La salida emiratí a la OPEP: crónica de un cisma que llegará hasta el Caribe
Por Raúl Antonio Capote / Foto: Getty
Mientras amanece Cuba resiliente, sujeta a las tensiones que genera el más brutal cerco de la historia, amenazada de muerte, una noticia llegada desde el otro extremo del mundo podría, en silencio, impactar en su futuro.
Emiratos Árabes Unidos anunció este martes que abandona la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y su extensión, la OPEP+, a partir del viernes 1.º de mayo.
No se trata de una simple baja en un club: es un terremoto geopolítico que fractura el eje que ha gobernado el mercado del crudo durante más de seis décadas.
Para entender por qué esta decisión toca a una isla del Caribe que no figura entre los grandes productores, conviene desgranar lo que está en juego.
Los analistas internacionales coinciden en que el “destaponamiento” de la capacidad ociosa emiratí —hasta 1,6 millones de barriles diarios cuando las tensiones en el Estrecho de Ormuz se disipen— presionará los precios a la baja.
Para un país como Cuba, que importa la mayor parte del combustible que mueve sus termoeléctricas y transportes, un barril más barato suena, en principio, a oxígeno.
Sin embargo, hay que tener en cuenta una realidad es más sinuosa: un mercado desregulado, donde reine la competencia feroz, es también un mercado propenso a bandazos que dificultan cualquier planificación.
Emiratos y Arabia Saudita, los dos pesos pesados que durante años caminaron de la mano en el Consejo de Cooperación del Golfo y en la OPEP, se distancian en una rivalidad que ya se manifestaba en sus cuotas de producción.
Al margen de Riad, Abu Dabi ha decidido acelerar la monetización de sus reservas antes de que la transición energética reduzca la demanda global, para Arabia Saudita, en cambio, sostener precios altos sigue siendo una prioridad existencial.
Lo cierto es que la salida unilateral emiratí deja a la OPEP sin uno de sus miembros más fuertes y debilita la alianza OPEP+, que incluye a Rusia y que, desde 2016, había logrado cierta estabilidad.
¿Qué significa todo esto para La Habana?, por un lado, el posible abaratamiento del crudo en los mercados globales abre una ventana para diversificar compras y reducir la factura de importaciones.
Pero esa ventana es estrecha y está marcada por la lógica de las medidas coercitivas unilaterales, por el bloqueo y el difícil acceso al crédito. Como explican los especialistas del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, no basta con que el petróleo cueste menos en Rotterdam o en Houston; hay que tener con qué pagarlo y barcos que estén dispuestos a traerlo hasta las refinerías cubanas.
El impacto de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP y la OPEP+ marca un punto de inflexión histórico que anuncia el posible fin del orden petrolero que ha regido el mercado durante décadas.
Esta decisión, calificada como una «sacudida» con «repercusiones que se sentirán en los mercados petroleros globales», no es un hecho aislado, sino la culminación de tensiones geopolíticas y económicas de largo arraigo que reconfigurarán tanto el mercado energético como el equilibrio de poder en Oriente Medio.
La salida de Abu Dabi es, ante todo, una decisión económico-estratégica con profundas implicaciones para el mercado global del crudo. Pero, más allá de la economía, la medida es considerada un «terremoto geopolítico» que redefine las alianzas en Oriente Medio
Así la OPEP pierde alrededor del 15% de su capacidad y a un miembro que, junto a Arabia Saudita, era uno de los pocos con significativa capacidad de reserva para estabilizar el mercado
Entonces, la decisión sienta un precedente peligroso para la cohesión del grupo. Países descontentos con las cuotas como Irak o Kuwait podrían verse tentados a seguir el ejemplo emiratí en el futuro
Por otro lado, esta acción representa una «victoria para la política exterior estadounidense», especialmente para la administración de Donald Trump.
Emiratos busca aumentar su producción, lo que coincide con el objetivo de Washington de mantener los precios de la energía bajos para combatir la inflación y presionar económicamente a Irán.
Una OPEP fracturada que podría liberar más crudo al mercado reduce la importancia estratégica del petróleo iraní y, por tanto, la capacidad de la República Islámica de utilizar su producción como herramienta de negociación.
El portazo emiratí modifica para siempre los cimientos de la economía mundial, en un mundo donde la cooperación energética se resquebraja, contar con soluciones propias se convierte, aún más, en la única estrategia sensata frente a la incertidumbre.
La OPEP aún no muere, pero ya cojea; y cuando un gigante cojea, hasta la isla más remota siente el paso irregular de los precios. La organización no desaparecerá de la noche a la mañana, pero ha perdido a uno de sus pilares.
El mercado se encamina hacia un escenario en el que la cooperación será cada vez más difícil y la competencia, cada vez más feroz.

