El asedio a Cuba: las múltiples formas de la agresión de Estados Unidos
Por Hector Bernardo*
Al histórico bloqueo económico, comercial y financiero que Washington impone sobre la isla, se sumó un bloqueo petróleo total, el intento de incursión con mercenarios, la infiltración de un grupo financiado para provocar disturbios, el esfuerzo por aislar diplomáticamente al gobierno de la isla y las operaciones mediáticas.
La historia de agresión de Estados Unidos contra Cuba es tan larga como la propia historia de la Revolución. Formalmente, el bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla comenzó el 3 de febrero de 1962 con la Proclama Presidencial 3447 firmada por el entonces presidente John F. Kennedy. Decisión que profundizaba sanciones impuestas por el anterior inquilino de la Casa Blanca, Dwight D. Eisenhower, en 1960.
Ese fue el inicio de un proceso de agresión incesante contra el pueblo de la isla, que se profundizó ya durante el primer gobierno de Donald Trump y que en los últimos meses ha tomado dimensiones nunca antes vistas.
Desde principios de 2026, el presidente Trump anunció la imposición de un bloqueo petrolero total contra la isla, lo que ha sumergido a Cuba en una profunda crisis. A ello se ha sumado el intento de incursión de mercenarios provenientes de Miami, la infiltración de un grupo de panameños financiados para provocar disturbios, la búsqueda de transformar protestas pacíficas en violentas, la agresión diplomática a través de países de la región que responden a los intereses de Washington y la intención de generar divisiones internas a través de operaciones mediáticas.
Bloqueo energético
El 29 de enero pasado la Casa Blanca informó que el presidente Donald Trump firmó una Orden Ejecutiva en la que declaró “una emergencia nacional” y señaló a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos. El texto señala que, basado en ello, se fijó “un nuevo sistema arancelario que permite a Estados Unidos imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione directa o indirectamente petróleo a Cuba”.
La Orden Ejecutiva solo formalizó una medida que ya se aplicaba desde mediados de diciembre de 2025. En ese sentido, el 13 de marzo, en conferencia de prensa, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel informó: “hace más de tres meses que no entra ningún barco con combustible a nuestro país”.
Debido a ello, el mandatario afirmó: “estamos trabajando en condiciones muy adversas que tiene un impacto inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo”.
Luego que diversos medios informaran el miércoles 18 de marzo sobre un carguero ruso con 700 mil barriles de petróleo en dirección a la isla, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió, este viernes 20, una nueva resolución para sancionar al petrolero e impedir que la carga llegue a Cuba.

El efecto social
El bloqueo petrolero impacta en una sociedad que ya se veía profundamente afectada por el histórico bloqueo económico, comercial y financiero. La isla se ve impedida de acceder a importantes mercados (en especial el del propio Estados Unidos) para comercializar su producción o para comprar productos básicos para su desarrollo (ninguna empresa de cualquier país que produzca elementos que contengan más de un 10% de componentes norteamericanos puede vender su producto a Cuba), el gobierno de la isla tiene prohibido comerciar en dólares (principal moneda de intercambio para el comercio entre naciones), se le impide acceder a préstamos de organismos financieros de crédito internacional (como el FMI o Banco Mundial), por la amenaza de sanciones de Estados Unidos, gran cantidad de entidades financieras se niegan a hacer transacciones bancarias con Cuba, los barcos que lleguen a puerto cubano tienen prohibido por 180 días arribar a suelo estadounidense, se persigue y sanciona a las empresas de cualquier país que inviertan en territorio cubano, entre otras muchas medidas.
Medidas que han limitado enormemente el desarrollo de la economía de ese país y de su pueblo. Si se tiene en cuenta que, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Cuba importa el 80% de los alimentos que se consumen en la isla y como el endurecimiento de esas medidas del bloqueo durante los dos gobiernos de Donald Trump han limitado al extremo la posibilidad de comerciar de Cuba se comienza a entender algunas de las causas de la escasez de productos básicos para la vida cotidiana de ese pueblo.
Los apagones
La mayoría de las estaciones de generación de energía eléctrica en Cuba dependen de combustible para funcionamiento. Por lo tanto, la falta de combustible no sólo afecta al transporte público y privado, también produce un gran déficit de electricidad que se refleja en apagones diarios que, en ocasiones, pueden durar hasta 20 horas. Cuando se produce un corte de energía eléctrica también detiene el suministro de agua dado que las estaciones de bombeo dejan de funcionar.
La falta de combustible también ha dificultado la recolección de residuos. Los desechos se acumulan en las esquinas de todas las ciudades, eso se ve con mayor claridad en La Habana por ser la más poblada del país. La acumulación de residuos genera la proliferación de insectos, lo que ha derivado en la reciente aparición de dos epidemias de enfermedades que están directamente relacionadas a la presencia de mosquitos: dengue y chikungunya.
La restricción a la compra de medicamentos, insumos médicos, productos de higiene o de elementos esenciales para producirlos ha derivado en que la capacidad de atención en los hospitales se haya reducido a su mínima expresión.
La escasez de productos generó un mercado paralelo (“mercado negro”) y una marcada inflación que deteriora enormemente el poder adquisitivo de las familias.
Montarse sobre el descontento
Además de la ausencia de combustible que genera los constantes cortes de energía, el Sistema de Energía Eléctrica Nacional de la isla se encuentra deteriorado. Cuba no puede acceder a muchos de los insumos que se necesitan para repararlo porque son productos que se encuentran afectados por la medidas del bloqueo (muchos de ellos tiene al más de un 10% de componentes estadounidenses). Esto ha hecho que además de los cortes programados se produzcan salidas de servicio inesperadas, que perjudican aún más la vida cotidiana del pueblo.
En el marco de ese clima social, la noche del viernes 13 de marzo, tras un nuevo apagón, en la ciudad de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, ciudadanos realizaron una protesta para reclamar soluciones a los problemas de falta de electricidad, de agua, de alimentos y productos básicos. Diversos medios señalan que de la manifestación que se realizaba de manera pacífica surgió un grupo que atacó la sede del Partido Comunista de la ciudad y provocó saqueos y destrozos.
Tras los hechos, el presidente Díaz-Canel publicó un posteo en la red social X en que señaló: “Es comprensible el malestar que provocan en nuestro pueblo los prolongados apagones, como consecuencia del bloqueo energético de EE.UU, cruelmente recrudecido en los últimos meses. Y son legítimas las quejas y reclamos, siempre que se actúe con civismo y respeto al orden”.
“Lo que nunca será comprensible, justificado ni admitido es la violencia y el vandalismo que atente contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad de nuestras instituciones. Para el vandalismo y la violencia no habrá impunidad”, concluyó.
Medios de comunicación de la región alineados con Washington, como el portal argentino Infobae, que cuando se refieren al gobierno de cuba hablan de “la dictadura comunista”, tomaron el hecho para hacer hincapié que mientras se producían los incidentes los manifestantes gritaban: “¡Libertad!”. El medio hizo referencia a la profunda crisis que vive la isla sin aclarar los orígenes de dicha crisis.

El brazo terrorista
A las medidas públicas y formales (aunque no por ello legales) de agresión contra la isla se suma las acciones encubiertas para generar violencia, caos y desestabilización. Entre las más recientes acciones terroristas contra Cuba aparece el intento de incursión, llevado adelante el 25 de febrero, por una lancha rápida con matrícula de la Florida en la que viajaban diez hombres fuertemente armados que al momento de ser identificados se enfrentaron con los guardacostas cubanos. Según se comunicó desde el Ministerio del Interior de Cuba, los tripulantes de la lancha “llevaban fusiles de asalto, armas cortas, artefactos explosivos de construcción artesanal (cócteles molotov), chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje”.
