Un horrendo crimen, el pueblo enérgico y la injusticia tiembla (I)
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
El 6 de octubre se cumplirá medio siglo del derribo en pleno vuelo de un avión civil cubano en el Caribe, desde entonces, este acto terrorista y crimen impune, se evoca cada año por un pueblo enérgico, mientras la injusticia tiembla.
En 1972, Barbados, alcanzó su independencia del Reino Unido el 30 de noviembre de 1966, es una isla de las llamadas Antillas Menores en el Caribe, junto a Guyana, Jamaica, y Trinidad & Tobago se independizaron y establecieron relaciones plenas con la República de Cuba, fue un acto soberano que dio un espaldarazo para debilitar el aislamiento político-diplomático impuesto por decisión unilateral del Imperio. Hoy, este método es obsoleto, se intenta, pero ya no es posible aislar a Cuba, la solidaridad mundial lo frustra.
Este gesto colocó a esos países en la mira de los terroristas anticubanos, que comenzaron a fraguar agresiones contra estos. El establecimiento de las relaciones plenas trajo aparejado el incremento de la presencia de representaciones de Cuba en la región, embajadas, consulados, oficinas comerciales, empresas aéreas, agencias de turismo, todo esto molestó a los criminales residentes en Miami y a sus amos. El castigo era inminente.
El 3 de octubre de 1973 se inaugura la ruta La Habana-Bridgetown (Barbados)-Port of Spain (Trinidad & Tobago)-Georgetown (Islas Caimán), con un avión del modelo IL-18, soviético. También se inician los vuelos a Jamaica, Barbados, Guyana y Trinidad & Tobago
El 9 de agosto de 1974, llega a la Casa Blanca el republicano Gerald Rudolph Ford, quien beneficiado por escándalos políticos en Estados Unidos se convirtió de la noche a la mañana en presidente del país norteño, sin el respaldo de ningún votante.
Durante esta administración, que duró un poco más de dos años, fue el período más virulento que registra la historia de las agresiones contra representaciones de Cuba en diversos países. Los terroristas ejecutaron doscientos dos actos, agrediendo a veintitrés países, incluido Estados Unidos, en cuyo país los fanáticos emplearon el terror en ciento trece ocasiones contra entidades estadounidenses, Públicas y Privadas estadounidenses. Cada cinco días, como promedio, estalló una bomba, con su carga de pavor, daños humanos y materiales.
A principios de 1975 se iniciaron conversaciones secretas, en Nueva York, entre representantes de los Estados Unidos y de Cuba para buscar una distensión en las relaciones bilaterales. Fueron iniciadas el 11 de enero y suspendidas, después del 15 de noviembre por la parte estadounidense después de inmiscuirse en el proceso anticolonialista en Angola y se incrementó la asistencia solidaria de Cuba a la consolidación de la independencia con el Movimiento para la Liberación de Angola al frente. Esta colonia que había alcanzado su independencia de Portugal, estaba amenazada por otros grupos que pugnaban por tomar el poder con apoyo de la entonces racista Sudáfrica y el intervencionismo de Estados Unidos.
El 5 de noviembre de 1975 el gobierno cubano a solicitud de los independentistas angolanos, decidió prestar ayuda solidaria a Angola. Dio inició a la Operación Carlota, en honor a la negra Carlota que se había sublevado machete en mano y al frente de una partida de esclavos luchó por la libertad en igual día de 1843. El 7 de noviembre llegó el primer contingente de ochenta y dos combatientes a bordo de un avión Bristol Britannia BB-318 de turbohélice de Cubana de Aviación.
Es notable la hipocresía de la política norteamericana, pidieron cauces de distensión, mientras dejaban actuar impunemente los grupos terroristas anticubanos, era un elemento de presión para negociar en una posición más ventajosa.
Se ha especulado sobre una probable autonomía de esos grupos, que en teoría actuaron al margen del deseo y control que los medios represivos estadounidenses quisieron imponer; lo investigado en extenso demuestra que solo la voluntad política permisiva los dejó actuar, si esta hubiese sido restrictiva, nada hubiesen podido hacer esos grupos locales del terrorismo doméstico norteamericano, menos durante administraciones republicanas como la de Ford, cuando rige como proclama la ley y el orden, y el terrorismo de Estado pasa a ser ejercido con profusión.
Ante la asistencia internacionalista cubana a Angola, las organizaciones terroristas anticubanas recibieron indicaciones de actuar con libertad en todas direcciones, las agencias especializadas estadounidenses reactivaron a sus viejos agentes, en 1972, ya se había “fugado” el criminal Orlando Bosch, después de haber recibido libertad condicional y lo enviaron por los caminos del mundo a desatar la guerra contra Cuba, el terrorista se puso de inmediato al servicio de los golpistas chilenos y estableció nexos con fascistas argentinos que todavía no habían alcanzado el poder, pero lo harían en breve el 24 de marzo de 1976.
Estos dos factores: la normalización de relaciones de emergentes países soberanos del Caribe y el apoyo internacionalista de Cuba a Angola, además de necesidades logísticas para el transporte aéreo de la Isla con destino a África, bloqueado por medidas coercitivas norteamericanas, hizo que la región fuese calificada por los terroristas como zona de guerra, por la presencia de aviones civiles cubanos que se reabastecían de combustible en esas posiciones caribeñas para continuar hacia su destino final.
