CubaDestacadas

Laboratorio de guerra cognitiva contra Cuba: Ocho evidencias empíricas

Por: Observatorio de Medios de Cubadebate

Más de una vez, el presidente Miguel Díaz-Canel ha denunciado la existencia de lo que ha llamado “laboratorios ideológicos” o “laboratorios mediáticos” vinculados a la Florida, dedicados a intervenir sobre la realidad cubana desde el espacio digital. Ya en 2020 advertía que detrás de la ofensiva comunicacional contra Cuba había “laboratorios ideológicos” que aprovechaban los nuevos terrenos de operación virtual y mediática para la manipulación y el debilitamiento ideológico.

Durante los hechos del 11 de julio de 2021 volvió sobre esa idea al denunciar una combinación de laboratorios mediáticos, contenidos fabricados y publicaciones generadas desde el exterior para producir una determinada percepción de caos y favorecer demandas de “intervención humanitaria”.

Hasta ahora, la caracterización ha funcionado fundamentalmente como una denuncia política. Lo que intentamos en esta investigación es someterla a prueba mediante el análisis empírico. La pregunta ya no es solamente si existen medios y operadores digitales hostiles al gobierno cubano radicados en Florida, algo fácilmente constatable, sino cuáles son los mecanismos de funcionamiento de un laboratorio y si se pueden aplicar a este caso.

Para ello, seguiremos una ruta metodológica utilizada en investigaciones sobre operaciones de influencia y guerra cognitiva, orientada a identificar si existe una combinación persistente de indicadores compatibles con este tipo de intervención.

En concreto, analizaremos si se observa:

    1. especialización sobre una organización o país (en este caso, Cuba),
    2. selección sistemática de acontecimientos negativos,
    3. concentración de agenda,
    4. elevada frecuencia de publicación,
    5. resignificación de información originada en la organización o país blanco de ataque,
    6. sincronización entre actores,
    7. amplificación en cascada y
    8. asociación persistente de determinados temas con emociones como ira, miedo, alarma, burla o desesperanza.

¿Qué convierte a este ecosistema de la Florida en un objeto de estudio de guerra cognitiva?

La conceptualización utilizada por la OTAN resulta útil para fijar un criterio analítico, con independencia de quién ejecute la operación. Allied Command Transformation define la guerra cognitiva como actividades orientadas a afectar actitudes y comportamientos mediante la influencia o disrupción de la cognición individual y colectiva. En otra formulación de NATO Review, “la mente humana se convierte en el campo de batalla”: el objetivo no es únicamente modificar lo que las personas piensan, sino cómo interpretan y cómo actúan.

Esta definición tiene una consecuencia metodológica importante: no hace falta que la información sea falsa para producir un efecto cognitivo.

Según la OTAN, una campaña puede trabajar con hechos verdaderos seleccionados, filtrados y emocionalizados; puede explotar sesgos de confirmación (la tendencia a buscar, aceptar y recordar datos que apoyan lo que ya pensamos), recencia (la tendencia a recordar mejor la información final de una lista) y prueba social (imitar lo que hacen otros). También, puede utilizar la velocidad de las redes para favorecer respuestas reflejas antes que interpretaciones complejas.

No es un fenómeno exclusivamente cubano

La literatura sobre propaganda computacional ofrece precedentes comparables. En Brasil, investigaciones académicas han reconstruido el llamado “Gabinete do Ódio” u “Office of Hatred”, una estructura distribuida que combinó personas, redes, blogs, Facebook, YouTube, Twitter y WhatsApp para defender al bolsonarismo y atacar a adversarios políticos. Un estudio publicado en Social Media + Society describe su evolución desde campañas electorales hasta una operación de propaganda computacional vinculada al aparato gubernamental. Otros trabajos sobre WhatsApp han identificado prácticas de astroturfing, una estrategia que presenta como espontánea y surgida de la ciudadanía una movilización que, en realidad, ha sido planificada, impulsada o amplificada por redes organizadas de influencia y coordinación política.

El paralelo no debe utilizarse para afirmar que ambos casos son idénticos. Sirve para mostrar algo más importante: la literatura ya ha documentado ecosistemas descentralizados en los que medios, influencers, operadores políticos, cuentas personales y plataformas cumplen funciones distintas dentro de una misma cadena de influencia.

1. Especialización

La base analizada reúne 406.713 menciones entre mayo y agosto de 2026. El 51,0% está etiquetado como negativo; 15,2% como neutral; 8,9% como positivo y 25,0% sin sentimiento. Pero el dato decisivo no es solo la negatividad general, sino su arquitectura temática.

