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Cuando el pueblo marca tendencia

Por Emilia Reed.

Durante la movilización por el 1ro. de Mayo, la etiqueta #LaPatriaSeDefiende logró ser trending topic en la red social x en tres países: Guatemala, Puerto Rico y Estados Unidos. No es un dato menor. Supone, en términos comunicativos, la evidencia de que una comunidad organizada puede disputar el espacio digital incluso en entornos donde los algoritmos, como no son neutrales, no nos favorecen.

Pero ¿qué significa exactamente ser trending topic? De forma sencilla, es aparecer entre los temas más mencionados en una plataforma durante un periodo de tiempo. No se trata solo de cuántas personas hablan de algo, sino de la velocidad y coordinación con que lo hacen. El algoritmo –es decir, el conjunto de reglas automáticas que decide qué contenido se muestra más– detecta esos picos de actividad y los convierte en tendencia, amplificando su visibilidad.

Aquí aparece una cuestión clave: el algoritmo no piensa, pero prioriza. Lo hace siguiendo criterios diseñados por empresas tecnológicas cuyos intereses no suelen coincidir con los del público. En la práctica, esto suele favorecer contenidos que generan reacción rápida: polémica, confrontación, miedo o indignación. No es casual que muchos mensajes de la derecha, basados en el odio o la manipulación emocional, circulen con facilidad. Las plataformas están optimizadas para ese tipo de lógica.

Frente a ello, «romper el algoritmo» no significa hackear sistemas ni actuar fuera de la ley ni repetir como robots. Significa comprender cómo funciona la circulación de la información en internet y actuar colectivamente para que mensajes alternativos –basados en la verdad, la solidaridad y el análisis– también alcancen visibilidad. Es, en esencia, trasladar la organización política al terreno digital.

La experiencia del 1ro. de Mayo ofrece algunas claves. Primero, la coordinación: muchas personas publicaron sobre un mismo tema en un intervalo concentrado de tiempo. Segundo, la identificación clara: el uso de una etiqueta común (#LaPatriaSeDefiende) permite agrupar la conversación y hacerla reconocible para el algoritmo. Tercero, la calidad: imágenes, videos breves y mensajes claros tienen mayor capacidad de ser compartidos de manera orgánica (natural) por otros usuarios en la red. Y cuarto, la amplificación: interactuar (compartir, comentar, dar «me gusta») con contenidos afines multiplica su alcance.

Romper el algoritmo, por tanto, no es un acto individual sino colectivo. No basta con tener razón; hay que lograr que circule. En un entorno en el que la atención es limitada y está mediada por sistemas automatizados, la visibilidad se convierte en un terreno de disputa política.

Esto plantea un desafío estratégico para las fuerzas progresistas. Si la derecha ha entendido que las redes son un campo de batalla ideológico, la izquierda no puede limitarse a ocuparlas de forma espontánea o desorganizada. Es necesario planificar y construir redes capaces de actuar de manera coordinada.

Eso implica, en primer lugar, asumir que la comunicación digital no es un complemento, sino una dimensión central de la acción política. No se trata solo de «estar en redes», sino de intervenir con objetivos claros. Requiere construir una lógica de red que combine nodos de alta visibilidad con una base amplia de participantes. Supone entender que la batalla no es solo por la atención inmediata, sino por la construcción sostenida de presencia e influencia en el tiempo.

Porque, en última instancia, la pregunta no es solo qué decimos, sino lograr que nos escuchen. Y en la era de los algoritmos, hacerse escuchar es, también, una forma de lucha.

Tomado de Granma / Foto de portada: José M. Correa.

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