La lucha constante por la vida en Cuba
La historia de Diego, es también la de otros niños cubanos
Una lucha constante donde pacientes, familias y un ejército de batas blancas unen fuerzas contra un enemigo silencioso que pone en riesgo la vida de nuestros niños.
Entre 300 y 400 niños y adolescentes cubanos son diagnosticados cada año con cáncer. Detrás de cada cifra hay una historia, una familia y profesionales de la salud que libran una batalla diaria por la vida.
La historia de Diego, es también la de otros niños:
Diego tiene 15 años y está en pleno tratamiento de radioterapia. Su vida, y la de su madre Licet, gira en torno a cirugías, quimioterapias y radiaciones. Pero hoy enfrentan un enemigo silencioso: la falta de energía y combustible, una consecuencia directa de las sanciones y el bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos.
Los equipos que salvan la vida de Diego son de alto consumo eléctrico. Sin combustible, no hay electricidad. Sin electricidad, no hay tratamiento.
«¿Cómo no me va a preocupar la situación actual?», se pregunta Licet con el alma en un hilo. «Diego está en radiaciones, sin combustible, ¿de qué manera van a echar a andar esos equipos? Si me paran el hospital, ¿cómo voy a seguirle dando el tratamiento a Diego?»
El bloqueo no solo afecta a los pacientes. También son víctimas sus familias, quienes en reiteradas ocasiones viven la angustia y el efecto emocional de la incertidumbre provocada por estas carencias.
Diego no puede esperar. Ningún niño debería tener que luchar contra el cáncer y contra la falta de recursos al mismo tiempo.
Es injusto que también limite la vida de quienes apenas comienzan a vivirla.
Las salas de neonatología en Cuba también sufren el impacto del cerco energético: la vida de los recién nacidos más frágiles depende de un generador que debe activarse en menos de 10 segundos tras cada apagón.
Más del 95% del equipamiento (incubadoras, ventiladores, pesas) depende de una energía que nunca es segura.
El cerco energético atenta directamente contra la vida de los pacientes. Es cruel y genocida.
Fuente: Ministerio de Salud / Naturaleza Secreta.