La narrativa de “régimen, represión y cambio político” concentra el 40,4% de la conversación y la de “crisis socioeconómica y colapso interno”, el 29,5%. Juntas suman el 69,9% de todas las menciones. La primera se asocia principalmente con indignación e ira; la segunda, con miedo y alarma.

El principal destinatario discursivo de la muestra es el Gobierno cubano, el PCC y su liderazgo, con el 43,4%.

Figura 1. Distribución de narrativas en la muestra mayo–agosto de 2026.

Esta concentración es esencial en este objeto de investigación, porque la guerra cognitiva necesita reducir una realidad compleja a asociaciones simples y recurrentes.

Si una parte sustancial del flujo informativo termina llevando al usuario a dos equivalencias (“Cuba = régimen/represión” y “Cuba = crisis/colapso”) la frecuencia deja de ser un elemento meramente editorial y se convierte en una propiedad cognitiva del mensaje que se intenta trasladar, como argumentan los estrategas de la OTAN.

2. La negatividad no se distribuye al azar

El encuadre de «régimen, represión y cambio político» contiene 71,6% de menciones negativas, muy por encima de la media general. Crisis socioeconómica registra 44,1%; diplomacia y alineamientos internacionales, 44,0%; y amenaza/confrontación militar, 38,9%.

Figura 2. Porcentaje negativo dentro de las principales narrativas.

El hallazgo se vuelve más significativo al observar la geografía.

Los registros que mencionan explícitamente Florida, Miami u otra localización floridana en la muestra analizada tienen un por ciento de negatividad del 64,8%. Pero cuando se filtran directamente los autores de la Florida por su dirección de origen, aparecen 25.715 menciones, de ellas 22.291 negativas u hostiles hacia el gobierno cubano. La tasa negativa alcanza 86,7% y concentra 10,7% de toda la negatividad de la muestra.

Figura 3. Comparación de negatividad.

3. Un pequeño grupo amplificador

Los actores estudiados no necesitan representar la mayoría de las menciones para intervenir en la agenda. El conjunto de la Florida aporta el 6,3% del volumen de menciones en Internet, pero acumula alrededor de 1,58 mil millones de Reach potencial y 6,9 millones de interacciones. Reach no equivale a personas únicas: suma audiencias potenciales reportadas por las plataformas. Aun así, permite comparar la capacidad relativa de distribución.

Entre los nodos observados, CiberCuba registra 17.604 menciones; Diario de Cuba (su redacción está en España, pero recibe financiamiento de agencias estadounidenses), 1.467; Cubanos por el Mundo, 1.194; Mario Pentón, 1.187; Martí Noticias, 773; El Toque, 588; CubaNet, 498; La Tijera, 434; Mario Vallejo, 425; ADN Cuba, 325 y UHN Plus, 187.

Figura 4. Volumen de menciones de los principales actores del conjunto estudiado.

La distribución del Reach muestra otra dimensión. CiberCuba acumula aproximadamente 1,44 mil millones de audiencia potencial; Mario Pentón, 69 millones; Mario Vallejo, 31,7 millones; La Tijera, 10,7 millones; Cubanos por el Mundo, 8,4 millones; ADN Cuba, 7,4 millones y UHN Plus, 4,7 millones.

Estas cifras no solo expresan capacidad de difusión; muestran también cómo distintos tipos de actores ocupan posiciones complementarias dentro de un mismo circuito de amplificación. El alcance se multiplica porque el contenido no permanece en el formato ni en el emisor original, sino que circula, se adapta y adquiere nuevas funciones a medida que pasa de un nodo a otro.

Figura 5. Suma de Reach potencial. Escala logarítmica; no representa audiencia única.

La estructura se parece menos a un periódico y más a una cadena industrial de producción de sentido: el medio aporta legitimidad informativa; el influencer personaliza; el video acorta y emocionaliza; el meme simplifica; los comentarios producen prueba social; y el algoritmo distribuye aquello que obtiene reacción.

4. La repetición masiva como presión cognitiva

El análisis preliminar detectó 6.032 clústeres de texto normalizado que aparecen al menos tres veces y en al menos dos autores diferentes. Algunos alcanzan miles de cuentas: un clúster aparece 4.183 veces y reúne 4.182 autores únicos; otro aparece 3.685 veces en 3.685 autores.

Figura 6. Resonancia y repetición detectadas mediante hashes de texto normalizado.

Los datos actuales prueban que existe capacidad de resonancia a escala industrial. Un número limitado de productores puede generar un volumen que las herramientas de escucha social registran como “conversación”, aunque una parte relevante sea retransmisión de las mismas unidades narrativas.

