrado mantener la estabilidad política y las varias estadías de Chávez en La Habana, con motivo de su enfermedad, han sido cubiertas con éxito por un numeroso grupo de dirigentes en todos los niveles y el pueblo movilizado.

En 2012, el Imperio comienza a emplear otro componente de su plan: la guerra económica. Incluye el desabastecimiento programado, el ataque al valor del bolívar para aumentar la inflación, el aumento del contrabando de extracción y una campaña de los medios para generar zozobra y desconfianza en los mercados. Es el comienzo de la nueva agresión no convencional, cuyos ingredientes económicos y financieros son fundamentales para el desenlace contrarrevolucionario en cualquier variante. Es también su aporte directo para favorecer a la contrarrevolución en las elecciones de diciembre.

Washington sigue con interés las posibilidades reales de que algún candidato opositor pueda ganarle las elecciones a Chávez, pero no avizora ninguno. Una vez electo en primarias Henrique Capriles Radonski, las encuestas indican que este perderá por un margen amplio. Ello hace más difícil el “plan B”, o sea, desconocer los resultados y promover un golpe de Estado, con una amenaza real de intervención. Además, el escenario regional no favorece tal extremo. Aunque el Gobierno de Estados Unidos se involucra a fondo en el apoyo del candidato de la oposición y logra que sea solo uno, con recursos monetarios, asesoría y otras variantes –por ejemplo, el uso de robots para hacer cientos de miles de llamadas grabadas desde el exterior a favor de Capriles–, sus voceros y autoridades no se inmiscuyen de manera pública en el proceso. Quieren evitar que Chávez pueda sacar provecho si Obama apoya abiertamente a Capriles.

El barinés, no obstante, insiste en el nexo del Imperio con la oposición y enfatiza una vez más que la intención de esta es volver a entregar el país al dominio de Estados Unidos y restaurar la IV República. Sin embargo, no coloca en el centro de sus discursos el enfrentamiento a Obama (como hizo con Bush en las presidenciales de 2006), e incluso llega a decir que si él fuera estadounidense votaría a su favor (toma muy en cuenta, con seguridad, que el candidato republicano es ultrarreaccionario).

El 7 de octubre, el pueblo reelige a Chávez para cumplir su tercer mandato con el 55% de los votos emitidos: el mismo porcentaje que obtuviera en el referendo de 2009 que aprobó la reelección continua y 8% menos que en las presidenciales de 2006. Aventaja en 10 puntos a su contrincante, a pesar de haber tenido que cargar durante su campaña la cruz de la dolorosa enfermedad y ser afectado por yerros y debilidades dentro del poder bolivariano, además de los efectos de la desestabilización económica, aún en fase incipiente.

El Gobierno de Obama reconoce el inobjetable triunfo al siguiente día y lo mismo hace Capriles Radonski, para evitar enfrentamientos que beneficien a Chávez, en una circunstancia donde esperan su pronto deceso. Él toma la iniciativa y habla con Capriles por teléfono e incluso hace bromas. Exhorta después a la oposición a que respete el sistema constitucional y al Gobierno legítimo, a fin de preservar la paz y la estabilidad del país.

Dice: “Para ellos, nuestro reconocimiento, el candidato de la derecha y sus comandos de campaña acaban de anunciar al país que reconocen la victoria bolivariana. Ese es un paso muy importante en la construcción de la paz en Venezuela, de la convivencia de todos nosotros”. Y hace un llamado “a los que andan promoviendo el odio, a los que andan promoviendo el veneno social, a los que andan siempre tratando de negar todas las cosas buenas que ocurren en Venezuela, los invito al diálogo, al debate y al trabajo conjunto por la Venezuela Bolivariana”. Esta ha sido siempre la postura de Chávez, aunque sabe las razones que mueven a sus adversarios y en el fondo no se hace ilusiones. Conoce muy bien la genética del Imperio y de la oligarquía venezolana, desde los tiempos de Bolívar.

Último mensaje de Chávez: No bajar la guardia

A dos meses del histórico triunfo electoral, consciente de que se ha agravado su enfermedad, el 8 de diciembre, desde Miraflores, con plena lucidez del momento decisivo que vive el país, dice: “Patriotas de Venezuela, hombres y mujeres: Rodilla en tierra, unidad, unidad, unidad de los patriotas. No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la patria. No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades –del tamaño que fueren– la respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Y avizorando un posible desenlace fatal, o que él no pueda continuar al mando porque su enfermedad lo impida, desde su gigantesca estatura pide en ese momento crucial al pueblo y a todos los dirigentes bolivarianos que apoyen a Nicolás Maduro al frente de la Revolución: “(…) Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, Nicolás Maduro no soo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que –en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales–, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

Un testigo íntimo de excepción, Jorge Arreaza, en su conmovedor y riguroso testimonio IRREVERSIBILIDAD… COMO LA LUNA LLENA. CRÓNICA DE LA ÚLTIMA PROCLAMA, narra cómo en esos días y noches difíciles y angustiosos Chávez alertó al grupo de dirigentes más cercano sobre la arremetida que el Imperio comenzaba a emprender y que con certeza acrecentaría, en el extremo de su desaparición física. En el IV (y último) artículo, dedicado al lapso 2013–2024, abundaré en ello.

Seis días después de esa última proclama, el 14 de diciembre, Obama ofrece declaraciones al reaccionario canal Univisión. Sus respuestas son pensadas en función del esperado desenlace, que desean y esperan los enemigos de la Revolución Bolivariana. Dice: “No vamos a cambiar nuestras políticas, que tienen como prioridad que haya libertad en Venezuela”. De inmediato, la Cancillería venezolana emite un comunicado en el que “rechaza de la manera más tajante las declaraciones indignantes del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acerca del presidente Hugo Chávez y de Venezuela”

El 26 de diciembre, el vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro, advierte que detrás de la campaña contra el presidente Chávez y su estado de salud están el Imperio y sus laboratorios de guerra psicológica: “Tienen el alma podrida de odio, amargura, desprecio y revanchismo”.

Un mes más tarde, el 26 de enero de 2013, Maduro da a conocer un mensaje del presidente Chávez (a saber, el último), que revela su preocupación por los planes contrarrevolucionarios del Imperio y la plena confianza en el pueblo bolivariano civil y uniformado: “Díganle a mi Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a los soldados de la patria, que me emociona y les agradezco emocionado su lealtad, su unión, y los llamo a mantenerse en despliegue permanente por todos los caminos de la patria, garantizando la estabilidad, la soberanía y la seguridad de nuestro pueblo. A nuestro pueblo, un llamado a no bajar la guardia ante la conspiración permanente del imperialismo y la derecha nacional. ¡No bajar la guardia!”.

Fuente: Cubadebate

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