Internacionales

Basulto: ¿Soy terrorista y qué? (III y final)

Los jefes del Pentágono no recomendaron los ataques militares a la Isla. “Dijeron que era una mala idea”…

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Para colmo del cinismo contrarrevolucionario, tras el desenlace fatal del legítimo y soberano derribo de dos aviones intrusos reincidentes de la banda terrorista Hermanos al Rescate y apenas meses después de consumada la provocación, José de Jesús Basulto y León se dispuso a obtener lucros del suceso y para ello armó con abogados prestos y buitres a litigar para demandar al Gobierno de Cuba, ante cortes estadounidenses, en pleno ejercicio de leyes ilegales extraterritoriales ajenas al derecho internacional, que convierte a cada administración de turno en gendarme mundial, para sancionar, imponer multas, aranceles, medidas coercitivas unilaterales, juzgar y sentenciar acorde con sus intereses cualquier litigio a dirimir.

El gestor visible de los sucesos narrados Basulto León, fue beneficiado con el otorgamiento de 1.7. millones de dólares de los fondos congelados cubanos en Estados Unidos, lo cual es ilegal, no se puede disponer de los activos inmovilizados, que deben estar en fideicomiso. Los jueces, permeados por la voluntad política hostil a Cuba, admitieron como aceptables los argumentos el terrorista arguyendo un supuesto stress como secuela de su participación en el derribo del cual salió ileso y con filmaciones de lo vivido.

Vale recordar la premeditación de la provocación en ciernes. En la mañana del sábado 24 de febrero de 1996, Hermanos al Rescate había solicitado autorización para volar en una ruta planificada y luego, contraviniendo todas las normas establecidas en los protocolos de la FAA, sus avionetas se enfilaron  hacia Cuba para ejecutar la provocación.

El supervisor del Control de Tránsito Aéreo (ATC) en el aeropuerto de La Habana estableció comunicación con su homólogo del ATC de Miami a fin de esclarecer cuál era la situación de esas aeronaves. La respuesta llegó ocho minutos después, quien estaba a cargo expresó: “Había consultado con el servicio de guardacostas de Estados Unidos, con otras personas, y no se tenía información alguna con respecto a ese vuelo”. Esa es otra prueba de que este fue un viaje deliberado.

También, ese día, el Departamento de Estado solicitó información a la torre de control del aeropuerto de Opalocka, para conocer si los aviones de Hermanos al Rescate habían salido o iban a salir y se requirió estar informado del movimiento de ese tránsito. Washington, siguió todos los movimientos del provocador, sus peligrosas intenciones, pero no hizo nada por impedirlo.

A los 10 y 12 minutos de la mañana, los radares cubanos detectaron tres medios aéreos desconocidos dentro de su territorio, mientras realizaban un recorrido paralelo a las costas cubanas en una amplia extensión. Aviones interceptores de la fuerza aérea cubana despegaron con la misión de persuadir a las aeronaves violadoras, una hora después los intrusos tomaron rumbo norte. Los provocadores aterrizaron en el mencionado, sin ser molestados por las autoridades estadounidenses ni advertidos del reclamo gubernamental.

El jefe provocador, hizo llamadas y volvió a solicitar permiso a la ATC de Miami para despegar, dieron de nuevo una ruta falsa, y no obstante el incidente mañanero del 24 de febrero, las alertas dadas directamente desde La Habana al controlador aéreo de Miami, el criminal recibió la autorización de vuelo. Estaban decididos a provocar, la fecha Patria, tenía para ellos un simbolismo, imaginaban, que ese día sería el inicio de una guerra entre Estados Unidos y Cuba.

Dos horas después del despegue en Miami, los radares cubanos detectaron, una vez más, a las tres naves avanzando hacia la Isla. A las 2:57 de la tarde, el controlador de vuelo del ATC de La Habana alertó a los pilotos intrusos que estaban penetrando en una zona militar exclusiva y activada. Ante la advertencia, Basulto responde: “Estamos conscientes del peligro cada vez que cruzamos el área al sur del paralelo 24, pero estamos dispuestos a hacerlo en nuestra condición de cubanos libres”.