5. El lenguaje no solo informa

La arquitectura emocional es especialmente visible en el uso de emojis. La bandera cubana aparece 106.589 veces; la estadounidense, 46.712. Pero los signos más reveladores son los que convierten una publicación ordinaria en una alerta:
🚨:rotating_light: aparece 44.715 veces;
‼️:bangbang:, 35.701; :red_circle:, 22.012;
⚠️:warning:, 11.949.

A ello se añaden
🔥:fire: como intensificador de conflicto y
😂:joy: o 🤣:rolling_on_the_floor_laughing: como recursos de burla y deslegitimación.

Emoji Alias Función semiótica Frecuencia
🇨🇺 :cu: Marcador identitario y geográfico cubano 106.589
🇺🇸 :us: Marcador identitario y geográfico estadounidense 46.712
🚨 :rotating_light: Alarma y urgencia; convierte el contenido en una señal de “última hora” 44.715
‼️ :bangbang: Intensificación y llamada inmediata de atención 35.701
🔴 :red_circle: Marcador visual de alerta y encuadre 22.012
🔥 :fire: Intensificación, viralidad o conflicto 22.003
👇 :point_down: Señalamiento y direccionamiento de la atención 16.748
🇪🇸 :es: Marcador identitario y geográfico 14.411
⚠️ :warning: Peligro, advertencia y anticipación de riesgo 11.949
🤣 :rolling_on_the_floor_laughing: Burla, sarcasmo y deslegitimación 10.656
🔻 :small_red_triangle: Marcador visual y recurso de énfasis 10.501
😂 :joy: Burla o reacción jocosa; puede desplazar el contenido hacia la ridiculización 10.388

Tabla. Emojis y funciones semióticas más frecuentes en la conversación analizada sobre Cuba, mayo-agosto de 2026.

Los emojis funcionan aquí como puntuación ideológica y afectiva. La sirena dice “urgencia”; la advertencia dice “peligro”; la carcajada dice “esto merece desprecio”; la bandera fija identidad y antagonismo. La emoción se incorpora antes de que el usuario procese por completo el contenido.

6. La negatividad es estable

La negatividad alcanza 59,0% en mayo, 54,4% en junio y 52,9% en julio (se descartó agosto porque no ha concluido el mes). Aunque desciende, permanece por encima de la mitad de la muestra durante los tres meses completos. Además, los mayores picos diarios se concentran en fechas concretas —entre ellas, 20 de mayo, 4 de junio y 21 de julio—, lo que obliga a estudiar el fenómeno como sucesión de episodios de amplificación.

Figura 8. Evolución mensual del sentimiento etiquetado.

Esta persistencia convierte un acontecimiento coyuntural en una estructura permanente de ataque. La hipótesis de guerra cognitiva gana fuerza cuando el mismo patrón de deslegitimación y crisis reaparece de forma sostenida, atraviesa distintos acontecimientos y se conserva de un mes a otro.

7. Florida no es solo una localización

La relevancia de Florida no deriva únicamente de que una cuenta declare “Miami” en su biografía. Allí confluyen medios especializados en Cuba, influencers, organizaciones políticas de abierta hostilidad hacia el gobierno cubano y una infraestructura pública estadounidense creada expresamente para comunicar hacia la Isla.

El caso más inequívoco es la Office of Cuba Broadcasting (OCB), responsable de Radio y TV Martí. La propia USAGM identifica su sede en Miami y declara como misión proporcionar programación informativa a la población cubana. Su justificación presupuestaria para el año fiscal 2026 solicitó 14 millones de dólares para OCB; el proyecto de apropiaciones de la Cámara para 2026 planteó no menos de 40 millones para esa oficina, además de fondos para programación sobre Cuba. Estas cifras corresponden a documentos oficiales estadounidenses.

Además, existen organizaciones y medios que reconocen abiertamente haber recibido financiamiento de agencias u organizaciones estadounidenses vinculadas a programas para Cuba. CubaNet, por ejemplo, ha declarado apoyo de la National Endowment for Democracy (NED) y de USAID, además de donaciones privadas. La propia NED informó en 2026 que destinaba 6 millones de dólares a más de 40 organizaciones y programas relacionados con Cuba, entre ellos proyectos de información y medios.

Según el Reuters Institute de la Universidad de Oxford, el director de El Toque declaró que ha recibido dinero del Departamento de Estado de Estados Unidos;
la Embajada de Estados Unidos en La Habana y la NED. Otros actores han señalado también que reciben recursos de contribuyentes privados, que respaldan públicamente políticas de presión política y económica contra el Gobierno cubano.

En la agenda política, figuras como Marco Rubio y Donald Trump funcionan como productores de declaraciones de alto valor noticioso que son retomadas, comentadas y reencuadradas por este ecosistema. La existencia de una fuente política común crea una coordinación estructural de agenda: actores distintos reaccionan a los mismos emisores, compiten por las mismas audiencias y operan dentro de un campo político altamente alineado.

8. La resignificación parasitaria

La materia prima del ecosistema hostil procede mayoritariamente de la propia Cuba. Una nota institucional sobre una medida económica suele convertirse en “nueva medida en medio de la peor crisis”; una declaración oficial se transformar en “reacción indignada”; un dato sectorial termina presentado como evidencia del “fracaso del sistema”.

Se apropian de información generada por las propias instituciones cubanas y por usuarios de la red nacional, pero no la reproducen de manera neutral. La extraen de su contexto, seleccionan los fragmentos más útiles para una narrativa adversa y los insertan en un encuadre hostil. Una declaración, un dato económico, una imagen de la televisión o el testimonio de un ciudadano pueden conservar su apariencia factual, pero adquirir un significado político distinto mediante titulares, comentarios, cortes de video, adjetivos o asociaciones emocionales.

La noticia publicada el 12 de agosto de 2026 en el diario Granma que reseña la intervención del Primer Ministro en el I Coloquio Internacional «Fidel: legado y futuro» fue totalmente manipulada por Cibercuba.

En ese proceso, la reinterpretación suele convertirse en tergiversación: el contenido deja de explicar el hecho en sus propios términos y pasa a funcionar como prueba de “fracaso”, “caos”, “represión” o “colapso”. La paradoja es evidente: las instituciones y la propia red nacional cubana terminan suministrando, de manera involuntaria, la materia prima que luego es recortada, resignificada y devuelta a las audiencias como argumento contra el mismo sistema que la produjo.

Por tanto, se trata de un sistema parasitario. Al analizar la fuente de los principales nodos de amplificación tóxica de la Florida, se aprecia que el 76% de los contenidos provienen de medios y redes nacionales, y fueron resignificados o tergiversados.

Figura 9: A partir del estudio de los nodos principales, se estima que el 76 por ciento de los contenidos que publicaron provienen de fuentes nacionales. Es decir, fueron reutilizados (o tergiversados).

El referente factual permanece, pero cambia su función discursiva. La secuencia es:

HECHO →
SELECCIÓN →
EXTRACCIÓN →
DESCONTEXTUALIZACIÓN →
TITULARIZACIÓN →
EMOCIONALIZACIÓN →
INTERPRETACIÓN POLÍTICA →
CIRCULACIÓN SOCIAL

La base disponible permite observar con solidez la concentración temática, el sentimiento, la emoción, los actores y los patrones de repetición. El análisis de los contenidos muestra, además, una reutilización sistemática de información procedente de fuentes institucionales y audiencias cubanas, que es extraída de su contexto original y se le da un giro, muchas veces de 180 grados, para generar nuevos encuadres políticos y emocionales.

Esta práctica no se limita al texto. Una parte importante de la materia prima utilizada por este ecosistema procede de contenidos audiovisuales generados en Cuba, especialmente fragmentos de la Televisión Cubana, que son recortados, reeditados, subtitulados, comentados o incorporados a reels y videos de terceros para atribuirles un significado diferente al del material original.

Esa apropiación se realiza sin identificación suficiente de la fuente ni autorización del titular de los derechos, lo que plantea además vulneraciones de copyright y convierte la producción audiovisual del sistema de medios cubano en materia prima gratuita para un circuito político, eminentemente propagandístico, situado fuera de la Isla.

El resultado es particularmente paradójico: recursos empleados por Cuba para informar a su propia población terminan alimentando una cadena de resignificación que los devuelve a las plataformas sociales convertidos en argumentos contra las mismas instituciones que los produjeron.

¿Por qué llamarlo “laboratorio”?

La metáfora del «laboratorio» no depende de imaginar una habitación secreta en Miami. El laboratorio es distribuido y las propias plataformas proporcionan buena parte de su instrumental.

Su funcionamiento puede entenderse como una cadena cognitiva de experimentación y aprendizaje:

ESTÍMULO → EXPOSICIÓN → REACCIÓN → MÉTRICA → AJUSTE → NUEVO ESTÍMULO

Primero se convierte un acontecimiento en un estímulo: un titular, una imagen, un video o una frase, y se expone a la audiencia. La reacción queda inmediatamente registrada en forma de clics, comentarios, compartidos, tiempo de visualización o retención.

