Arte danzario mexicano en Cuba

Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Una de las mejores presentaciones de arte folklórico que se han puesto en escena en Cuba, fue la realizada en la sala Avellaneda del Teatro Nacional por el conjunto de danzas  de México.

Elegancia, profesionalidad y virtuosidad se unieron para ofrecerle al numeroso público asistente una demostración digna de elogios.

Con motivo de la 30 Feria Internacional del Libro de La Habana, una amplia delegación de esa hermana nación viajó a la Isla del Caribe para presentarse en la Gala artística como país invitado de honor al magno evento.

Durante 70 años, el Ballet Foklórico de México se ha posicionado como el conjunto más emblemático de danza de esa nación y del mundo.

Con más de 30 millones de espectadores e innumerables reconocimientos, el legado artístico de Amalia Hernández (su creadora y estudiosa de las danzas tradicionales, música, costumbres y trajes típicos) permanece vigente entre los grandes públicos, no solo de su país, sino del orbe.

La gala inició con un acto escénico multilingüistico ejecutado por 13 niñas, niños y jóvenes, que mostró la diversidad cultural de México, en representación de la defensa y la visibilización de las lenguas tzotzil, misteco, otomí, yaqui y maya.

A continuación se sucedieron diferentes danzas como la de Los Matachines que se baila en la región norte del centro del país; los Sones Antiguos de Michoacán que en un breve mosaico comienza con la versión de jarabes de esa región, los cuales con sus similitudes de jota y zarabanda (españolas) reflejan los signos inconfundibles de su mestizaje.

La Tarima de Tuxtla, basada en las danzas originarias del estado de Guerrero puso de pie al público pues con increíble arte y colorido retumbaron el zapateado en la tarima, la alegría y el color de las almas de los guerreros y la picardía que se sugiere en los movimientos de las bailarinas.

Otras emocionantes interpretaciones danzarias fueron La Revolución, dedicada a las soldaderas o Adelitas; La Charreada que surgió de actividades ecuestres y ganaderas de las diferentes comunidades del país y declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

La Danza de los Viejitos con una exquisita puesta en escena, rememorando a que solo los chamanes eran los más sabios y más ancianos que podían ejecutar la danza en la que también se hace alusión a la burla hacia los españoles conquistadores y se vincula con la celebración de la Misa del Gallo o Vigilia de Navidad.

Y para concluir esa noche de Gala, apareció la Fiesta de Jalisco, tierra de los Charros, las Chinas y el Mariachi, símbolos de la identidad mexicana y herencia del mestizaje.

Todos los asistentes puestos de pie entonaron las bellas canciones que muchos de nuestros padres y abuelos solían poner en sus radios y cantar en cualquier escenario.

La amistad entre ambas naciones quedó sellada cuando se escucharon las notas de la Guantanamera y de varias famosas melodías mexicanas. Fue, en conclusiones, una hermosa y emocionante Gala de hermandad entre nuestros pueblos y gobiernos.

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

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