El honor de tener a O-Sekoer en La Habana
Por Julieta García Ríos.
Es un privilegio para el gremio de humoristas gráficos cubanos, por estos días en que se realiza la 2da. Bienal Internacional de Humor Político, la presencia en La Habana del multipremiado caricaturista belga Luc Descheemaeker, mundialmente conocido como O-Sekoer.
Él mereció el gran premio de este evento en su primera edición —que tuvo lugar en 2024— y es el único de los tres miembros del jurado internacional que viajó hasta la Mayor de las Antillas en este 2026.
Luc, con el que dedeté conversó poco antes de que el ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, le entregara el trofeo que lo certifica como ganador de la 1ra. Bienal, llega a Cuba en circunstancias dramáticas: Estados Unidos amenaza con invadir militarmente el país, la corriente eléctrica y el transporte público escasean y los servicios básicos se ven afectados.
Sí, y todo ello se debe en gran medida a los caprichos de «los rubios» de enfrente, que han apostado desde enero pasado por un cerco energético que prohíbe la entrada de petróleo a la Isla y cada día imponen nuevas medidas, más inhumanas y asfixiantes.
Precisamente, el rubio presidente fue caricaturizado por el propio artista belga antes de que el magnate empresario llegara a la Casa Blanca en su primer mandato, en una obra un tanto visionaria y que muestra la silueta de Trump en el bigote del dictador Adolf Hitler.
La situación que vive la Mayor de las Antillas hoy no le es ajena a nuestro invitado. Él es un hombre bien informado. Desde la tranquilidad y el confort de su hogar, la prensa y hasta la televisión belga le han alertado de los serios problemas económicos de esta pequeña e insurgente isla caribeña, tierra de grandes caricaturistas como su buen amigo y anfitrión Arístides Hernández (Ares), quien da fe de que Luc es un excelente artista y una persona movida por grandes sentimientos de solidaridad, pues en los últimos diez años ha dedicado buena parte de su tiempo al trabajo humanitario en Bangladés.
Durante cuatro décadas, hasta este 2016 en que se jubiló, Luc fue profesor de Artes en el Colegio St. Jozef en Torhout, con alumnos de 12 a 18 años. Allí realizó un trabajo que él mismo describe como «de ensueño». Según comentó en entrevista que concediera al investigador y humorista cubano Pepe Pelayo, al enseñarles sus caricaturas de forma regular a sus estudiantes, fue que conoció su propio estilo, lo que le permitió evaluarse mejor.
Luc firma sus obras con el seudónimo O-Sekoer, que es una escritura fonética de la expresión francesa Au secours!, y que significa ayuda en español. Así debutó exitosamente en el año 1979 en el humor gráfico. De esa fecha a la actualidad ha merecido más de 390 premios, todos documentados en su currículo, y este dato lo ubica entre los humoristas gráficos más reconocidos internacionalmente. En más de una ocasión ha compartido el criterio de que expresar sus ideas a través de la gráfica lo hace sentirse totalmente libre frente a algunos poderes.
—Hablemos de Iceberg, la pieza ganadora en 2024…
—Es una obra que alude al retorno del nazismo. Es triste saber que, en estos momentos, en cualquier esquina de cualquier lugar del mundo, pueda estar creciendo la semilla del racismo y la discriminación de la Alemania de Hitler.


—¿Por qué, en medio de las circunstancias complejas de Cuba, aceptó la invitación de asistir al evento y pagarse su propio pasaje?
—Por qué no. Conozco muy bien al «embajador Ares» y es una garantía que él me dijera que viniera. Mi llegada a la Isla se retrasó en Madrid por trámites burocráticos, pero lo importante es que estoy aquí y me he sentido muy bien. Estoy seguro de que volveré y por más tiempo.
—¿Cómo es un día de trabajo cualquiera para usted?
—Cada mañana leo la prensa belga e internacional y busco cuáles son las principales problemáticas. Dibujo sobre los grandes conflictos del mundo. Trabajo cuatro horas diarias, de ocho de la mañana a 12 del mediodía.

—¿Cuáles han sido sus principales influencias artísticas?
—El pintor surrealista belga Renè Magritte, el estadounidense Andy Warhol y el gran Charles Chaplin. También en el cine encuentro inspiración. En la composición, el color, el movimiento y los símbolos algunas películas encuentro ideas que luego llevo a mis dibujos.
—Desde su vasta experiencia en diversos certámenes internacionales, ¿cómo evalúa el proceso de trabajo del jurado de esta 2da. Bienal, del cual ha formado parte?
—Tengo la percepción de que el tema de la convocatoria, el colonialismo cultural, ha sido algo complicado, y no muy bien entendido. Quizá por eso la participación no fue mayor. Solo se recibieron 359 obras de 118 autores, procedentes de 38 países.
«Debido a los diferentes husos horarios también hubo dificultad en la comunicación entre los miembros del jurado. Liza Donnelly estaba desde New York; Víctor Vélez (Chubasco), en México, y yo desde Bélgica. A veces era difícil intercambiar ideas aun cuando teníamos internet. La diferencia de horario influía mucho. Y a ello hay que sumarle que Adán, el presidente del jurado, e Ismael Lema, otro miembro cubano, en la mayoría de las ocasiones no tenían conexión acá en La Habana».
A Luc se le ha visto como un cubano más montado en triciclo para trasladarse de un lugar a otro. Él no deja de agradecer la cordial acogida que le han dado. En la inauguración de la exposición Tres países, tres visiones, que muestra su obra, junto a la del mexicano Chubasco y la estadounidense Donnelly, y que se exhibe por estos días en la Sala Villena de la Uneac, dijo sentirse honrado de estar en La Habana y conocer parte de nuestra cultura. Tras su vista a esta Isla de seguro seguirá pintando y denunciando, desde la agudeza y la hermosura de cada uno de sus trazos, las injusticias del mundo.
Nota: dedeté agradece la traducción del colega Ramiro Zardoya.
Fuente: Juventud Rebelde

