Venezuela. Nuestra fuente de información no puede ser Trump
Por Carlos Aznárez (especial para el canal panárabe Al Mayadeen), Resumen Latinoamericano, 7 de enero de 2026.
Desde que se produjo el ataque artero de Estados Unidos contra Venezuela el 3 de enero, el terrorismo mediático, como ya lo hizo en otras oportunidades, desplegó todo su poder de fuego para, por un lado, legitimar la barbarie cometida, y por otro, descargar nuevamente su batería de datos falsos y mentiras calculadas al milímetro sobre el perfil del presidente Nicolás Maduro. Puestos en cadena, ocultaron la masacre cometida contra los heroicos defensores del presidente, asesinados después de combatir durante más de dos horas, no mostraron los efectos de los bombardeos sobre población civil, y tal cual viene ocurriendo desde hace dos años con el pueblo palestino, pusieron el eje en que «por fin» había sido detenido el «dictador Maduro», acusado de «capo» de un inexistente cártel de la droga.
Así, mostraron, con la intención de humillarlo, las primeras imágenes del digno presidente bolivariano y su esposa, cuando eran trasladados hacia Nueva York, y posteriormente repitieron el mismo juego de fotos y videos en el momento de ser llevado al Juzgado, con gran despliegue militar.
Ahora bien, como no conocen la idiosincrasia del pueblo venezolano ni de su dirigencia revolucionaria, les volvió a salir el tiro por la culata. El mundo entero no vio a un hombre destruido, ni asustado, ni mucho menos vencido, sino un gigante, por altura y por potencia ideológica, que irónicamente les deseaba «feliz año nuevo» a sus captores, que se daba el gusto, como hizo Hugo Chávez con su «por ahora» en el levantamiento militar del 92, de lanzar un mensaje gestual decisivo, haciendo la V de la victoria utilizando para ello el recurso de la firma del propio Chávez. Algo que el ojo atento del pueblo venezolano, lanzado a la calle desde la primera hora, interpretó inmediatamente como un «no nos han vencido ni nos vencerán».
Si faltaba algo para incentivar el espíritu de lucha de los que estamos volcados a la solidaridad con el presidente secuestrado y la primera combatiente -dentro y fuera de Venezuela- allí está la respuesta contundente de Maduro ante el juez gringo: «Soy el presidente de la República Bolivariana de Venezuela y me considero un prisionero de guerra». De esa estirpe es la venezolanidad bolivariana y es bueno que sus enemigos, ya sean yanquis invasores como escuálidos al acecho, vayan tomando nota. ¿Quieren un Vietnam latinoamericano? Están cerca de conseguirlo si siguen cantando loas a Trump y su revitalizada Doctrina Monroe.
Ante la duda, oír la voz del pueblo
En el otro andarivel de estos acontecimientos dramáticos, queda claro que EE.UU ha convertido en papel mojado el derecho internacional, y nuevamente -como ocurre con Palestina- se puede ver a las instituciones internacionales y sobre todo la ONU, los gobiernos de la Unión Europea o los alcahuetes pro yanquis latinoamericanos, como Milei, Noboa, Peña, Munilo y algunos más, alineados obsecuentemente junto al genocida Trump. Se imaginan, seguramente, siendo parte del reparto de los millones de barriles de petróleo venezolano, no teniendo en cuenta que la propiedad de esas riquezas no pertenecen ni a un hombre ni a un gobierno sino como el propio Nicolás Maduro lo ha dicho repetidamente, son propiedad de pueblo venezolano y con ellos y ellas deberán toparse si quieren seguir yendo por las malas como hasta el presente. Deben saber que hay un pueblo armado dispuesto a convertirse en guerrilla y luchar hasta dar la vida si fuera necesario, como lo hizo la guardia presidencial, antes de ser asesinados por los invasores.
En este marco, Trump «el sucio», trata de confundir y provocar divisiones, primero en el campo popular venezolano, y a la par, sembrando la duda en las filas de la solidaridad internacionalista. Este recurso, la siembra de la duda, es otra arma con que el imperio busca minar el campo popular. Si se duda, se produce una baja en el espíritu de lucha. Ellos, con su inteligencia artificial y su guerra cognitiva lo saben de sobra, y por eso resulta obligatorio estar alertas y salir a responder cada intriga que venga desde el corazón del monstruo o de sus filiales.
No puede ser de ninguna manera Trump “nuestra” fuente de información. Cuando él sugiere que hay traidores en las filas del chavismo, cuando intenta ensuciar a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, cuando sugiere que hay «otras personas con las que podemos contar para el gobierno de transición», lo menos que se puede hacer es desconocer esas falsedades y reiterar nuestro compromiso con el pueblo y la Revolución que encabeza el presidente Maduro, exigiendo su inmediata libertad y la de su compañera.
Todas y todos los que desde hace más de 25 años adherimos conscientemente a los principios y el accionar encarnado por el Comandante Hugo Chávez, sabemos a la vez, que tanto Delcy como su hermano Jorge, son luchadores de rodilla en tierra, leales y consecuentes militantes de la causa que hoy encarna el presidente Maduro. Imaginar, que porque Trump lo sugiere, hay «un pacto», no ayuda en nada a la necesidad de revitalizar la lucha. Primero, porque no hay pacto de ningún tipo, y no sería posible aunque alguien se viera tentado a hacerlo, sabiendo de la potencia de la radicalidad del pueblo bolivariano, que lo impediría apelando a todas las vías posibles. O sea, dudar en pleno combate solo facilita la tarea del enemigo. Nuestro punto de mira permanente debe estar en el corazón del enemigo.
Todo lo realizado en estas últimas horas, y que ha tenido a la actual presidenta encargada como protagonista, responde a la imperiosa necesidad de mantener el hilo constitucional, ya que el desgobierno o el no funcionamiento de las instituciones hubiera sido letal para encarar la lucha futura destinada, como objetivo insoslayable, volver a traer al país al único presidente legítimo, que se llama Nicolás Maduro Moros.
Así tampoco hay que ignorar que en toda guerra lo primero que trata el enemigo, además de masacrar población civil o destruir infraestructuras, es generar un clima de desesperación, frustración y paralización en quienes están obligados a defenderse. En este caso, el pueblo venezolano respondió como lo sabe hacer, movilizándose desde el mismo día del ataque imperialista. Lo mismo ocurrió con las grandes manifestaciones impulsadas en todos los países por la solidaridad internacional. De allí que perder el tiempo en buscar errores, imaginarnos pactos, sostener -como ocurrió en las primeras horas- que no se había luchado ni respondido al invasor, no hace otra cosa que caer justamente en lo que quieren Trump, Marco Rubio y su mafia gobernante en Washington. Traidores puede haberlos como en todos los procesos, pero si los hubiera en este caso, queda claro que han fracasado. Nicolás Maduro sigue siendo líder de su pueblo y con su accionar orienta a quienes piensan en clave revolucionaria en el mundo, el gobierno bolivariano y sus instituciones funcionan correctamente como es el caso de la Asamblea Nacional. Y lo más importante: el pueblo está en la calle y en sus consignas y gestos dice claramente lo que piensa: «Maduro aguanta, que el pueblo se levanta» o «El pueblo armado jamás será aplastado». A eso debemos atender, no a lo que sugieran Trump, Macrón o cualquier monigote aliado del imperio. Todos ellos son los enemigos de esa gran parte de la Humanidad que quiere vivir en paz y que deplora las artimañas del capitalismo.

