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Omar González, “Que un pobre de derecha vote por Trump o Milei es resultado de la guerra cognitiva”

El ciudadano “pobre de derecha” que votó por Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos o Milei en Argentina no es un accidente ni un error de clase, sostiene el intelectual cubano Omar González Jiménez: “Es el resultado de la guerra ideológica, de todo lo que el sistema va creando para segregar al individuo y empobrecerlo”.

El ex viceministro de Cultura de la nación isleña impartirá en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del 5 al 12 de mayo, el seminario ¿Si todo (nada) vale, para qué sirve la cultura?, organizado por el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos.

Será una inmersión crítica en “las batallas de nuestro presente”: desde la guerra cognitiva hasta el colonialismo interno, pasando por la estandarización cultural, el ascenso de la ultraderecha y el papel de los intelectuales orgánicos, explica el escritor, periodista y docente.

“Lo primero es partir de lo que se entiende por noción de cultura”, dice y recuerda que a mediados del siglo pasado un estudio de dos antropólogos estadunidenses arrojó que había más de 150 conceptos válidos y socialmente establecidos de lo que es la cultura. “Eso permite darse cuenta de que hay tantas visiones, nociones y acercamientos como en pocos asuntos”.

Frente a la visión decimonónica que circunscribía la cultura a cenáculos de entendidos o élites ilustradas, sostiene que hoy se ha diversificado y extendido a tal extremo que incluso la incultura es ya parte de ella.

Para Omar González –quien el 8 de mayo, a las 11 horas, dictará una conferencia magistral en la Universidad Iberoamericana sobre el “ser cubano en tiempos difíciles”–, la cultura no es un adorno ni un lujo: es una herramienta de defensa identitaria.

En entrevista, recuerda a José Martí, quien poco antes de morir escribió en una carta que “la gran la guerra que se nos hace es de pensamiento”, y que había que ganarla con lo mismo: la actividad intelectual, “o sea, el valor mismo de la cultura”. Tal apunte del poeta, precisa, se derivó de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos de anexarse a Cuba, como sucede en la actualidad.

Esa guerra, añade, hoy se denomina cultural, cognitiva o híbrida, pero la esencia es la misma. “La cultura sirve a la defensa de la ley, para definir, consolidar y establecer la identidad. Sirve para defendernos, reafirmarnos, saber quiénes somos, de dónde venimos”.

Al reflexionar sobre la relación entre cultura, economía y poder, el intelectual cubano subraya el peso colosal de las industrias culturales, con Hollywood como paradigma no sólo geográfico, sino estético.

“Hollywood ya no es un espacio físico: es un modelo estético, una manera de hacer cine”, asienta y denuncia cómo ese modelo estandariza, simplifica y convierte la historia en producto.

Uno de los pasajes más punzantes de la entrevista es la reflexión sobre el “pobre de derecha”. Omar González alude a estudios de un antropólogo brasileño para explicar el fenómeno Bolsonaro, pero lo extiende a Trump y Milei.

“El voto determinante de Bolsonaro no fue la burguesía: fue el pobre de derecha”, afirma. “Ese pobre de derecha, o el ciudadano de clase media venido a menos, sobre todo el ciudadano blanco, es lo que integra a los MAGA (Make America Great Again) en Estados Unidos.”

Esos sujetos sociales e históricos, amplía, son “resultado de la guerra ideológica, de la balcanización espiritual, de todo lo que el sistema va creando para segregar al individuo, para empobrecerlo y convertirlo en un zombi tribal”.

A su decir, hay categorías políticas que ya no pueden usarse porque el asedio y el ninguneo las han borrado, sobre todo categorías de izquierda, o las han tergiversado y la derecha se ha apropiado de ellas.

“Muchas cosas que eran banderas de la izquierda, hoy las están enarbolando seres abominables, como Trump, o payasos, como Milei. Están usando nuestras categorías. Hay una batalla etimológica. Y la izquierda no tiene fuerza, no se acaba de articular para defenderse de esos ataques.”

A partir de la noción de que la cultura llega adonde la política no puede, el ex director del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos resalta el papel de los intelectuales diplomáticos, sea en misiones oficiales o informales, tomando por ejemplos a los mexicanos Carlos Fuentes, Octavio Paz y Alfonso Reyes, y de Cuba, a Alejo Carpentier.

La Jornada, medio fundamental

La referencia a México lo lleva a introducir el concepto de “colonialismo interno”, desarrollado por el sociólogo Pablo González Casanova: “El colonialismo no terminó con las independencias. Sigue sometiendo a minorías indígenas y culturas enteras”.

Y también a reconocer el papel de La Jornada: “Es un medio alternativo fundamental, el más importante de lo que se llamaría realmente izquierda hoy en el mundo”.

Entre otros temas, en el seminario se hará un repaso histórico de los mecanismos de exclusión cultural, tomando de referente el Código Hays, estricta normatividad de autocensura moral aplicada a la producción cinematográfica de Hollywood entre 1934 y 1968.

Omar González recuerda que fueron centenares los cineastas perseguidos con el propósito de dar la señal de que no se permitirían las ideas comunistas. Uno de los personajes que comparecieron, recordó, fue Bertolt Brecht.

“Ese proceso es muy aleccionador de hasta dónde llega el sistema de exclusión”. Esa historia se actualiza hoy en las órdenes ejecutivas contra la ciencia y la cultura. En Estados Unidos, apunta, hay más de 8 mil títulos censurados en escuelas públicas.

Otros rubros a tratar serán las redes sociales y “el pecado original” de la incultura. Según Omar González, tales redes no fueron creadas con fines culturales, sino bajo la lógica del mercado. El resultado es “el zombi planetario”: un individuo sin identidad fija, manipulado por algoritmos.

Más información del seminario e inscripciones en el email: latinoamericanos@posgrados.unam.mx.

Tomado de REDH-Cuba.

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