Cuando los Estados Unidos en su política hostil hacia la naciente Revolución cubana, suspendió la utilización por parte de aviones cubanos de las instalaciones aeroportuarias de Kindley Field, Bermudas, privó a la aviación de Cuba del libre movimiento y reabastecimiento de combustible en el área del Caribe. Lo cual tendría un efecto negativo en el ulterior desarrollo de las relaciones y la transportación con países de la región y hacia otras latitudes, como ocurrió en la década de los años setenta hacia África.
La guerra de Angola genera la necesidad de nuevas rutas hacia aquel país y el 29 de julio de 1976 se inaugura la ruta a África con el siguiente itinerario: Habana-Bridgetown (Barbados)-Conakry (Guinea)-Freetown (Sierra Leona)- Luanda (Angola), con aviones del modelo Britannia BB-318. En marzo, comienzan las operaciones a Montreal (Canadá), con el modelo DC-8.
Para el cruce del Atlántico se utilizaban como aeropuertos intermedios el de las Islas Bermudas, posesión inglesa y el de las islas Azores, posesión portuguesa. El aislamiento impuesto por Estados Unidos a Cuba, no fue solo diplomático, económico y comercial, a tres meses de la ruptura de relaciones el 3 de enero de 1961. El mismo día 15 de abril de ese año, cuando tuvieron lugar los ataques de la aviación de la Brigada 2506, a varios aeropuertos cubanos, como preludio de la invasión que se gestaba y estaba en marcha, se recibieron en Cubana de Aviación sendos telegramas enviados por las autoridades de los aeropuertos de Kindley Field en Bermudas y del aeropuerto internacional de islas Azores, prohibiendo el acceso a naves cubanas. Eran pocas alternativas las que permitían hacer escalas técnicas por los aviones de Cubana de Aviación para cruzar el Atlántico. La decisión era irrevocable en ambos casos: cancelaban los derechos de aterrizaje en los dos aeropuertos. Se esgrimió como pretexto: no haber pagado en tiempo el Seguro de Responsabilidad Civil a que están obligadas todas las compañías de aviación que transportan pasajeros en vuelos internacionales. Lo esgrimido no era real, registros del Departamento de Contabilidad de la época dan fe de que habían sido pagados en tiempo y remitidas las transferencias bancarias para hacerlos efectivos, este proceso fue dilatado de manera premeditada y dolosa para que no llegasen a tiempo a su destino, y poder utilizarlos como causal de la medida, que afectaba sensiblemente el tráfico de los aviones comerciales cubanos.
El carácter irreversible de la medida demostró la intencionalidad de esta, que era otra como a continuación explicamos. El aeropuerto de Kindley Field, es una instalación de entrada abierta al tráfico internacional situado en un territorio de bandera inglesa. Sin embargo, las instalaciones de que se sirven las aeronaves civiles cuando aterrizan en ese lugar son las propias de la base norteamericana instalada allí por lo que no se puede aterrizar o despegar si no se cuenta con una licencia para el uso de dichas instalaciones, la denominada Aviation Facility License, que la expide el Departamento de Marina de Estados Unidos. Cuando en 1961, se suspendió el permiso que tenía Cubana de Aviación, el uso de esas instalaciones fue vedado a las aeronaves civiles cubanas en vuelos regulares.
Excepcionalmente se concedió un permiso el 12 de junio de 1981 y antes de utilizarse fue cancelado, entonces se alegó haber sido dado por “error”. La imposibilidad de utilizar esta opción ha afectado la seguridad de los vuelos cubanos, al no poder reabastecerse de combustible en viajes trasatlánticos, además de que con frecuencia las zonas son afectadas por condiciones meteorológicas adversas, ciclones y mal tiempo, lo cual limita la protección de sus operaciones. Asimismo, a lo largo de la historia de estas agresiones dirigidas contra la aviación civil cubana, el bloqueo ejerció enorme presión en diversas direcciones. Se embargaron aviones, motores y fondos cubanos depositados en el Chase Manhattan Bank de Nueva York y Miami para sufragar las operaciones de empresas cubanas de aviación. Algunos ejemplos ilustran esta realidad. En 1960 las autoridades norteamericanas se apropiaron del anticipo para la compra de aviones Boeing 707 por un monto cercano al millón de dólares. En ese mismo año fueron embargadas las aeronaves Bristol Britannia CUT-670 y DC-4 CUT-785, para liberarlas se depositaron fianzas por miles de dólares. En igual fecha, se confiscaron aviones y bienes de la compañía Cubana de Aviación en Estados Unidos por un monto superior a los treinta y tres millones de dólares, so pretexto de no pagar impuestos al fisco norteamericano.
Esas acciones punitivas se extendieron por varios años más, incluso después de la ruptura de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En el año 2000, dada la sentencia de un tribunal cubano que demandó al gobierno de Estados Unidos por daños materiales, se estimó un detrimento global por concepto de daños y perjuicios de 1, 396 millones de dólares, además de los ingresos dejados de percibir por el bloqueo.
Es en este contexto histórico, que es parte de la cotidianidad de generaciones de cubanos, se dan las condiciones para que se elija esa zona caribeña, como escenario para cometer el brutal crimen, con el pretexto de frenar la solidaridad de Cuba con África.
En junio de 1976 se conjuraron en Bonao, República Dominicana, un grupo de terroristas de origen cubano representativos de organizaciones extremistas asentadas en territorio de los Estados Unidos. La conspiración la dirigió el criminal Orlando Bosch Ávila, prófugo entonces de la justicia estadounidense por haber violado la libertad condicional al ser juzgado por varios delitos, incluida la extorsión contra emigrados cubanos con empleo de métodos terroristas. El complot, estaba en curso…
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