Esas métricas permiten saber qué formulaciones despiertan más atención y, especialmente, cuáles activan con mayor eficacia emociones como indignación, miedo, alarma o burla (ajuste). Los estímulos que funcionan se conservan, se imitan y se intensifican (nuevo estímulo); los que generan poca respuesta pierden visibilidad o son sustituidos.

Así, un titular que provoca indignación puede reproducirse con pequeñas variaciones; un fragmento de video que genera comentarios se transforma en reels y shorts; una palabra que consigue movilizar a la audiencia pasa a otros titulares; y un encuadre exitoso es adoptado por medios, influencers y cuentas personales.

El algoritmo introduce una segunda selección al conceder mayor circulación a los contenidos que producen señales intensas de interacción. Se forma así un bucle de retroalimentación: el ecosistema aprende de la reacción de la audiencia y la plataforma aprende qué contenido mantiene a esa audiencia conectada.

Por eso hablamos de laboratorio: no porque todos sus actores reciban necesariamente instrucciones desde un mismo centro, sino porque el entorno digital permite probar, medir, seleccionar, reproducir y perfeccionar continuamente los estímulos con mayor capacidad que la propaganda tradicional para intervenir sobre la percepción y las emociones de una población determinada.

Los estrategas de Cambridge Analytica resumieron esa lógica de forma brutalmente sencilla: los datos permiten decidir a quién hablar, cómo hacerlo, por qué canal y con qué mensaje. El salto respecto a la propaganda tradicional está precisamente ahí: la comunicación política deja de ser únicamente emisión y se convierte en un proceso continuo de prueba, medición, segmentación y optimización.

Lo que los datos demuestran

Indicador Resultado Fuerza probatoria
Concentración de agenda 69,9% en dos marcos Alta
Arquitectura emocional Ira + miedo dominantes Alta
Negatividad Florida explícita 64,8% Alta
Amplificación/repetición 6.032 clústeres Alta
Coordinación central Obedecen a una misma agenda Alta
Resignificación de fuentes cubanas 76% Alta
Financiamiento estatal Demostrado en OCB/Martí y otros Los principales nodos reciben financiamiento directo e indirecto

Conclusiones

La evidencia disponible permite sostener la existencia de un laboratorio de guerra cognitiva que opera desde la Florida e impacta en la esfera pública cubana. Existe una ecología de actores estadounidenses especializados en temas cubanos, que manifiestan alta capacidad de producción y distribución de mensajes con una elevada negatividad, encuadres recurrentes, emocionalización y cascadas masivas de repetición.

Dos narrativas hostiles al gobierno cubano concentran siete de cada diez menciones; la deslegitimación política alcanza 71,6% de negatividad; el subconjunto geográficamente observable de Florida es más negativo que la muestra general; actores vinculados a ese ecosistema acumulan millones de interacciones y un Reach potencial extraordinario; 6.032 clústeres muestran repetición entre autores; y la semiótica de alarma, urgencia, conflicto y burla aparece incorporada al formato cotidiano.

Según los autores de referencia y, en particular, los marcos desarrollados en el ámbito de la OTAN, estos indicadores son fundamentales para identificar operaciones de guerra cognitiva. En el entorno digital, esta no necesita adoptar la forma de una dirección centralizada. Actores distintos comparten fuentes, objetivos, audiencias y encuadres; las plataformas tienden a amplificar los estímulos que generan mayor atención e interacción; y los productores ajustan en tiempo real sus mensajes a partir de las respuestas de la audiencia.

La coordinación es estructural y algorítmica. El resultado es un sistema de influencia o laboratorio, capaz de aprender qué contenidos, emociones y formatos tienen mayor eficacia para intervenir sobre la percepción pública.

Metodología

Se analizaron 406.713 menciones recuperadas mediante escucha social correspondientes a mayo, junio,  julio y agosto de 2026 (en este mes se obtuvieron menciones del 1 al 16 de agosto). La taxonomía se calibró inicialmente sobre 500 menciones y se extendió a toda la muestra mediante codificación léxico-semántica de los títulos, las etiquetas y los textos que aparecen en cada mención. Se estudió la evidencia empírica, sustentada en datos observables, medibles y analizables: menciones, sentimiento, narrativas, frecuencia, Reach, interacciones, actores, temporalidad, geografía disponible, emojis y repetición de textos normalizados.

Tomado de Cubadebate

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *