Ignacio Ramonet y su aporte sobre el rol que debe cumplir el periodismo

Nació en España, pero vive en París. En todos sus libros alerta sobre el rol que deberían cumplir los medios contra el imperio de la vigilancia del poder.

Periodista, semiólogo, crítico de cine, exdirector de Le Monde Diplomatique, en Ignacio Ramonet están compendiadas todas las características de un hombre en estado de perpetuo asombro. Respetado por sus pares, en sus libros se advierte, además de una mirada crítica e implacable, una fe en el hombre inequívocamente poética. La terrible realidad está allí, en el envés de su análisis, pero él la sobrevuela casi sin tocarla, la devela sin aludirla, a través de iluminaciones cautelosas. Y tras el espejismo de una libertad ilimitada, nos anticipa una nueva censura, menos visible y más eficaz.

Nació en Pontevedra, España, el 5 de mayo de 1943, hijo de republicanos que llegaron a Tánger huyendo del franquismo. Se doctoró en Semiología e Historia de la Cultura en Francia, y se especializó en Teoría de la Comunicación. Sostiene que nos hemos acostumbrado a utilizar el concepto de censura cuando se expresa en un contexto autocrático. Los demócratas saben que la censura existe cuando una autoridad política prohíbe un discurso. El funcionamiento democrático no permite ese tipo de censura, sin embargo, en el contexto actual también se producen formas de censura: si la censura precedente obraba por supresión de cosas, esta se va a producir por inundación, por acumulación, por exceso de información. En ese sentido, observa que está emergiendo un “darwinismo mediático” y que el poder que no sea capaz de adaptarse a la nueva realidad caerá más temprano que tarde.

Para Ramonet, la Guerra de Malvinas marcó un antes y un después. En la relación entre medios de comunicación y guerras, las islas señalaron un final en la medida que los británicos, en el momento de la guerra, pusieron a punto un dispositivo de relación con el universo mediático que resultó muy eficaz. El mismo consistió en reunir a todos los reporteros que iban a cubrir la guerra en un lugar alejado del frente propiamente dicho. Luego, alimentarlos hasta la saturación con informaciones de uno de los participantes, el Ejército británico; pero dándoles la impresión de que podían acceder a toda clase de datos. Eso hizo que no existiera el punto de vista del adversario. De igual modo, la información que circula abundantemente en una sociedad democrática es también una manera de ocultar la realidad: “Reclamar hoy más circulación de información masiva no es combatir por más democracia”. En realidad, esa información, que la mayoría de las veces está contaminada, no tiene mucho valor. Al lado de esa información con la que permanentemente machacan los medios, existe otra menos visible, con mucho valor agregado, que esencialmente sirve a dos sectores: al económico-financiero y científico-técnico. Por ese motivo, Ramonet advierte que estamos en un mundo con dos tipos de información.

En un reportaje, el intelectual afirmó: “Las redes sociales son el medio dominante hoy, como lo fueron en otras épocas la televisión, la radio o la prensa. Las redes son la expresión de una auténtica democratización de la comunicación que la revolución de internet ha permitido. Hoy, cualquier individuo en cualquier país, por un coste mínimo, con un teléfono inteligente posee la misma potencia de fuego comunicacional que, por ejemplo, la CNN (primer canal planetario y permanente de noticias) hace 35 años”. Por otro lado, nunca creyó en camarillas ni complots, sino en las estructuras, convencido de que al sistema mediático le interesa muy poco la censura tradicional, autocrática, porque cuanta más información se consuma más se gana; por lo tanto, su interés no está en controlarla, sino en multiplicar su circulación.

El escritor español afirma que el periodismo solo se erige como el cuarto poder cuando está al servicio de los débiles, cuando deviene en “la voz de los que no tienen voz”. Esa definición es válida cuando se piensa que frente a los poderes tradicionales, en un sistema democrático, el periodismo es el poder que está al servicio de aquellos que pueden ser avasallados por la soberbia de los otros tres poderes. En síntesis, explica este profesor de La Sorbona que “la misión denunciadora de los medios no funciona, porque lo primero que tendrían que denunciar es su propio poder”.

Feminismo y Peronismo

En la compilación de Estela Díaz, el peronismo y los feminismos se presentan disociados, pues incluso hay un imaginario que los ubica directamente como contradictorios. No obstante, la hipótesis del libro apunta a poner en cuestión ese sentido común para demostrar la existencia de prácticas tanto históricas como recientes.

Y que es parte de estas experiencias políticas la emergencia de los dos liderazgos femeninos más importantes de la historia política de nuestro país: Eva Duarte de Perón y Cristina Fernández de Kirchner.

 

Tomado de Diario Hoy.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: