Capítulo 22 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas
Transcripción del Capítulo 22 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Transcripción: Ariana López Marth. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal: https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/
Participantes: Omar Valiño Cedré, (OVC), crítico teatral y ensayista, e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.
VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.
IDG: Es el teatro parte vertebral de nuestra cultura es además donde confluyen emociones, literatura, crítica y también, por supuesto, el pensamiento social. Sobre ello estaremos dialogando en A Contracorriente con Omar Valiño, director de la Biblioteca Nacional José Martí, licenciado en Teatrología por la Universidad de las Artes de nuestro país y con una larga trayectoria como editor; así que se trata de una voz autorizada para abordar el tema. La bienvenida nuevamente al espacio.
OVC: Muchas gracias a ustedes, es un placer para mí.
IDG: ¿Qué le parece conversar acerca del teatro como un eslabón, ya lo decía, y es una frase que no es mía, como parte esencial de la columna vertebral de la cultura, como esa especie de laboratorio sociocultural donde tanto se hace en relación con el libro? Hábleme de literatura teatral, del libro y el teatro.
OVC: Bueno, es curioso, porque aunque nunca me lo explicaron, yo supongo que llegué a la Biblioteca Nacional gracias al libro teatral.
Mi formación, en efecto, es en el teatro fundamentalmente, y el teatro tiene una ventaja para la formación. Como e,l teatro también es una especie de compresión de las artes todas, pues uno se relaciona con un universo que va más allá de una manifestación artística determinada; luego, con el paso del tiempo, fundé una editorial a partir de una revista que ya existía y eso me hizo hacer libros, revistas, etcétera. Y eso me impulsó, supongo yo, a la Biblioteca Nacional. Pero, bueno, de eso vamos a hablar en otro momento.
Con respecto al teatro, pues en mí es una pasión, así que conversar sobre teatro es natural, me paso la vida, de algún modo, hablando de teatro. Y hoy, sin embargo, es más difícil caracterizar esas coordenadas –sean internacionales o cubanas–, del teatro y las artes escénicas en general, que en el periodo pre-pandemia. Para el teatro, la pandemia, como para tantas otras cosas, pero para el teatro en particular, marca un antes y un después, como se dice, un parteaguas que hay que tener en cuenta.
La propia situación física de los teatros hizo que prácticamente en todas partes, durante temporadas completas se cerraran los teatros, etcétera. Y fue, y ha sido difícil para mí, no ha terminado una recuperación plena de la vida teatral natural. Creo que en Cuba todavía la padecemos y en el mundo también.
Por eso es difícil trazar unas coordenadas que antes, con más movilidad dentro y fuera de Cuba, pues uno tenía claramente delante suyo. Pero de todas maneras te puedo comentar mis ideas al respecto. Básicamente –superadas las peores variantes de la pandemia–, básicamente, el teatro sigue existiendo, sigue ocupando un lugar en todas partes, siguen haciéndose festivales, etcétera, aunque, yo diría, sin el brillo de otra época.
También el teatro, como parte de la cultura, ha perdido apoyo en el mundo. Y lo necesita aún más que otras artes, porque, aunque hay un teatro comercial, del teatro que básicamente estamos hablando aquí, es el que no es comercial. Y son esferas subsidiadas completamente o que reciben algún tipo de apoyo, y éste ha ido mermando en el mundo. De tal manera que la situación es tensa en ese sentido. Lo único que lo defiende es que las personas que no hacen teatro por casualidad, lo hacen porque es parte de su vida, lo van a hacer siempre. Y entonces se imponen a esas circunstancias. Lo mismo nos pasa a nosotros. Porque en Cuba, siendo una esfera subsidiada por el Estado, ese subsidio no alcanza siempre para todo lo que el teatro demanda. Y la gente lo suple con gestión propia, con enlaces interinstitucionales, con inventos, dicho en el mejor sentido de la palabra, de distinto tipo, para mantener viva la producción. Y antes que mantenerla viva, para producir nuevas obras, nuevos espectáculos, nuevos estrenos, etcétera.
