Internacionales

Dos eventos, dos causas

Por Favio Delfín Roca.
 
El mes de septiembre comenzó cargado de proyecciones geopolíticas, en esta sufrida región, al sur del límite fronterizo entre “DFE” (Desrepública Federal Estadounidense) y México.

Los días 3 y 4 de septiembre se celebró el quinto encuentro del “Foro de Madrid”, reunión de “pensadores” de la ultra derecha, convocados todos a la capital chilena. VOX, el grupo político de extremistas españoles, creó el tal Foro mediante la Fundación Disenso, especie de “tanque pensante” que, un 26 de octubre del 2020, oficializó la idea mediante una carta con un enunciado principal: denunciar y evitar la “amenaza comunista”, que según ellos se cernia sobre la denominada Iberoesfera, es decir sobre América Latina y su ex metrópoli.

Desde su creación, el Foro de Madrid se propuso organizar una red internacional para garantizar “la libertad, la soberanía nacional y el estado de derecho”, ante el empuje de lo que denominaron “regímenes de izquierda” que según los creadores, estos arrasarían con tan “sagrados derechos”.

Por tanto desde su misma creación, el Foro anunció que lucharían por algo, pero 25 años después, en la práctica, ahora las ultra derechas defienden todo lo contrario, ya sean las latinoamericanas, desde luego, la ultra “madre”, la trumpista y claro, la franquista, es decir la de VOX. No hay que ser un experto para concluir que los dichos en el 2020 eran eso, pura fanfarria para confundir.

Como se sabe, la gestión gubernamental de estas ultra derechas, desprecian la libertad, la soberanía de otros pueblos y mucho, muchísimo menos, respetan el estado de derecho. La administración Trump es sin dudas el resumen de esta verdad, con elevadas dosis de crueldad, porque reprimen a su propia gente, total, el encarcelamiento de personas es un negocio, recordar que las cárceles son privadas, lo de respeto a la soberanía ni hablar, ni la propia ni la de otros países, y aquello del estado de derecho, pues resulta innecesario exponer como la Casa Blanca está organizada en la práctica, para violarlo sistémicamente.

Volviendo al Foro de Madrid, la “sucursal” hispano hablante del trumpismo, vale la pena explorar las ideas centrales, que se promovieron en el coloquio organizado en Chile recientemente.

Pues sencillamente, estas “ideas” son las propias del credo nazy fascista del siglo XXI: énfasis en el orden, control ideológico, vaya, cero libertades de pensamiento, vigilancia masiva, con un estado cuasi policiaco, incluida la política que denominan de “represión preventiva”; también la ubicación del inmigrante como el “enemigo/culpable principal”. Y a propósito del estado de derecho, todos estos conceptos tributan a un debilitamiento de las instituciones democráticas “clásicas”, del sistema “democrático” burgués, reducido en la práctica a una fachada, de lo que fue, para no volver.

Haciendo honor a los propósitos fundacionales, los “foristas” reunidos en Chile, se convocaron una vez más para la “permanente batalla cultural”, que va dirigida no solo contra los valores tradicionales, sino sobre todo para elucubrar sobre las alternativas de cómo enfrentar la deriva del capitalismo contemporáneo, que revela su inocultable crisis estructural.

En esta guerra, no hay nada peor que un “comunista”, epíteto repetido como slogan para descalificar cualquier actitud, incluso valores que nada o poco tienen que ver con la política. Por tanto, se asume como el estado normal de las cosas, la exclusión/represión por razones de pensamiento diverso, que conlleva el incremento de una polarización social extrema. Así, todo adversario o disidente del pensamiento único oficialista, se convierte en un enemigo, desapareciendo el sentido del debate político, y la propia seguridad personal de los díscolos.

No es de extrañar entonces que, para el encuentro de Santiago de Chile del pasado 3 y 4, invitaran como expositor “estelar”, al vociferante mayor de estas tierras de Dios, el presidente argentino.

