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Gaza: Inaceptable, insostenible e imperdonable

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La Franja de Gaza es una estrecha y alargada porción de tierra de apenas 360 kilómetros cuadrados (casi la mitad de La Habana), cuyo control ha estado en disputa desde hace siglos. Comparte 51 kilómetros de frontera con el suroeste de Israel, 11 km con el noreste de la península del Sinaí, de Egipto, y 40 km de costa con el mar Mediterráneo donde, desde hace décadas, los gazatíes no pueden navegar ni pescar sin ser tiroteados por la marina israelita.

En esa porción de tierra viven unos 2, 4 millones de personas sometidas a un sistema de apartheid. Más del 62 % de ellos llegaron allí huyendo, son refugiados palestinos, herencia de un conflicto ancestral que los últimos 75 años se ha intensificado de manera inaceptable, insostenible e imperdonable.

Según datos de Naciones Unidas anteriores al 7 de octubre, más del 80 % de la población de Gaza dependía de la ayuda internacional y cerca de un millón de personas requería asistencia alimentaria diaria debido al bloqueo impuesto por Israel desde el 2007. Hoy la situación es mucho peor, pues la potencia ocupante les ha privado, además, de agua, electricidad y combustible.

Lo que algunos han querido presentar como una guerra entre Hamás (controla política y administrativamente la Franja, pero tiene un poderío militar inferior al de su enemigo), e Israel (negado a reconocer el derecho a Palestina a existir como Estado independiente y soberano) se ha convertido en un genocidio. Son lacerantes las imágenes de cadáveres esparcidos por doquier; de hospitales, escuelas y mezquitas destruidos; y del desamparo que muestran los rostros de quienes, por ahora, han conseguido sobrevivir.

Las acciones diplomáticas para detener la masacre no han prosperado, por el contrario, Israel persiste en invadir Gaza mientras las fuerzas de Hezbolá, en el Líbano, amenazan con expandir la guerra si no se detiene el castigo a los civiles palestinos.

El sábado hubo una Cumbre de la Paz en Egipto. Reunió a 34 países y organismos internacionales. Israel, y su cómplice, EE. UU., no participaron. Tampoco Irán, solidario con la causa palestina y un actor a tomar en cuenta en la región.

Las Naciones Unidas, cuya razón de existir es gestionar y priorizar la paz, ha quedado expuesta una vez más por su incapacidad para hacer valer los principios de justicia refrendados en decenas de leyes y convenios internacionales.

El Consejo de Seguridad, por ejemplo, no ha conseguido aprobar una resolución que condene la escalada de violencia. Las iniciativas de alto al fuego y de pausa humanitaria, promovidas por Rusia y Brasil respectivamente, quedaron varadas frente al poder de veto de los poderosos. Sirva de aliento, no obstante, reconocer que la afrenta sí tuvo respuesta en esta ocasión: cuando la representante estadounidense Michelle Taylor intentó explicar las razones de su vergonzante voto, muchos de los diplomáticos se pusieron de pie y le dieron la espalda. Fue una tímida señal de protesta que la potencia mundial tendrá que tomar en cuenta.

Un reciente informe de Al-Jazeera, agencia catarí de noticias para la cual reportaban algunos de los 21 periodistas asesinados en Gaza en las últimas dos semanas, precisó que EE. UU. ha recurrido al veto más de 80 veces en los últimos 50 años y ha conseguido frustrar más de 50 resoluciones críticas a Israel en el Consejo de Seguridad.

La Organización Mundial de la Salud, el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo de Población de las Naciones Unidas han declarado, por su parte, que la situación humanitaria en Gaza era desesperada antes del ataque del pasado 7 de octubre y que ahora es catastrófica. Como víctima principal han identificado a la población infantil: “Los niños están muriendo a un ritmo alarmante, privados de su derecho a la protección, la alimentación, el agua y la atención médica”.

El sábado entró a Gaza, por el paso fronterizo de Rafah, al sur, un primer cargamento de ayuda humanitaria. Llegaron 20 camiones, aunque agencias de Naciones Unidas alertaron que necesitarían unos 100 camiones diarios. Lo entregado equivale al agua que consumen 22 mil refugiados en un día. La urgencia de hoy es para los más de 2 millones de gazatíes que sobreviven a la agresión.

Tomado de Trabajadores/ Foto de portada: Agencia Anadolu

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