La Casa Blanca con Trump, una arena de golpes bajos
Para su cumpleaños, el Presidente estadounidense se ha autorregalado un grotesco espectáculo
Por Juana Carrasco Martín.
Se ha levantado un octágono en los jardines de la Casa Blanca, «la jaula» o ring de las peleas de la UFC, le pusieron por nombre The Claw (La Garra). Una estructura de metal y malla que pesa 600 toneladas, tiene 47 metros de ancho y 28 de altura. Es más alta que la propia Casa Blanca.
Será el centro de un festejo costoso (60 millones de dólares), con 4 000 invitados que vitorearán a los 14 contendientes del cartel deportivo del Ultimate Fighting Championship, el rostro visible de las artes marciales mixtas modernas profesionales, la sangrienta competición donde casi todo se vale en combates de extrema violencia y donde corren los millones a raudales aun cuando comprometen la salud física y neurológica de quienes ponen el cuerpo en La Jaula.
Es un autorregalo apropiado que se da el presidente Donald Trump, porque entra en el equipo de los octogenarios este 14 de junio, y lo hace con el espectáculo de una estructura de poder empresarial, adecuado para esa exagerada necesidad de atención que forma parte de su personalidad, en la cual también destaca su propensión a ser el matón en este complejo barrio de las relaciones internacionales en el diverso planeta Tierra.
Habrá sangre en los jardines de la Casa Blanca durante la exhibición de golpes, agarres e intentos de sumisión de acuerdo con las especialidades en competencia que, al decir de algunos críticos, forman parte de «una industria edificada sobre la ignorancia del peleador».
Esa palabra, ignorancia, lleva a pensar en la percepción de quienes puedan creerle al mandatario de que la UFC asumirá «los gastos» de lo que presenta como una gran manera de inaugurar los festejos por el aniversario 250 de la independencia estadounidense. Le ha llamado UFC Freedom 250, y se ufanó ante el New York Post el jueves: «Son las personas más rudas que jamás conocerán».
Y en lo grotesco no puede faltar el secretario de Estado, Marco Rubio, quien firmó el jueves un acuerdo de colaboración con el jefe de la UFC, Dana White, para promover las artes marciales mixtas a nivel internacional. Negocio es negocio. No lo duden, así que no escatimó frases pinochescas: «De eso se trata el domingo, es un regalo para el pueblo estadounidense», dijo Rubio, y añadió que sería visto por «probablemente mil millones de personas en todo el mundo».
Algunos datos de interés sobre el copartícipe del engendro deportivo casablanquino. La UFC ha enfrentado demandas en los tribunales por parte de medio centenar de sus exluchadores —hombres y mujeres— por las secuelas y el trato explotador de sus facultades.
Uno de esos hombres sacrificados por la barbarie, Spencer Fisher —17 peleas y 12 años en la UFC—, describió en el legajo judicial: «Mientras peleaba para la UFC, sufrí muchas lesiones significativas, incluyendo manos rotas, hombro desgarrado, retina desgarrada, cuello fusionado, discos abultados; he tenido dos punciones espinales que muestran presencia de proteína Tau, indicador positivo de demencia. Temo haber sufrido lesión cerebral traumática (TBI) y notar síntomas comunes con TBI y CTE, incluyendo depresión, cambios de humor e irritabilidad. Este dinero sería verdaderamente transformador para mí», dijo en referencia a lo que reclaman por daños. Por supuesto, no es el único caso de quienes buscan ahora en buena medida poder pagar la atención médica que necesitan, incluso un techo y comida en la mesa.
Es casi obvio hacer un paralelismo entre el cuerpo desgastado y la depresión severa que sufren esos hombres y mujeres, con la actual situación en Estados Unidos provocada en buena parte por las decisiones del Presidente, cuyos lazos con Dana White, el ejecutivo de UFC, son estrechos. También hay desgarros, traumas, ansiedades y problemas para la ciudadanía de un país en el cual sus guerras, especialmente la que lleva a cabo contra Irán, proyectó el costo de vida para el estadounidense común.
Citemos a Dana White, en una entrevista con ESPN: «A estos tipos se les paga exactamente lo que se supone que se les debe pagar. Comen lo que matan». Él refuerza la condición de «negocio» de ese deporte y se rehúsa a negar que su crecimiento financiero se traduzca en una redistribución de los ingresos con los atletas.
El negocio de la UFC y Dana White, también el de Trump y su oportunista acólito, el Rubio, continúan viento en popa a puros golpes bajos, sin implicaciones por ahora. Anote: hay denuncias de que Trump habría comprado este año acciones por 50 000 dólares de TKO Group Holdings, la empresa matriz de la UFC.
Realmente, el Señor Presidente no tiene límites… aunque debieran ponérselos a un narcisista maligno que quiere hacer ver al mundo, también con el show del pancracio múltiple, que él tiene el poder y la fuerza para dominarlo.
La Garra será desmantelada concluido el encuentro en el octágono, efímera y despilfarradora vida que puede reproducirse en el cumpleañero y sus colaboradores.
Tomado de Juventud Rebelde / Foto de portada: Getty Images.

