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Los carniceros

Por René Vázquez Díaz*

Al mallorquín Valeriano Weyler, marqués de Tenerife y Grande de España, quien fue Capitán General de Cuba de 1896 a 1898, los cubanos le decían “El Carnicero”.

Weyler, con el fin de aplastar la insurrección contra el poder colonial español, encerró y bloqueó a la población civil cubana en lo que él llamó CAMPOS DE RECONCENTRACIÓN, de modo que nadie pudiese ayudar a los mambises.
EL CARNICERO marqués de Tenerife mató de inanición y enfermedades a 400 000 cubanos inocentes, y al fin se fue de Cuba sin haber ganado la guerra.

Aquel español hizo esencialmente lo mismo que EEUU ha hecho durante 70 años contra la población civil cubana: convertir la isla entera en un CAMPO DE RECONCENTRACIÓN weyleriano, con toda su población bloqueada hasta la muerte.

Mr. Trump y Mr. Rubio son los carniceros modernos.

El señor presidente Trump ha declarado que Mr. Rubio podría llegar a ser el Sr. Presidente de la República de Cuba.

Es bueno recordar que a los presidentes de aquella Cuba sometida y subyugada con la que sueña Mr. Rubio, los cubanos políticamente frustrados les ponían nombretes infamantes.

Al presidente Mario García Menocal (1913-1921), conservador, autoritario, antidemocrático y educado (como Rubio) en EEUU, le decían “El Mayoral”. Es decir, un inhumano capataz de esclavos.

El presidente Menocal había sido administrador de la American Sugar Refining Co y poseía dos centrales azucareros.

En los sainetes politiqueros de la época, la gente le cantaba un changüí injurioso que decía:
¡Tumba la caña, anda ligero!
Mira que viene El Mayoral
¡Sonando el cuero!

¿Qué nombrete le pondrán los cubanos a Marco Rubio?
En febrero de 1931, alguien puso una bomba en el Palacio Presidencial para asesinar al dictador Gerardo Machado. El dictador, tan apreciado por EEUU, tuvo suerte y se salvó. El culpable resultó ser un tal Valdés, un soldado que se parecía a Mr. Marco Rubio en una sola cosa: hablaba cumpulsivamente y todo el tiempo, sin dejar hablar a nadie más.

Los cubanos le pusieron “Cotorra Valdés”, un nombrete sobre el que Mr. Rubio debería meditar.
Ramón Grau San Martín fue presidente de Cuba dos veces. La primera duró 100 días, de 1933 a 1934, ya que EEUU, con toda su diplomacia injerencista, estaba en su contra mientras apoyaban conspirativamente a Fulgencio Batista y su poder en el ejército. La segunda vez, Grau fue presidente de 1944 a 1948, y entonces sí comprendió que debía obedecer a EEUU.

Grau tenía una consigna política que se parece a la verborrea de Marco Rubio: HABRÁ DULCES PARA TODOS, decía.

Su gobierno estuvo plagado de pobreza, delitos, entreguismo, corrupción y malversaciones al erario público, sin que hubiese DULCES PARA NADIE, más que para los monopolios estadounidenses.
Pero Grau San Martín se hacía llamar a sí mismo EL MESÍAS DE LA CUBANIDAD.

Viendo hoy a Marco Rubio cotorrear sin sustancia sobre una Cuba que desconoce, me entra la risa con la sospecha de que él mismo, secretamente cuando se mira en el espejo, lo que ve es una especie de MESÍAS GRINGO DE LA CUBANIDAD.

Ya veremos cómo le va con su añorada presidencia.

(*) Escritor y traductor cubano residente en Suecia. Autor de varias novelas y poemarios.

Tomado de perfil de Facebook del autor.

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