En rigor no tiene mucho sentido profundizar sobre los delirios propios de Milei; como siempre, se repitió y hasta se desdijo, un pequeño lapsus, señaló su prensa amiga; volvió sobre las virtudes del “mercado” y fiel al guion, alertó sobre los peligros de un regreso de los “izquierdistas
mugrosos” (sucios, según el lunfardo argentino). Y lo peor de lo peor: reivindicó a la dictadura de Pinochet, celebrando el golpe de estado, que sangrientamente acabó con el gobierno del presidente mártir Salvador Allende, democráticamente electo, según todas las normas.

Unos cien mil chilenos le respondieron en las calles, en contundente manifestación, declarando persona no grata al argentino, algo que no hizo el gobierno nacional, y que además funcionó, para que este último entienda cuales son los límites de tolerancia, que la sociedad chilena tiene respecto al fascismo del siglo XXI.

En materia de asistencia y brillo o jerarquía, de los presentes al conclave de Chile, francamente quedó muy por debajo de las expectativas creadas por la propaganda previa a la reunion. Por EEUU enviaron a una funcionaria del Departamento de Estado, Sarah B. Rogers, subsecretaria de Estado para la diplomacia publica, especie de oficina de asuntos perdidos, de dicha institución. Para “vigilar” el comportamiento de la Roger, y quizás de todos los asistentes, se hizo presente Kevin Roberts de la afamada Heritage Foundation, conocida por elaborar el soporte programático (Proyecto 2025) de la administración Trump, quien probablemente se comportó como el vigilante de la “pureza ideológica” del evento.

Por la parte “hispana”, en la reunión participó uno de los lideres de VOX, su secretario general, un tal Ignacio Garriga, así como legisladores latinoamericanos, todos vinculados al oficialismo de sus países, como Norma Yarrow, secretaria general de Renovación Popular de Perú; Diana Jácome, de Acción Democrática Nacional, de Ecuador; y Enrique Gómez, del Movimiento de Salvación Nacional de Colombia.

Afortunadamente para los pueblos, y desde luego sin una relación directa a la reunión de los foristas, un día antes, el 2 de septiembre y ante un auditorio abarrotado en la UNAM de México, (a lo que se sumaron miles de espectadores en redes), el ex presidente Gustavo Petro impartió una conferencia, esta si, magistral, de contenido eventualmente filosófico, pero esencialmente política, que denominó “El capital en el siglo XXI: Economía política de la crisis climática”.

Petro abordó lo que en apariencia es un asunto del futuro, algunos hasta consideran que muy lejano, asociado al proceso de robotización de los procesos productivos; también habló del denominado tecnofascismo y de la manipulación electoral mediante el algoritmo. La alusión a ambos fenómenos, lo del tecnofascismo y lo del algoritmo, le otorgó a la charla un enfoque claramente actualizado, pero ojo, también lo de la robotización es super actual.

Son conocidas las denuncias del ex presidente colombiano sobre estos asuntos electorales, y las más recientes han abordado el cómo eventualmente se gestionaron alevosamente los procesos para elegir, a algunos de los mandatarios en varios países de la Región, algo que el destape del criminal Cerimedo, lo convirtió en cuasi evidencia irrebatible.

Sin embargo, lo que podría conectarlo todo, lo que le da sentido a muchas de las cosas que están ocurriendo, en casi todas partes, lo que lo asocia con la proliferación de fuerzas y gobiernos de ultra derecha, tiene una explicación que Petro abordó en su conferencia: el impacto de la robotización, asunto que hace tiempo salió de los filmes de ficción, y que proporcionalmente genera un serio problema: la proliferación de trabajadores “sobrantes”.

Claramente el sistema de dominación capitalista tiene, como su principal desafío y contradicción fundamental, la necesidad de seguir incorporando tecnologías, a más productividad y menos capital variable (mano de obra humana) más ganancia; así ha funcionado el capitalismo desde que existe, fácil de entender. Bajo esa lógica ineludible, surgen los “trabajadores sobrantes”.

