Trump debilitado y Xi con nuevas bazas: ¿cómo llegan EE.UU. y China a las negociaciones?
ras más de dos meses de intensa guerra contra Irán, Donald Trump por fin se dirige a Pekín, una visita que en un principio debía haber tenido lugar en marzo pero se vio frustrada por el conflicto en Oriente Medio.
Paradójicamente, la guerra, concebida como una forma de debilitar a China golpeando sus suministros de petróleo y a uno de sus socios clave, terminó por complicar notablemente la posición del propio Washington. Mientras el presidente estadounidense intenta mantener el control de la situación, Pekín se presenta a las negociaciones con nuevas palancas de presión y una sensación de ventaja estratégica.
Trump, debilitado por la guerra
En una conversación con RT, Marco Fernandes, miembro del Consejo Civil del BRICS y analista geopolítico del medio Brasil de Fato, destacó el carácter excepcional de la reunión para las relaciones chino-estadounidenses.
«Al menos en un aspecto, esta reunión entre Trump y Xi será histórica: nunca antes, en una cumbre entre China y Estados Unidos, un presidente estadounidense se había mostrado tan debilitado frente a un presidente chino», afirmó el experto.
Según sus palabras, Pekín ha acabado siendo uno de los principales beneficiarios de la guerra en torno a Irán.
«Trump puede incluso lograr eventuales acuerdos comerciales (como la venta de aviones de Boeing o productos agrícolas), o alguna alianza en la lucha contra el tráfico de drogas, pero la verdad es que, en este momento, China es una de las mayores beneficiarias de la derrota estratégica de EE.UU. en Irán, y tal vez Xi Jinping aproveche su posición para obtener alguna ventaja con respecto a Taiwán, como la reducción de la venta de armas», indicó.
Taiwán también se vio entre las partes perdedoras del conflicto, que agotó considerablemente las reservas de armamento estadounidenses y envió señales de alarma a los aliados de Washington.
«De hecho, Taiwán es también uno de los grandes perdedores de la guerra en Asia occidental: según estimaciones de estudios estadounidenses, tras gastar una parte considerable de sus reservas militares, EE.UU. tardará unos seis años en reponerlas al nivel necesario para defender a Taiwán en un eventual conflicto con China», opina Fernandes.
En este contexto, la líder de la oposición en Taiwán, Cheng Li-wun, también visitó Pekín en abril en una «misión de paz» por invitación de Xi Jinping, en la que fue la primera visita de un presidente del Kuomintang al continente en una década.
De acuerdo con CNN, la guerra contra Irán ha suscitado entre los taiwaneses dudas sobre hasta qué punto Estados Unidos podría mantener su atención si se producen varias crisis a la vez, y los retrasos en los envíos de armas, el agotamiento de las reservas de armamento y el enfoque transaccional de Trump hacia aliados y socios no hacen más que reforzar esas dudas.
En vísperas de las negociaciones, las autoridades chinas volvieron a subrayar que Taiwán sigue siendo un tema prioritario en sus relaciones con Washington. «La cuestión de Taiwán afecta a los intereses fundamentales de China y constituye la primera línea roja que no se puede traspasar en las relaciones entre China y Estados Unidos», declaró el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante asiático, Lin Jian.
Las nuevas bazas de Pekín
Sin embargo, Taiwán no es, ni mucho menos, la única herramienta de presión de que dispone China.
Poco antes de la visita de Trump, las autoridades chinas activaron por primera vez un mecanismo que, en la práctica, impide la aplicación de las sanciones estadounidenses contra cinco empresas chinas acusadas por Washington de comerciar con petróleo iraní.
La redacción del documento es bastante firme y se basa en tres negaciones inequívocas que rigen la forma en que las entidades chinas deben tratar las sanciones estadounidenses: «no reconocer», «no aplicar» y «no cumplir».
Tanto el instrumento en sí como el momento de su aplicación revisten especial importancia.
La base jurídica para esta decisión se estableció ya en 2021, cuando China adoptó normas para contrarrestar la aplicación extraterritorial de las leyes extranjeras. Durante cinco años este mecanismo no se utilizó, pero ahora que la medida está en vigor, la ley, parafraseando a Trump, ya no es un «tigre de papel».
La novedad clave radica en que las empresas chinas obtienen el derecho a presentar ante los tribunales nacionales demandas contra entidades extranjeras que cumplan con las sanciones estadounidenses y, por lo tanto, les causen perjuicios.
En otras palabras, si un banco, una aseguradora o un operador se niega a trabajar con las refinerías chinas sancionadas, corre el riesgo de enfrentarse a demandas judiciales en China.
El momento elegido es igualmente importante. La decisión se tomó justo antes de la visita de Trump, lo que, según Fortune, puede considerarse una especie de «alfombra de bienvenida» para el presidente estadounidense.
La carta de las tierras raras
Una herramienta de presión adicional siguen siendo las tierras raras, un sector en el que China todavía ocupa una posición dominante.
Pekín ocupa posiciones clave en las cadenas de suministro de elementos de tierras raras. Según datos de Bloomberg, alrededor del 4 % del PIB de EE.UU. —aproximadamente 1,2 billones de dólares— corresponde a sectores que dependen directamente de estos recursos.
Tomado de RT / Foto: Andrew Harnik / Gettyimages.ru