El gobierno cubano informó que tras el enfrentamiento cuatro de los mercenarios que viajaban en la lancha fallecieron y otros seis fueron detenidos. Según se comunicó oficialmente, los seis tripulantes de la lancha más un cómplice que se encontraba en el territorio – y que también fue detenido – se encuentran procesados y acusados de terrorismo.
El hecho rememora las acciones que grupos terroristas radicados en Miami llevaron adelante durante la década de 1990, al incursionar con lanchas en territorio cubano y realizar ataques contra centros turísticos para desestabilizar el país que en aquel momento también se encontraba en el marco de una profunda crisis económica y social conocida como “el periodo especial”.
Tres días después del intento de incursión, el 28 de febrero, diez ciudadanos panameños fueron detenidos en La Habana acusados de haber ingresado a la isla con el fin de realizar acciones contra el orden constitucional. Las autoridades cubanas aseguraron que ya tenían información sobre quién había reclutado a este grupo de panameños en el exterior y cuánto dinero recibirían por sus acciones.
Aislamiento diplomático regional
Una de las herramientas que se pone en juego dentro de la estrategia de generar una agresión contra Cuba, es la de aislar dipolomáticamente a su gobierno con la utilización de los aliados regionales de Washington. En ese marco, el miércoles 4 de marzo, mediante comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, el gobierno de Ecuador informó que rompía relaciones con la República de Cuba, que declaraba persona “non grata” al embajador, Basilio Antonio Gutiérrez, así como a todo el personal diplomático cubano que se encontraba en Quito y otorgaba un plazo de 48 horas para abandonar el país. El presidente Daniel Noboa se negó a dar explicaciones del motivo de su decisión.
Dos semanas después, el miércoles 18 de marzo, el gobierno de Costa Rica anunció la ruptura de relaciones con Cuba, el cierre de su embajada en La Habana y la exigencia a los diplomáticos cubanos para que abandonen su territorio. Según cita el medio DW, el mandatario costarricense, Rodrigo Chaves, afirmó: “Hay que limpiar al hemisferio de comunistas (…), nosotros no le vamos a dar legitimidad al régimen que oprime y tortura a casi 10 millones de cubanos hoy”.
Las medidas tomadas por los gobiernos Ecuador y Costa Rica se acoplan con a las posturas de los mandatarios de Honduras, Jamaica y Guatemala que decidieron, de manera unilateral, poner fin a los convenios de cooperación por los cuales Cuba enviaba médicos para apoyar la salud pública en esos países y por la cual la isla recibía una compensación económica.
Son de público conocimiento las declaraciones de secretario del Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que buscan estigmatizar la colaboración médica cubana en el extranjero y presionar a los gobiernos regionales para que suspendan esos acuerdos.
Según un artículo publicado en el medio francés Le Monde, el pasado 5 de marzo, la ministra de Asuntos Exteriores de Jamaica, Kamina Johnson Smith, afirmó, ante el Parlamento del país, que “el Gobierno de EEUU había expresado su preocupación por el funcionamiento de los programas médicos cubanos en todo el mundo”.
El artículo también asegura que “la continuidad de esta diplomacia de las batas blancas también es cada vez más incierta en varios países de las Pequeñas Antillas, entre ellos Antigua y Barbuda, Dominica y Trinidad y Tobago”.

Psicópata americano
En la conferencia de prensa dada el viernes 13 de marzo, Díaz-Canel informó que “bajo la dirección del general de Ejército (Raúl Castro Ruz), como líder de la Revolución, la mía y colegiado con las principales instancias del Partido, del Gobierno y del Estado cubano, funcionarios cubanos sostuvieron recientemente conversaciones con representantes del gobierno de los Estados Unidos, para buscar por la vía del diálogo la posible solución a las diferencias bilaterales que existen entre las dos naciones”.
Solo dos días después, el lunes 15 de marzo, frente a los medios que lo consultaban en el Salón Oval, Trump aseguró: “creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso estaría bien. Sería un gran honor tomar Cuba de alguna forma. Me refiero a que, ya sea liberándola o tomándola, creo que podría hacer lo que quiera con ella”.
Frente a esas declaraciones, a través de un posteo en la red social X, el mandatario cubano respondió: “Estados Unidos amenaza públicamente a Cuba, casi a diario, con derrocar por la fuerza el orden constitucional. Y usa un indignante pretexto: las duras limitaciones de la debilitada economía que ellos han agredido y pretendido aislar hace más de seis décadas. Pretenden y anuncian planes para adueñarse del país, de sus recursos, de las propiedades y hasta de la misma economía que buscan asfixiar para rendirnos. Solo así se explica la feroz guerra económica que se aplica como castigo colectivo contra todo el pueblo”.
“Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”, sostuvo Díaz-Canel.
Operaciones mediáticas
Varios medios se han esforzado por mostrar divisiones en la estructura de poder de Cuba que se divide en tres bastiones: el Estado, el Partido (estos dos conducidos por Miguel Díaz- Canel) y el Estado Mayor del Ejército (conducido por Raúl Castro Ruz y con un rol importante de su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado “el cangrejo”).
El martes 16 en lo que pareciera ser parte de una operación mediática para generar desconfianza y divisiones dentro de Cuba, el diario The New York Times publicó un artículo en el que aseguraba que “Mientras funcionarios estadounidenses y cubanos negocian sobre el futuro de la isla caribeña, gobernada por los comunistas y asediada económicamente, la administración Trump busca derrocar al presidente Miguel Díaz-Canel, según cuatro personas familiarizadas con las conversaciones”.
“Estados Unidos no está presionando para que se tomen medidas contra los miembros de la familia Castro, quienes siguen siendo los principales actores del poder en el país, según dos fuentes”, asegura el medio
El medio sostiene que “según la fuente, los negociadores estadounidenses también quieren que Cuba acepte destituir a algunos funcionarios veteranos que siguen comprometidos con las ideas de Fidel Castro, el padre de la revolución comunista”.
El artículo de The New York Times tiene un problema metodológico grave, casi de primer año de la carrera de periodismo, y es que todas sus aseveraciones son de fuentes anónimas. No hay una sola fuente testimonial con nombre, apellido y cargo, ni una fuente documental que corrobore lo que se sostiene en el texto o que refuerce lo que, supuestamente, le dijeron las fuentes off the record.
¿Se puede negociar con Trump?
La avanzada contra Cuba tiene muchos de los elementos que el politólogo estadounidense Gene Sharp describe como claves para un golpe blando: la generación de malestar social, campañas de deslegitimación de los dirigentes, guerra psicológica, montarse en protestas pacíficas para tornarlas violentas, etc.
Los hechos en Cuba llevan a una pregunta de difícil respuesta: ¿Se puede negociar con Trump? Si se entiende que la confianza mutua debe ser la base de cualquier tipo de negociación y si al mirar el pasado reciente vemos que mientras se construían diálogos con Venezuela, el 3 de enero Estados Unidos bombardeó Caracas y secuestró al presidente Nicolás Maduro y, mientras se llevaban adelante las negociaciones con el gobierno de Irán, el 28 de febrero el gobierno norteamericano atacó Teherán y asesinó al Líder Supremo, Alí Jamenei. En el marco de un diálogo que se hace inevitable, cada día parece resonar con más fuerza la frase de Ernesto Che Guevara que asegura que “en el imperialismo no se puede confiar, ni tantito así”.
Héctor Bernardo* – Periodista, escritor y profesor de Introducción al Pensamiento Social y Político Contemporáneo – Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP. Miembro del equipo de PIA Global.
Foto de portada: Generada con IA
Tomado de Noticias PIA / Periodismo Internacional Alternativo.