A las 3 y 15 uno de los aviones enrumba hacia a La Habana, el otro sigue, en la zona de la playa Baracoa, al oeste de la capital cubana. Cuando los dos aviones se encontraban entre ocho y cinco millas de la costa fueron interceptados por dos aviones de la fuerza aérea cubana, los cuales les hacen varios pases y giros de advertencia para que desistan, les lanzan las bengalas de alerta.

Los violadores en franco desafío hacen caso omiso a los avisos y persisten en proseguir su ruta hacia la capital. Tras una última indicación rechazada por los intrusos, se toma la decisión legal, soberana, legítima y extrema de derribarlos.

Mientras, el jefe provocador vio a los aviones cubanos con sus giros de advertencia, “nos van a tirar”, dijo, le ordenó al copiloto Arnaldo Iglesias que tomara los mandos pues él iba a filmar el desenlace inminente de su aventura criminal. Regresa a Miami y espera la respuesta militar de la administración, ya el pretexto había sido logrado.

Horas después de la premeditada provocación, el presidente William Clinton se reunió al general John Shakikashvili, presidente de la Junta de jefes de estados mayores de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, con miembros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y funcionarios del Departamento de Estado, donde se ofrecieron varias opciones de castigo para responder a la legitima respuesta cubana, incluido un ataque con misiles Crucero y bombardeos aéreos a varios puntos seleccionados en el occidente de Cuba. Al día siguiente, domingo 25, el presidente reunió al Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca para evaluar la situación y tomar decisiones.

Los jefes del Pentágono no recomendaron los ataques militares a la Isla. “Dijeron que era una mala idea”, con esa explicación del entonces consejero de seguridad nacional, Anthony Lake, sumada también la posición del Departamento de Defensa, al valorar que en Cuba se tiene un elevado sentido de orgullo nacional, además de capacidad y preparación militar defensiva, con una posición geográfica a solo 90 millas, además de una emigración numerosa asentada en territorio estadounidense, que podía reaccionar ante los ataques, que de manera inevitable causarían destrucción y muerte en áreas densamente pobladas cubanas.

En Cuba, comenzaron a llegar alarmantes mensajes de los probables ataques y bombardeos. Los ataques de Estados Unidos contra Cuba han continuado en estas tres últimas décadas desde la referida provocación, el pueblo cubano con estoicismo ha sufrido los efectos de la oprobiosa y cruel Ley Helms Burton, ha sido una guerra económica generalizada, más que conflicto, superior a diferendo, es una permanente agresión unilateral, ahora se retoma la opción militar, que desde hace meses como terrorismo de Estado, mantiene en vilo a millones de cubanos.

Por añadidura, el sistema estadounidense aparenta fragilidad y con miedo inventado califica de “amenaza” para su seguridad nacional al más mínimo e inocuo asunto, ahora sin motivos ni razones sustentados se ha impuesto una cacería de brujas, que emula con la triste época de los años treinta, cuando estadounidenses fueron obligados a emigrar para evitar ser llevados a la hoguera de la “justicia” nacional, la cual como Santa Inquisición, estampaba de comunista a cualquiera.

Todo lo relacionado con Cuba es perseguido y sancionado, se aplica con todo rigor los artículos de la infame ley Helms-Burton; se persigue hasta el delirio a quienes hayan visitado Cuba; inmigrantes cubanos naturalizados o con residencia permanente son perseguidos y deportados; líneas e cruceros son multadas por haber utilizado años atrás muelles, que según el rasero imperial, fueron propiedad de ciudadanos estadounidenses setenta años atrás y expropiados con todo derecho por autoridades de la Isla y para inflamar más a las ya explosivas controversias entre los dos países, se prepara una bomba migratoria, que obligaría el retorno obligado de más de medio millón de emigrantes, sobre todo aquellos llegados por medio del llamado parol humanitario creado por Joseph Baiden, su predecesor demócrata.

Esta última medida en opinión de este escribidor, es irracional, generará conflictos con sus votantes de origen cubano, con vistas a las tambaleantes elecciones de medio término, erosionadas por la agresión a Irán, dilatada de manera deliberada para poder invocar estar en guerra Estados Unidos y así eliminar el desastre electoral vaticinado.   

Mientras, a sus 85, años el criminal disfruta de lo fraudulentamente obtenido con su provocación y sin ambages reconoce haber empleado la violencia para alcanzar sus propósitos provocadores. Es terrorista, pero su terrorista.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

 

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