Cuba no está sola; Miami sí lo está
Por Hedelberto López Blanch
El amor de la solidaridad se ha desbordado por todo el planeta para decirle a Cuba que no está sola después que el convicto presidente Donald Trump decretara un inhumano bloqueo petrolero contra la Isla para tratar de matar por hambre a sus habitantes y buscar un cambio de sistema en el país lo que no han podido lograr las diferentes administraciones que han pasado por la Casa Blanca.
Desde hace 67 años, pese a lanzar agresiones armadas, actos terroristas, intentos de atentados contra sus dirigentes y un enorme bloqueo económico, comercial y financiero, Washington no alcanzó sus objetivos y Cuba se ha mantenido como una enorme espina atravesada en su garganta.
En estas semanas, numerosos activistas procedentes de América Latina, Europa y Estados Unidos llegaron a La Habana trayendo toneladas de alimentos, medicinas, equipos médicos, paneles solares y sobre todo una carga enorme de energía, cariño, apoyo y solidaridad hacia un pueblo que sufre el despiadado e inhumano bloqueo yanqui.
Cuba ha sido una nación que se ha caracterizado desde el inicio de la Revolución por brindar una desinteresada solidaridad a más de un centenar de naciones del orbe donde ha llevado ayuda médica, educacional, técnica y hasta militar como fueron las epopeyas para liberar a países africanos del colonialismo y del sistema de apartheid.
El Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, encabezó el recibimiento a los integrantes del Convoy Nuestra América, iniciativa internacional de solidaridad con la Isla en medio del recrudecimiento del bloqueo.
En la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en La Habana, autoridades locales y más de 600 miembros del convoy patentizaron la solidaridad frente a los tambores de la guerra, las amenazas y agresiones de Estados Unidos.
Durante el encuentro, el coordinador de la Internacional Progresista y organizador del Convoy Nuestra América, el joven estadounidense David Adler, expresó: Ha sido el gran honor de mi vida haber propiciado esta oportunidad.
Sus palabras reflejaron el espíritu de una caravana que movilizó a representantes de 38 países, pertenecientes a más de 140 organizaciones sociales, políticas, culturales y solidarias, entre ellos diputados, jueces, embajadores, artistas, intelectuales y activistas de casi todos los continentes.
A lo largo de dos semanas se han sucedido el arribo a Cuba de delegaciones como los más de cien activistas, sindicalistas y cuatro eurodiputados de una red internacional que se extiende desde Italia hasta Marruecos, pasando por Francia, Suiza, Grecia y España.
Ellos trajeron un cargamento de esperanza valuado en medio millón de euros, compuesto por cinco toneladas de medicamentos e insumos médicos esenciales para un sistema sanitario que resiste el embate de la orden ejecutiva de Trump de cortar todos los envíos de combustible a la Isla.
Otros que llegaron, fueron los integrantes del Convoy Nuestra América que moviliza a personas de todo el orbe en solidaridad con la Isla de la Libertad y la esperanza como ellos mismo lo catalogaron.
Asimismo, llegó al puerto de La Habana el barco nombrado por sus tripulantes como Granma 2.0, en alusión al yate que en 1956 trajo desde México a los expedicionarios del Movimiento 26 de Julio. Con 14 toneladas de insumos médicos, era un nuevo símbolo de la solidaridad internacional.
Del muelle habanero, sus integrantes fueron hacia el Cardiocentro Pediátrico William Soler donde entregaron la preciada carga y compartieron con pacientes y personal de la salud.
Mientras estas misiones de amor se suceden en Cuba, los odiadores en Miami están desalentados porque no pueden reunir ni a una docena de contrarrevolucionarios en sus mítines, como ocurrió recientemente.
El pasado 20 de marzo varios de ellos viajaron de Florida a Washington para realizar un espectáculo frente a la embajada de Cuba en esa ciudad. Las fotos no mintieron, solo 11 individuos estuvieron presentes. Un enorme chasco.
Una reciente encuesta de YouGov, reveló que el 48 % de los ciudadanos estadounidenses no apoya el actual cerco petrolero impuesto por Trump y su secretario de Estado, el mitómano Marco Rubio, mientras solo 26 % lo apuntala.
Como afirmó recientemente el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, «los estadounidenses perciben el carácter inhumano y criminal de la medida, a diferencia de su gobierno y los halcones belicistas que lo administran».
Cuba no está sola; Miami si lo está.

