DestacadasInternacionales

La obsolescencia de la ONU

Por Hedelberto López Blanch / Caricatura: Adán

Hace unos meses escribí un artículo sobre la obsolescencia programada, un pilar clave del capitalismo pues los fabricantes crean productos que caducan al tiempo para que los consumidores vuelvan a comprar otros más nuevos y eso es prácticamente lo que sucede con la ONU que después de 80 años necesita una remodelación pues ya está caducada. 

El ejemplo más real para confirmar esta reflexión fue la reciente votación del Consejo de Seguridad en la que 13 países acuñaron una Resolución que condena a Irán (dos abstenciones de Rusia y China) por ejercer sus plenos derechos de defenderse de otra sangrienta agresión por parte de Estados Unidos e Israel, mientras los culpables de semejante guerra no son ni tan siguiera mencionados.

Como se conoce, en el afán por destruir al gobierno de Teherán, para que Israel y Estados Unidos controlen toda la rica región del Medio Oriente, Tel Aviv y Washington lanzaron una agresión conjunta el sábado 28 de febrero, bombardearon la escuela primaria de niñas de Minab donde mataron a 165 alumnas y también asesinaron al líder supremo Ali Jamenei, parte de su familia y a altos cargos militares lo que representan actos de terrorismo de Estado y una flagrante violación de la soberanía iraní. 

Informaciones oficiales indican que los ataques contra Irán han causado la muerte de más de 1 400 civiles, cerca de 18 000 heridos. Asimismo, pérdida de 16 191 viviendas, 1 617 centros comerciales y de servicios, 77 instalaciones médicas y farmacéuticas, 65 escuelas e instituciones educativas, 16 edificios de la Media Luna Roja y varias instalaciones energéticas.

La magnitud y la naturaleza sistemática de los ataques califican claramente como crímenes de guerra y de lesa humanidad pero esa barbaridad fue ignorada por la Resolución 2817 de la ONU que se limitó solo a condenar las acciones defensivas de la República Islámica mientras a los que provocaron el conflicto ni se les señala en el texto.

La realidad es que la Organización de Naciones Unidas desde su fundación en 1945 y sobre todo en los últimos años se ha convertido en un organismo casi servil a los intereses de las potencias occidentales en detrimento de los países emergentes y del Sur global.

Estados Unidos por medio de fuertes amenazas y presiones, ha logrado que naciones miembros de la ONU lo apoyen, en un momento determinado, en sus guerras de rapiñas o invasiones contra países que no se han doblegado a su hegemonía como sucedió en Guatemala, República Dominica, Nicaragua, Irak, Siria, Libia o Afganistán, por citar unos pocos.

También impide que sus aliados puedan ser condenados como el caso de Israel, que ha cometido y comete el genocidio más grande del siglo XXI contra los palestinos.

Asimismo omite o ignora cualquier Resolución a favor de un país del Sur como Cuba a pesar de que la Asamblea General ha aprobado en 33 ocasiones y por abrumadora mayoría, levantar el criminal bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene contra la Isla desde hace 66 años.

Y muchos se preguntan ¿para qué sirve esa organización internacional si no puede dar solución a las demandas de las mayorías, ni puede impedir que sean masacrados y asesinados los palestinos por el régimen israelí con el apoyo militar, económico y político de Washington?

Estados Unidos, como país donde radica la sede de la ONU, se ha adjudicado el «derecho» de prohibir la entrada al país de jefes de Estado o de Gobiernos que no les son afines. 

Uno de esos casos fue el del presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez a quien el régimen del convicto presidente Donald Trump le ha prohibido otorgarle visa para entrar al país y hablar ante la Asamblea General.

Ante esa arbitraria medida, el mandatario cubano declaró que «lo que molesta a Estados Unidos de Cuba es la verdadera independencia, que no gobiernen aquí las transnacionales, que tengamos salud y educación gratis, que no pidamos permiso para condenar crímenes como el de Israel y Estados Unidos contra los palestinos».

Ante el secuestro de la ONU y de su Consejo de Seguridad por Estados Unidos apoyados por países desarrollados occidentales, la mayoría de los gobiernos y pueblos del planeta reclaman la imperiosa necesidad de reformar esa organización en búsqueda de una mayor imparcialidad sin ataduras de los más poderosos.  

Por eso, en este siglo XXI se hace más imperante una transformación del organismo internacional porque ha entrado en el período de obsolescencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *