Cuba

«Expectativas»

Por Marxlenin Valdés.

Leyendo algunas de las reacciones a las palabras del presidente —y Primer Secretario del PCC, que a nadie se le olvide—, me dio por pensar en las jornadas del triunfo de la Revolución.

Salvando las diferencias que seis décadas de intensa lucha y resistencia para sostener este proyecto socialista le han marcado al proceso cubano y a nosotros mismos, de pronto me salta a la vista hoy un rasgo similar al de aquellos días felices: las (múltiples) expectativas.

Lo que anunció Díaz-Canel fue apenas un esbozo de lo que debemos conocer con más detalles en breve. Sin embargo, al parecer fue suficiente para movilizar a ciertos grupos de la sociedad que se muestran ansiosos por expresar sus criterios y por ser escuchados.

Si son mayorías o solo una burbuja impulsada por la virtualidad algorítmica, ya se encargarán de constatarlo los que aplican encuestas y otros instrumentos sociológicos (de aquí y de allá). Por lo pronto, en lo que a mí respecta, solo los veo prevalecer en Facebook; en la vida real, la gente tiene cosas más urgentes de las que ocuparse.

Entre los que «casualmente» más «se me aparecen» por estos recodos digitales están:

Los que, desesperados, se entusiasman y piden se les reconozca «el mérito» de haber hablado primero sobre reformas (¿primeros que quién, que Adam Smith?); los que escribieron libros que tienen 30 años sobre «lo que había que hacer» hace 30 años (que según ellos sigue siendo lo mismo que tenemos que hacer 30 años después); los que, más comunistas que Lenin y más marxistas que Marx, echan manos a citas de ambos, pero, a la vez, muy poco dialécticos ellos anclan el viejo guion que dogmatiza al marxismo y al leninismo por igual; los que citan a Fidel para justificar decir luego cualquier cosa que atente contra la unidad que él siempre protegió; o los que en su vida habían citado a Fidel, pero se aprovechan del «cambiar todo lo que deba ser cambiado» para promover el capitalismo en Cuba y acabar con la Revolución (esta última hecha concepto del cual se saca el aforismo); los teóricos sin obra que se realizan gritando —igualmente en fb— «yo lo sabía», o «yo lo dije», pero no tienen nada sustancioso que agregar o hacer; los que se aprovechan de la grave coyuntura para deslizar un poco más las agendas neoliberales y entreguistas de sus amos a través de sus medios contrarrevolucionarios; los que usan esta encrucijada para ver si desprestigian al presidente, que está al pie del cañón dando la batalla, y los que manipulan sus palabras para construir igualmente distorsionada la opinión pública y afectar de paso al sistema político; o, los que, tratando de pasar la forma por esencia, hacen de la apariencia de Díaz-Canel «la noticia» (como si de haberse presentado «a lo Richard Gere» no hubiera sido también objeto de escarnio); los mercenarios, desperdigados generalmente entre todo lo anterior; los que creen que asistirán al entierro del «espectro del comunismo» en el Caribe y; —al fin— los preocupados por el futuro del socialismo en Cuba, los legítimos, los que no se quedarán de brazos cruzados ante la posibilidad de perder nuestro proyecto de justicia social ideado originalmente para los más humildes.

Expectativas, muchas. Expresadas todas con diferentes lenguajes y desde diferentes puntos de partida: ideológicos, clasistas, políticos y económicos.

La Revolución vive, muy a pesar de sus enterradores, en cada una de ellas, incluso en las que la nieguen. Hay voluntad colectiva y política para seguir haciendo de ella sinónimo de soberanía, libertad e independencia.

Cuando se derrumbó la URSS, Fidel sustituyó en el lenguaje cotidiano aquello de «la construcción del comunismo» por: «salvar las conquistas de la Revolución».

Cómo le llamaremos hoy ya veremos, lo más apremiante es poder desarrollar la conciencia necesaria para producir, entender y apropiarnos activamente —como en los 90– de las transformaciones económicas y sociales que se requieran para, en primer lugar, salvar al pueblo y a la Revolución.

Ser capaces —como en el 59– de aglutinar esas múltiples expectativas que se desprenden de una cotidianidad frenética, articulándolas en función de la defensa de la Patria (extremadamente amenazada por el imperio).

Para ello, el pueblo necesita seguirse reconociendo partícipe y protagonista del proyecto nacional que él mismo debe continuar sosteniendo, con todo y la «movilidad» que se avecina.
Como dijo DC el viernes: «nuestra respuesta tiene que ser la de la unidad».
El mundo entero nos está mirando.

Fuente: Perfil de Facebook de la autora.

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