Vigencia del plan subversivo, 66 años después (III)
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
Una de las incertidumbres del Programa era esencial, para sus planes: La llamada oposición política cubana, la cual tenía varios orígenes, durante el primer año hubo decantaciones en el primer Gobierno Revolucionario, figuras simpatizantes de la salida del dictador, no estaban dispuestos a cambios radicales, era cambiarlo todo para que siguiera igual, el fantasma del comunismo, las tendencias de derecha e izquierda, los resentidos por el reparto del poder revolucionario, oportunistas, era un enjambre de tendencias y posiciones, de ahí era la cantera donde la CIA, debía seleccionar el futuro tutelado de Cuba.
El documento del 17 de marzo afirmaba: “La CIA ya se encuentra en contacto directo con tres grupos respetables de la oposición (los Montecristi, el Partido Auténtico y el Frente Democrático Nacional). Todos éstos conocen los criterios fundamentales que se condicionan para que se acepten, quiere esto decir, ellos están a favor de la revolución tal y cómo se concibió originalmente –siendo muchos de ellos antiguos miembros del 26 de Julio– y que no se identificaron ni con Batista, ni con Trujillo. Ellos son anticastristas porque Castro fracasó en el intento de darle vida a la plataforma original del 26 de Julio y porque se opuso a liquidar la dominación comunista y la posible nueva esclavización. Por lo tanto, estos grupos se ajustaron perfectamente al lema planificado para la oposición de «Restaurar la Revolución». Este era el diseño y la sombrilla para sumar adeptos.
Como la CIA no conocía a quiénes se enfrentaba, sus operativos supusieron que con 30 días serían suficiente para armonizar a la caterva de aspirantes al futuro poder en Cuba, pero la vida resulta más fecunda que la imaginación. En teoría estaba redactado así en el texto aprobado, que no era un documento normativo, era explicativo en partes y pretendió ser un instrumento de consulta sobre la marcha de los planes en desarrollo, así se preveía: “Se formará un Consejo o Junta de oposición en el término de 30 días con representantes de estos grupos que posiblemente se aumentarán con representantes de otros. Probablemente es prematuro contar con una plataforma fija para el Consejo, pero el Manifiesto de Caracas del 20 de julio de 1958 contiene un número de puntos que se pueden explotar. Dos de los líderes del grupo de la CIA fueron signatarios del Manifiesto. Se sugieren los siguientes puntos como pequeñas posibilidades. Como se evidencia la agencia había penetrado al grupo de figuras firmantes y por tanto presuponía, que podría mediatizar su contenido con el voto a favor de sus agentes. Entonces elaboró consignas que permearan la unidad en ciernes: “Que el régimen de Castro es una nueva dictadura en el asunto de Cuba y que fortalece la influencia Chino-soviética”. “Se debe eliminar la influencia Chino-soviética en los asuntos de Cuba”. Es bueno acotar, que en marzo de 1960, no se había declarado el carácter socialista de la Revolución y ya la CIA utilizaba ese argumento.
Otro de los argumentos fue: “Cuba tiene el derecho a un gobierno democrático y honesto, basado en elecciones libres. No existen esperanzas para esto mientras que Castro ahogue los derechos de los legítimos partidos políticos y de la libertad de expresión”. Nada más similar, que los pretextos actuales pasadas casi siete décadas, el discurso subversivo sigue vigente.
Se manipuló también el tema agrario, beneficiado tras la firma de la primera Reforma Agraria: “Se debe poner en práctica un programa realista de reforma agraria en favor de la propiedad privada de la tierra”.
Otro tema desgastado fue el de los Derechos Humanos, parece haber sido insertado en el presente: “Se debe restaurar las libertades individuales y se deben eliminar el colectivismo en el comercio y la educación”.
El Programa actualizado y re aprobado en abril de 1962, ya preveía a los posteriores cubanólogos, dedicados al estudio subversivo del proceso revolucionario en varias universidades estadounidenses, que después en los proyectos “pueblo a pueblo”, trataron de insertar con los intercambios académicos, sus conclusiones e influir con sus conclusiones en la estabilidad cubana.
El documento del 17 de marzo de 1960, referido, establecía: “Se planifica un grupo de investigación especial formado por cubanos con apoyo norteamericano para perfeccionar y ampliar estos puntos del programa político y para que produzcan materiales de propaganda basados en la plataforma anterior para ser utilizados por y en beneficio del Consejo de la oposición”.
La difamación de la Revolución, tal y como se realiza ahora, ya había sido prevista en el documento de referencia: “Ya ha comenzado la articulación y la transmisión de los puntos de vista de la oposición. Las transmisiones de la oposición del sector privado (la compra del espacio comercial por individuos del sector privado) han ocurrido en Miami (por onda media) y se han efectuado gestiones con la estación WRUL para transmisiones adicionales desde Massachusetts (en onda corta) y desde La Florida (por la banda de transmisión). Los presidentes Betancourt y Ydígoras han acordado el empleo de estaciones comerciales para las transmisiones de onda corta desde Caracas y Ciudad Guatemala. La CIA ha instrumentado el apoyo a estos esfuerzos por medio del aliento, ayuda a la negociación y proporcionando algún material para la transmisión”. La guerra mediática como la hemos conocido durante varias décadas de transmisiones subversivas instigando al desorden interno, la desobediencia civil y promover el pavor en la población con falsas noticias y rumores.
Emplearon todas las gamas de colores en sus operaciones difamatorias, desde las absolutamente burdas, hasta las sutiles: “Como voz principal de la oposición, se propone establecer una estación de radio «gris» controlada por Estados Unidos. La misma probablemente se ubicaría en la Isla Swan y emplearía equipos de potencia sustancial, tanto en banda de alta frecuencia como de radio difusión. La preparación de los guiones (libretos) serían hechos en Estados Unidos y se transmitirían electrónicamente hasta el lugar de la emisión. Después de alguna experiencia y en la medida que progrese la operación, sería deseable ampliar la estación de la Isla Swan con al menos otra para asegurar una cobertura completa a todas las regiones de Cuba, muy especialmente la región de La Habana. Se podría instalar una emisora adicional en la base norteamericana en las Bahamas o de forma temporal abordo de un barco, si se deseara evitar las transmisiones «grises» desde La Florida”. Esta proyección demuestra lo reiteradamente denunciado por las autoridades cubanas de las emisiones de oficiales de Radio y Televisión Martí, como partes del complejo sistema de intoxicación del éter cubano durante décadas desde Estados Unidos. Como nota adicional, entonces todavía no existía la USAID, insertada ahora en el departamento de Estado y ya se subvertía a la Revolución.
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

