Cuba

“No nos entendemos”. Por Marxlenin Pérez Valdés

Hay algo que los gobernantes de Estados Unidos, históricamente, no han podido entender de los cubanos, y es que desde el siglo XIX este pueblo ha estado luchando sin parar por —obtener primero y defender después— su libertad, su soberanía y su independencia.

La ignorancia de los del Norte descansa en su arrogancia y en su complejo de superioridad. La mentalidad imperial traiciona a quien la porta, volviéndolo racista e incapaz de ponerse en los zapatos ajenos, máxime si mira como inferior al otro; un otro que no tiene derechos, porque solo le permiten existir como subordinado, como esclavo o como lacayo.

Por eso «los señores imperialistas», como también les decía irónicamente Fidel, no han podido comprender que este es un pueblo heroico, construido sobre la base de la rebeldía nacional, del carácter, de la valentía, del amor a la patria, y de la determinación a ser libres o mártires.

Nuestra historia de insubordinación al statu quo comenzó hace 158 años, no en 1959, sino el 10 de octubre de 1868 a filo de machete. Desde entonces hemos ido conformándonos como sujetos subversivos ante el abuso, la injerencia extranjera, la explotación, la dominación, la injusticia, el imperialismo capitalista…

Ellos, los injerencistas de ayer que son los mismos de hoy, no entendieron en su momento la altura y la magnitud de la Protesta de Baraguá. No ven que Maceo forma parte de la subjetividad colectiva, como mismo Céspedes y Martí, como después Mella, Villena, Guiteras, Fidel y tantos cubanos guapos fundadores de esta nación.

No se enteraron a tiempo que la República fundada en 1902, por Neocolonial y Burguesa, no fue aquella que quisimos sino la que nos permitieron, y que fue solo cuestión de tiempo y de consolidar la lucha revolucionaria, el triunfo de una patria más acorde a los ideales de ese Ejército Libertador, el de la manigua redentora donde todo comenzó.

Los gobernantes de Estados Unidos en su petulancia tampoco supieron leer el significado del triunfo de 1959, y por eso no han podido captar por qué este pueblo (al que llevan siglos intentando someter) no ha renunciado a su determinación de patria o muerte.

Está en el Himno Nacional desde el principio de nuestras luchas antiimperialistas: «morir por la patria es vivir». Pero ellos, monoacordes, solo se saben un himno y solo conocen una bandera; los demás no cuentan, no contamos.

Creyeron que a la Revolución del 59 la eliminarían con los viejos métodos de invasiones militares: salieron derrotados. Apostaron por las presiones económicas, las medidas coercitivas unilaterales, la guerra biológica, el bloqueo económico, etc., pero tampoco lo han conseguido: la Revolución existe, está viva, respira, siente y piensa. Si no fuera así, no nos estarían amenazando otra vez.

Decidieron aislarnos del mundo «moderno» y a eso han apostado durante 67 años con su política de guerra económica (que también es guerra política, ideológica, comunicacional, cultural e imperial).

¿Qué han logrado con esto?. Hacernos daño, por supuesto, ahí está lo que fuimos (y lo que vivimos) como sociedad mientras el mundo se organizaba desde la solidaridad y el comunismo amparados en la Unión de Repúblicas Socialistas, y qué hemos sido desde que su desintegración sumió al orden internacional en la dinámica unipolar.

Sin embargo, tampoco han percibido que con ese aislamiento han incidido notablemente en el tipo de subjetividad que posee nuestro pueblo. Ese aislamiento y, sobre todo, nuestra decisión soberana de ser diferentes por la vía del socialismo (sabiendo nosotros cuáles son sus propias consecuencias contra las relaciones monetario mercantiles y toda la lógica del capital) han condicionado un tipo de ciudadano que no se parece al ciudadano común del siglo XXI, a pesar de que igualmente seamos sujetos enajenados y deslumbrados por el fetichismo de la mercancía.

Y no somos diferentes en el sentido petulante que ellos practican de creernos mejores, ni por el contrario peores, sino porque nuestras condiciones han sido muy particulares a base de su plan para alejarnos de todo acceso a las nuevas tecnologías, al «desarrollo», al capitalismo digital, a la internet de las cosas… Habrá que agradecerles que no seamos consumidores compulsivos en el imperio de las mercancías, seres pasivos ajenos a la política.

Este aislamiento al que nos ha sometido el bloqueo estadounidense, con énfasis después del derrumbe del Campo Socialista, ha contribuido —inconscientemente— a que esos ideales y raíces de lucha insurreccional no nos parezcan remotos o extraños. A menor capitalismo, mayor presencia de lo autóctono, de la historia patria, de lo verdaderamente cubano.

Somos ciudadanos políticos y —¿por qué no?— politizados, y en nuestra conciencia está lo mejor de nuestras tradiciones insurrectas. Basta que nos amenacen con borrarnos del mapa para que todo esto que habita en nuestra subjetividad, en nuestro ADN, se active y se multiplique.

¡Qué falta de creatividad la de ese imperialismo yanqui! Sacaron del baúl de la Guerra Fría el fantasma del comunismo. Dicen que la moda es cíclica cuando faltan ideas originales y nuevas. Parece que es lo mismo que le pasa al binomio Trump-Marco Rubio: no saben qué inventar para rendirnos y por eso están reciclando viejos lemas.

En fin, ellos no nos entienden, nunca lo han hecho; no tienen esa capacidad. Por eso, para ayudarlos, nosotros les decimos: “No nos entendemos”.

Como dijo Fidel en similares condiciones de guerra en las que nos encontramos hoy: “Podremos ser un pueblo invadido, pero nunca vencido”. Cuba es Cuba y lo hemos demostrado durante toda nuestra existencia: ¡Aquí no se rinde nadie!.

Tomado de REDH-CUBA (Fuente: Cubadebate)

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