Petro advierte que los denominados “sobrantes”, si bien no es algo nuevo, dígase el conocido ejercito laboral de reserva, en adelante será definitiva la pertenencia a ese conglomerado de personas,  porque los robots llegaron para quedarse. La colosal bronca social, con efectos acumulativos, implícita en este proceso, resulta una obviedad.

Y lo que parece algo para dentro de un siglo, ya ha sido visualizado también por los ideólogos del sistema; ya sea porque no hay que esperar tantos años para que el conflicto sea cotidiano, como porque a ojos vista, no existe una solución dentro del marco del propio capitalismo. Si algún estudioso del marxismo no entendía una de las leyes descubiertas por Marx, la referida a que el desarrollo de las fuerzas productivas empuja a un cambio radical de las relaciones de producción, pues ese momento ya tocas las puertas de la realidad.

Así que Petro, y no solo él, concluye que en algún momento a la población “sobrante” habrá que “regalarle” dinero, tanto para que no generen una sublevación cataclismica, como para que simplemente consuman, y siga teniendo lógica la rueda de la producción y otras leyes, coma la de oferta y demanda. Y aquí surge la “gran pregunta”: regalarle dinero a la gente, de forma masiva y constante (no se habla aquí de filantropía) a que se parece más, ¿al capitalismo o al socialismo/comunismo?

Esta situación tiene pronóstico de agravarse, y la opción del sistema es justo este fascismo del siglo XXI, que contiene supuestas soluciones como las que, resumidamente, se aludido cuando se habla de las “ideas” que defiende el Foro de Madrid y que destila represión por todos sus poros, para contener la rebeldía de “los sobrantes”.

Véase que por ahora empezaron por los inmigrantes, visualizados como los “trabajadores sobrantes más lógicos”, patrioterismo de ultra derecha mediante, que olímpicamente omite que el neoliberalismo globalizado es la fase actual del capitalismo, incluido la movilidad universal de la mano de obra disponible, y ¡si cobran menos, excelente!

Algo de razón tienen los foristas y hasta el canalla de Milei lo destaca: el mundo está en medio de una autentica batalla cultural, de mantener el sentido común, como lo ha sido hasta ahora, capitalismo dependiente, no importa cuan mal estén miles de millones de seres, o que a “golpe” de desarrollo de las fuerzas productivas, entonces ese sentido común termine modificándose, paso previo y revolucionario, para una sustitución del sistema por otro modelo, post capitalista.

Así que se convierte en obligación ineludible para la izquierda, la de verdad, la revolucionaria, hablar todos los días de este peligro existencial para el capitalismo, donde no parece tener espacio las medias tintas de corte socialdemócrata, o como quiera decírsele al intento de estar bien con dios y con el diablo.

De allí otro axioma, que cada vez se vuelve más urgente: la única respuesta posible al extremismo de derecha, es una izquierda consciente que no hay reconciliación posible. Bien dicen, con el fascismo no se puede debatir ni conversar, simplemente se le enfrenta.

Gran merito tienen Gustavo Petro, el que en su momento lucidamente en la ONU, proclamó que “no hay raza superior señores” que aunque referido a otro problema, los crímenes del sionismo, bien puede aplicarse a lo que aquí se habla sobre los “sobrantes”, poco a poco la inconmensurable mayoría de los seres humanos. Y tiene enorme utilidad, que un líder de la izquierda latinoamericana ponga sobre el tapete este asunto, en este momento.

El fascismo o tecnofascismo o como quiera que se le denomine, es la propuesta del mundo anterior, del pasado, del terror y la barbarie social, esto no puede ser el futuro. Lo que defienden los revolucionarios, los comunistas, con todas sus letras, es el futuro, el de la mayor distribución justa de la riqueza, asunto que parece bastante claro, pero que no suele entenderse plenamente.

Pasado aborrecible vs. Futuro civilizatorio, esa es la cuestión. ¡Gracias Petro!.

Tomado de Cubasí / Foto de portada: El País.

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