Comandante Ramiro; honrándolo en sus 94 y deseándole muchos más
Ante la ignominia de sus detractores que pretendieron hacerlo fallecer anticipadamente.
Otras anécdotas inéditas con el ‘frio rápido de Ramirito» (1ra. Parte).
*Por Noel Domínguez escritor y periodista de Prensa Latina y colaborador de Resumen Latinoamericano
En este texto ampliaré lo ya publicado en su anterior aniversario en las páginas de la revista Cuba Internacional y Resumen Latinoamericano.
Aquí, aludiré a esa desenfadada expresión que él manifestara públicamente en una de sus excepcionales entrevistas concedida a la periodista Arleen Rodríguez Derivet en la cual trató de explicar el origen de su afamada chaika (gorro de frío) durante su estancia como guerrillero en la Sierra Maestra y durante la invasión a occidente como segundo jefe de la Columna 8.
Esa fuerza victoriosa del Ejército Rebelde era dirigida por su inolvidable jefe y amigo, el Comandante Ernesto Guevara, el Che, a quien también describió como “un tipo chévere”.
Ahora intento contar otras vivencias anecdóticas sobre él, sin romper compartimentaciones ni secretividad, y lo más difícil, sin herir su rigurosidad de no sobresalir ni personificarse en el contexto de la epopeya de Cuba y su Revolución, y que le llevó incluso a rechazar entrevistas con la convicción de que para hablar de la Revolución estaba Fidel.
Por supuesto, lo volveré a hacer sin pedir permiso, porque de hacerlo ya tengo por sentado que sería negativa la respuesta.
Les añadiré la que al presente rememoré en este nuevo aniversario, manteniendo las ya expuestas.
Transcurría el 12 de julio del ya lejano 1997, y la nave de Cubana de Aviación que transportaba hacia Cuba los heroicos restos recuperados del Comandante Ernesto Guevara de la Serna, Che, tras casi 30 años de ardua labor de nuestros científicos y de otras naciones, entre ellas el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que trabajó arduamente hasta que el gobierno de Menem -el de las relaciones carnales con Estados Unidos- cortó los fondos de la investigación. Fue Fidel como siempre, desde esta Isla bloqueada, el que dijo que siguieran buscando hasta encontrar al Che y sus compañeros, con el apoyo siempre sin destacarse de Ramiro. Tarea gigantesca que se designó al Dr. Jorge González Pérez, que dirigió la búsqueda de los restos del Che. El destacado experto forense que dirigiera la búsqueda de los restos del Che Guevara y los guerrilleros en Bolivia, que se nos fue temprano, a los 72 años de edad. 13 noviembre 2024.
Ramiro, por sus méritos, tuvo el privilegio, como pocos combatientes de la Revolución Cubana, de participar en seis gestas históricas, dígase: la primera Marcha de las Antorchas en 1953, Asalto al cuartel Moncada, prisión, exilio en México, Desembarco del Granma e Invasión insurrecta de oriente a occidente, había sido justamente designado para dirigir el acompañamiento y custodia, desde la capital de Bolivia, aún gobernada por militares que enfrentaron la guerrilla guevarista, hasta Cuba, donde finalmente reposarían en el sitial de honor erigido en Santa Clara.
Se encontraba aún en la pista de nuestro principal aeropuerto, el José Martí, al frente de las solemnidades propias del momento de hacer descender los restos y describiéndole al Comandante en Jefe Fidel Castro y al General de Ejercito Raúl Castro los pormenores que debió afrontar.
Resaltaba entre ellos la insolente provocación a la que fue sometido por uno de los principales “gorilas” en la Paz, en el preciso momento en que oficiales del Regimiento de Ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias descendían el féretro con sus restos.
En esos momentos, con respeto pero sin disimulado desenfado, interrumpió el coloquial relato…, «me dispensan, pero están bajándolo
y tengo que continuar acompañándolo, después les termino de informar»…
Y sin esperar respuesta, partió raudo a los vehículos que aguardaban para el primer traslado hasta el mausoleo en la Plaza de la Revolución, dejando medio atónicos y sorprendidos al principal líder de la Revolución y al Segundo, quienes asintieron con la cabeza su cuasi obligado autorizo.

Parte 2
Las otras, anécdotas, dadas su vigencia y expresiones también de su peculiar personalidad, se incorporan textuales.
No recuerdo la fecha exacta, pero sí que transcurría el año 1981 y el escenario era el de la Jefatura de la Dirección de Tropas Especiales del Ministerio del Interior (MININT), ubicada muy próxima a la costa norte de la capital, donde se escenificaba un ejercicio anfibio con participación también de combatientes de las Tropas Guardafronteras sobre la intercepción y rescate de rehenes en una lancha rápida en altamar.
El ministro del Interior de Cuba, Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, dirigía esa operación ante sus invitados, el entonces Ministro del Interior de la hermana República Sandinista de Nicaragua, recién liberada de la tiranía somocista, comandante Tomás Borge Martínez, además de los también comandantes, Lenin Cerna y Walter Ferreti (Chombo), jefes de la Seguridad del Estado y de la Contrainteligencia de ese país, respectivamente.
Casi se estaban abordando las barcazas que servirían de puesto de mando en la observación de los ejercicios, cuando una extemporánea llamada telefónica procedente de Managua dirigida a Lenin Cerna, interrumpió la intensidad de los preparativos. Le comunicaban el nacimiento de su primer hijo en un hospital materno de la capital nicaragüense.
Algo aturdido y visiblemente nervioso, el primerizo confió al viejo amigo cubano que lo atendía, que pretendía hacer un brindis con el reconocido ron nica Flor de Caña, para lo cual había previsto llevar
una caja en el maletero del auto de protocolo que lo trasladaba, pero no se atrevía a ofrecerlo porque le habían dicho que el ministro cubano era un contumaz abstemio.
En eso se estaba cuando el intuitivo jefe guerrillero rebelde cubano, acostumbrado a las emboscadas, percibió se fraguaba algo sigiloso e indagó al respecto.
Tuvo como respuesta: «Comandante acaban de comunicarle a Lenin que su esposa le trajo al mundo una hermosa hijita y no se atreve a
ofrecer un brindis dado que usted no lo práctica y mucho menos ante el abordaje de lanchas en pleno ejercicio militar”.
El dirigente cubano, sin inmutarse, inquirió quedamente sobre la ausencia de bebidas alcohólicas en el lugar y al ser informado que el estrenado padre las portaba, raudo dispuso que las acarrearan de inmediato y de un gran sorbo absorbió hasta el fondo, de un solo golpe, el contenido del rústico vaso que le ofrecieron e increpó al homenajeado «¿Quién fue el que te desinformó sobre mi abstemia?».
Todos los presentes estaban ufanados con lo inédito de los acontecimientos que presenciaban por primera vez, y de inmediato ya algo eufórico, Tomás Borge, propuso un segundo brindis….
«Hasta aquí llegamos, esto es un brindis de excepción, volvamos a las barcazas…», espetó disintiendo el Héroe cubano.
¡¡Larga Vida Comandante!!
Así acostumbraba denominarlo el invencible Comandante en Jefe.
Fuente: Agencias