Así se mantiene ese escenario; aunque diría que se mantiene, como dije con respecto a lo internacional, con menos brillo que en épocas anteriores, pero se mantiene. No sólo en La Habana, que es, por supuesto, donde más vida teatral hay, sino en general en el país, y aquí nos estamos refiriendo fundamentalmente a las capitales provinciales. Es más escaso para el movimiento profesional tener grupos en los municipios. Se pueden contar con las manos.
Pero las temporadas se siguen haciendo, se siguen realizando, más que grandes eventos, pequeños eventos, muchos, en todas partes del país, lo que hace que el teatro circule. El de los propios territorios y el de los que puedan llegar a cualquier lugar. Y a veces no necesita eventos, son simples temporadas, visitas de los grupos…
IDG: Aunque Cuba mantiene varios festivales también. Varios. De proyección nacional e internacional.
OVC: Varios. Y los que no siempre vemos, los pequeños eventos, que no tienen esa gran promoción, como ocurre con los eventos más grandes, que en nuestro caso serían dos: el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, que se hace, por supuesto, fuera de La Habana, y el Festival Internacional de Teatro de La Habana, y un evento también importante que hace Casa de las Américas. Son los tres eventos más grandes, fundamentales, pero debajo de ellos hay talleres internacionales, talleres de intercambio, encuentros de especialidades teatrales en las provincias, en La Habana, en las montañas, en circuitos dirigidos hacia lugares desfavorecidos, porque no son circuitos propiamente teatrales, y ahí la creación se refugia en cualquier tipo de espacio, que llamamos alternativos, que puede ser un parque, el patio de una escuela, de un determinado lugar, y ahí se hace teatro.
El teatro se ha multiplicado en los espacios comunitarios, desde hace muchos años, y también en estos últimos años. En La Habana estamos enfrentando un problema grande, que es el cierre temporal de algunas salas, de algunos edificios teatrales, de tal manera que el circuito está más restringido que en otros momentos. Hace todavía algunos años, La Habana llegó a contar con 20 espacios de representación para el público estables… Pero, bueno, en los que existen, se sigue haciendo teatro con mucha voluntad, con mucho impulso de parte de los grupos, de las compañías.
IDG: En tales circunstancias, ¿sigue siendo el teatro un referente imprescindible dentro de la cultura?
OVC: Yo creo que es fundamental. Ese origen del teatro, como un espacio que contenía una manifestación artística muy especial. Todo esto son palabras una y otra vez repetidas, pero son ciertas. Ese origen, ese origen de cara al público en vivo, al público presente, esa especie de ágora social, que a través de una manifestación artística, confronta los problemas, los sueños, los dilemas de una determinada sociedad o un grupo social, le dan al teatro una eternidad y una vigencia tremenda.
Fíjate, hay un gran director y autor argentino, uno de los más grandes vivos en América Latina, que ha dicho últimamente que el teatro es el lenguaje, el arte del futuro, frente al exceso digital, que no es lo que en lo digital es bueno, sino ante el exceso de digitalización, el exceso de virtualización de la vida; esa confrontación del ser humano con su semejante en un espacio público, vivo, gregario, explica que puede ser ese, explica esa sobrevivencia y ese carácter que le da de ser un lenguaje de futuro. Porque vamos a necesitar saber lo que es un ser humano, no solo en situación de representación, sino lo que es un ser humano actuante y actuando físicamente, verbalmente, en sus dilemas éticos, humanos, permanentes todos, y que van desapareciendo como va la vida y con los problemas del mundo.
IDG: Por eso es muy común el cuerpo; es alma, es espíritu, es sensibilidad, es arte y es cultura. Al teatro, al teatro cubano específicamente, vamos a dedicar otro espacio, porque creo que somos, en Cuba, una fuerza en este sentido. Ya lo hablaba, no sólo en la Habana, la capital, sino hacia los territorios, en las comunidades. ¿Cuánto se hace de teatro en zonas intrincadas? Estaba pensando ahora mismo en las ruralidades, vinculadas a fenómenos del teatro como laboratorio social.
Muchísimas gracias por sus reflexiones en A Contracorriente. Nos veremos en un próximo episodio.
Tomado de REDH-Cuba

