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José Martí y Fidel vuelven al centro de la batalla cultural: soberanía y justicia frente al fascismo

A propósito del intento de cancelación del busto del líder de la Independencia en Láncara.

Por David Rodríguez Fernández / Cubainformación.

El 13 de agosto de 2026, como parte de una jornada dedicada al Centenario de Fidel, se develó un busto del Héroe Nacional José Martí, donado por la Asociación de Amistad y Solidaridad Láncara-Cuba, que se ubicó en la Casa Museo de Ángel Castro (Láncara, Lugo), convertida también en el Centro de Interpretación de la Emigración Gallega. En un acto con presencia de centenares de personas, representantes públicos y de organizaciones solidarias, el embajador de Cuba, Marcelino Medina, subrayó la influencia de José Martí en el pensamiento de Fidel Castro y en la Revolución Cubana, calificándolo como «la fuente ética y política» de la misma, dándole una mayor integralidad al espacio de memoria.

A los pocos días, el alcalde de Láncara, Darío Antonio Piñeiro López, del PSOE, amenazó con retirar un busto de José Martí que se develó hace años en A Pobra de San Xiao si las autoridades cubanas no retiran el nuevo busto, trasladando incluso el tema a un pleno municipal para vestir de supuesta legitimidad democrática esta decisión unilateral y contraria al sentir mayoritario. El argumento que utiliza Piñeiro para esta afrenta diplomática bien lo podría firmar el PP o VOX: dice que el busto de Martí es una provocación y califica el monumento como un insulto que recuerda viejas guerras, y por tanto genera discordia entre la población. Sin ningún fundamento ni rigor histórico que la sostenga, esta decisión no es más que una rendición ideológica en toda regla ante la acometida fascista que forma parte de la guerra cultural, mediática, económica y política que sufre Cuba por parte del imperialismo de EEUU y sus representantes peninsulares, quienes parecen dolidos en su orgullo patrio y su nostalgia colonial desde que la Independencia de los pueblos del sur truncó tras siglos de explotación.

José Martí fue un hombre de letras, un poeta, un pensador y un político que luchó por la independencia de su tierra natal, pero que siempre mantuvo un profundo amor y respeto por la cultura y el pueblo español. Nacido en Cuba, de padre valenciano y madre canaria, Martí vivió en varias ciudades españolas, estudió en Madrid y Zaragoza donde se graduó y donde forjó gran parte de su pensamiento liberal y republicano. Su obra es parte fundamental del patrimonio literario hispanoamericano y español, pionero del modernismo literario en la península y en Europa que ha influido a poetas y escritores de varias generaciones.

Martí nos enseñó que «patria es humanidad», un principio que trasciende fronteras y nos invita a la hermandad entre todos los pueblos. En un momento en el que necesitamos tender puentes frente a las tentaciones de revivir el fascismo que asoló nuestro continente, este tipo de declaraciones y acciones para cancelar a José Martí y a Cuba solo sirven para abrir dar espacios a la violencia y al extremismo excluyente.

La figura de José Martí cuenta con un amplio y respetado reconocimiento en toda España. Existen numerosos bustos, placas y monumentos dedicados a su memoria en ciudades como Valencia, Madrid, Santiago de Compostela, Sevilla, Cádiz y Vigo. La Universidad de Santiago de Compostela, el Ayuntamiento de Madrid y otras muchas instituciones han honrado su legado, demostrando que la sociedad española valora al intelectual, al poeta y al defensor de la libertad y la soberanía nacional por encima de cualquier otra consideración. En este sentido, existen dos Cátedras José Martí en las universidades de Zaragoza y de Sevilla, y la propia placa en la calle Desengaño de Madrid donde residió Martí, lo reconoce como «Héroe Nacional de Cuba». Por su parte, a lo largo de la amplia geografía distintas organizaciones e instituciones realizan homenajes y actividades para homenajear y mantener su legado presente en torno a la fecha del 28 de enero, día del nacimiento del Apóstol de Cuba.

Este capítulo gallego es el reflejo de una batalla cultural mucho más profunda que sufre la isla y el pensamiento progresista en general, y especialmente el antiimperialista y anticapitalista en particular, en estos tiempos oscuros de fascismo en el siglo XXI. Y no es casual que se produzca en el año del Centenario de Fidel, en el contexto del mayor asedio por parte del imperialismo con un bloqueo económico y energético y con una política de cancelación simbólica de la utopía revolucionaria cubana a través de medios de comunicación y espacios políticos en manos de la derecha y la extrema derecha.

Este hecho, que todavía sigue en debate, ha suscitado múltiples quejas y denuncias por parte de la sociedad civil por tratarse de una lectura sesgada, incompleta y profundamente injusta, y exigen respeto a la figura del Apóstol y líder de la Independencia de Cuba por su dimensión histórica y el legado universal que trasciende fronteras, así como por sus raíces y vínculos con España, a pesar del diferendo histórico marcado por la etapa colonial española y las luchas por la independencia cubana.

Honrar a Martí y a Fidel es defender una corriente de pensamiento que busca la justicia social y la soberanía de los pueblos. Su pensamiento ilumina el camino hacia la hermandad y la solidaridad. Y frenar estos ataques cometidos en el terreno simbólico (pero que acaban teniendo repercusiones en el mundo material) es clave para evitar agresiones mayores. Por eso mismo, acompañar a Cuba y corresponder con más y mejor solidaridad en todos los escenarios es un deber de los pueblos y de los gobiernos. Defender a Cuba es defender el derecho a la soberanía, es exigir y actuar para poner fin a los genocidios que padecen pueblos como el cubano y el palestino, es por tanto asumir los retos de nuestro tiempo para avanzar en el mejoramiento humano y de nuestro mundo.

Se trata, en definitiva, de un nuevo escenario de la guerra simbólica que enfrenta dos visiones, dos mundos opuestos entre Cuba y el Imperio, entre soberanía y colonialismo, entre pensamiento liberador y dominación cultural, esta vez con Martí y Fidel, por un lado, y las fuerzas reaccionarias, por otro lado, como protagonistas. No dejemos morir al Apóstol ni a Fidel.

Fuente: Cubainformación.

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