Lula cancela su viaje a Chile para la toma de posesión de Kast
Por Darío Pignotti
Desde Brasilia
De buenas a primeras, poco antes de embarcar con rumbo a Chile, donde estaba prevista su participación en la toma de posesión del ultraderechista José Antonio Kast, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva dejó sin efecto el viaje.
La noticia, que tomó por sorpresa al mundo político y diplomático de Brasilia, fue confirmada a través de fuentes gubernamentales consultadas por medios como Globo y la filial brasileña de la cadena estadounidense CNN.
Hace una semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores había anunciado, en nota oficial, la “Participación del presidente en la ceremonia del 11 de marzo en Valparaíso”.
El viaje al país andino no respondió a nadie. Fue visto como la continuidad del acercamiento entre Lula y Kast (conocido en Brasil desde hace siete años cuando viajó a saludar a Jair Bolsonaro, que a partir de entonces lo tiene entre sus aliados preferidos) poco menos de dos meses en Panamá, al margen de una cumbre regional de mandatarios mayoritariamente conservadores y empresarios.
Después de más de una hora de conversación, el centroizquierdista Lula y el ultraderechista Kast acordaron volver a verse en marzo, en Chile, porque, según coincidieron, por encima de las diferencias ideológicas deben primar los intereses de Estado.
Además de participar en los eventos protocolares, estaba prevista una nueva conversación a solas de los líderes, notificó este martes el enviado del canal SBT a Chile.
Pistas
Dado que hasta el cierre de esta crónica el gobierno no explicó las razones que llevaron a la cancelación del vuelo Brasilia-Santiago, ese vacío de información oficial alimentó una usina de especulaciones, algo antojadizas.
En medio de tal abundancia de interpretaciones, existen algunos hechos objetivos que nos brindan pistas sobre los motivos reales detrás de este viaje que no fue.
En primer lugar, debe mencionarse la creciente preocupación del gobierno brasileño ante la ofensiva de los Estados Unidos para justificar operaciones similares a las del 3 de enero pasado en Venezuela bajo la pantalla de la lucha contra el “narcoterrorismo”.
Esa guerra de nuevo tipo fue escenificada a través del Escudo de las Américas presentado por Donald Trump el fin de semana pasado en el estado de Florida, donde estuvieron presentes mandatarios latinoamericanos en funciones y el electo Kast, junto a su futuro ministro de Defensa.
Horas después de finalizada la cumbre de Florida, ocurrió un hecho concreto, llevado a cabo por la administración Lula, que puede ayudarnos a entender el clima previo a su decisión de no embarcar hacia Santiago de Chile para verse con Kast.
En la noche del domingo, Lula encomendó al ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, que manifieste a su su colega estadounidense, Marco Rubio, el rechazo de Brasilia a la tesis en que se asocia el crimen organizado con el terrorismo y, por continuidad, se convierte a cualquier banda delictiva en una amenaza a la seguridad hemisférica.
Durante el llamado, Vieira propuso a su colega no avanzar en esa propuesta que podría acabar por encuadrar las bandas criminales Comando Vermelho, surgido en Río de Janeiro hace más de cincuenta años, y el Primer Comando de la Capital, aparecido en San Pablo tres décadas atrás.
Riesgo de invasión
La segunda señal concreta sobre la preocupación brasileña ante las amenazas estadounidenses agigantadas por el Escudo de las Américas, apoyado por el nuevo presidente Kast, la manifestó este lunes el propio Lula.
Por primera vez desde el ataque contra Venezuela, Lula afirmó durante la visita de un mandatario extranjero (el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa) a Brasilia, que es hora de que asuma su vulnerabilidad territorial y se prepare para enfrentar el problema.
“Aquí, en América del Sur, nos presentamos como una región de paz. Nadie tiene bomba nuclear; nuestros drones son para uso en la agricultura (….). Si no nos preparamos en el tema de la defensa, cualquier día alguien nos invaden”.
La preocupación sobre un hipotético desembarque norteamericano para dar combate al Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital ya había sido analizada por el presidente con los jefes de las Fuerzas Armadas, pero la alarma parece haber subido de tono recientemente.
Es en ese contexto, y considerando estos hechos concretos de los últimos días, que puede ser leída la decisión del presidente brasileño de dejar sin efecto su participación en las conmemoraciones de la llegada al poder de Kast.
No habría que descartar, entonces, que Lula haya preferido permanecer en Brasilia en lugar de ser parte de unos eventos donde sea defendido el Escudo de las Américas y, en última instancia, la coalición hemiférica de la ultraderecha.
A esto se suma la probable presencia en Chile del precandidato Flavio Bolsonaro, quien este lunes dijo, a través de una pregunta capciosa, no entender el empeño de Lula para proteger a los narcoterroristas, y se asoció a la propuesta de Trump, Kast y otros líderes derechistas de formar un escudo que los unifique.
La interpretación de Globo y CNN es que Lula quiso evitar vérselas cara a cara con Flavio, una conclusión que no surge de lo dicho por la mayoría de las fuentes del Planalto y el Palacio Itamaraty (Cancillería) sino de una óptica algo sesgada de los hechos.
A nadie escapa que esos dos medios, como la mayoría de las grandes cadenas informativas, apuestan por la victoria del heredero de la dinastía Bolsonaro sobre Lula, y esta inclinación los lleva a relatar un más imaginario que real temor del octogenario Lula al joven cuarentón senador de Río de Janeiro.
Injerencia
En tren de especulaciones, y a partir de lo que este diario averiguó en diálogos con miembros del oficialista Partido de los Trabajadores, lo que surge como más probable es que Lula desestimó viajar a Chile, ante el riesgo de quedar aislado entre colegas derechistas, y ser objeto de ataques detrás de los cuales está la influencia de Washington.
Sucede que, a pesar del deshielo entre Lula y Trump, firmado en setiembre pasado, el presidente republicano no habría desistido de su objetivo mayor, como es el de contar con un presidente de extrema derecha en Brasil: eso significa apostar por la victoria de Flavio Bolsonaro en los comicios de octubre, en los que el jefe petista buscará su cuarto mandato.
Trump y Lula saben que Flavio llegó a la precandidatura por descarte doble: primero por la imposibilidad de postularse de su padre, Jair Bolsonaro, preso en Brasilia donde purga una pena de 27 años por intento de golpe, y luego la defección de su hermano, el exdiputado Eduardo Bolsonaro, fuera de la carrera electoral debido a las causas judiciales que acumula por haber conspirado contra el gobierno y la justicia brasileñps desde los Estados Unidos, donde estableció una oficina de lobby para operar ante la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
Los movimientos del aspirante presidencial Flavio Bolsonaro sea en Chile o en su carrera hacia el Planalto, son previamente elaborados por su padre Jair desde una celda cómoda en el complejo penitenciario de Papuda, situado en la periferia de la capital federal.
En esa prisión, donde le da instrucciones cada semana a Flavio, Jair Bolsonaro espera recibir la semana próxima a un enviado de Donald Trump, el consejero “senior” sobre asuntos brasileños, Darren Beattie.
Se trata de un halcón, que sobresale por sus posiciones exageradas, incluso entre sus pares trumpistas. Beattie dijo que Bolsonaro fue víctima de la persecución de la justicia brasileña, a la que repudió por el juicio sobre un intento de golpe que para él no fue tal. Dichos que causaron la protesta del gobierno brasileño.
Su desembarco en Brasilia la semana próxima y su visita a Bolsonaro, si la Corte da su permiso, indican que la Casa Blanca puede estar dando el adiós a la entente con Lula, faltando siete meses para las elecciones.
Lula que acaba de dejar sin efecto el viaje a Chile para la toma de posesión del derechista Kast, tal vez repita el gesto y opte por no visitar a Trump, en un encuentro en Washington pactado meses atrás, el cual debería ocurrir a fines de marzo o principio de abril.
Tomado de Página 12 / Foto: EFE

