Realidades sobre los presos cubanos en Estados Unidos (II)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Más allá de la ficción de novelas que entregan versiones distantes de lo acontecido, según la intención de los autores, son historias deformadas también por el paso del tiempo, pero la realidad de los presos de origen cubano en cárceles de Estados Unidos, muestra una imagen más cruda.

Titulares de medios estadounidenses llaman a la denuncia y reflexión, uno de ellos asegura: “Atrapados en el ‘infierno’: Solicitantes de asilo cubanos perecen en cárceles de inmigración de Luisiana”. A continuación, remarca la perturbadora realidad: “Suicidios, autolesiones, negligencia médica, aislados en segregación, puestos en cuarentena y dejados sin asesoría legal”.

Más de 100 hombres cubanos que han sido olvidados en las prisiones de inmigración de Luisiana han enfrentado estas y otras privaciones ya desde 2017, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) los encerró.

Los hombres, cuyas historias se relatan a continuación, han sufrido persecución severa en su país de origen antes de huir hacia los Estados Unidos. Todos ingresaron al país legalmente y están buscando asilo, tal como lo dicta el gobierno estadounidense. Se encontró que todos tienen un temor creíble de persecución o tortura en su país de origen por los oficiales de asilo que los evaluaron a su llegada. Ninguno ha cometido un crimen.Sin embargo, encerrados contra su voluntad, efectivamente se les niega una oportunidad justa para asegurar su liberación.

La cruel ironía es que la mayoría de los solicitantes de asilo que siguen la ley y se presentan en los puertos de entrada oficiales, no tienen el derecho de pedirle a un juez de inmigración su liberación de custodia” dijo Laura Rivera, una abogada del SPLC. “Al contrario, su única avenida para su liberación es pedirle a la misma agencia que los detuvieron, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés).”

Pero el DHS está ignorando su mandato de considerar detalladamente las solicitudes de liberación, y al contrario niega la libertad condicional sin justificación, dijo Rivera. A los hombres se les encierra escondidos del mundo exterior, encarcelados y castigados por defender sus derechos, y forzados a llevar sus casos ante jueces de inmigración que los niegan con índices de hasta el cien por ciento. Algunos han dicho que están siendo atacados “simplemente por ser cubanos”.

Para asegurar la liberación de los hombres, el SPLC y la Iniciativa para la Libertad de los Inmigrantes en el Sudeste (SIFI por sus siglas en inglés), un proyecto del SPLC que provee asesoría legal gratuita a inmigrantes detenidos a en todo el sureste de los Estados Unidos, se han aliado con otros abogados y colegas de Servicios de Inmigración y Defensa Legal (ISLA por sus siglas en inglés). SIFI también se ha acercado a legisladores federales y se ha involucrado en proyectos de sensibilización pública.

En el verano de 2018, los hombres participaron en una huelga de hambre y protesta pacífica para demandar que ICE les proveyera información sobre sus casos. Las solicitudes fueron ignoradas. Al contrario, fueron penalizados y fueron obligados a soportar el trato inhumano que ha llevado a que muchos sientan que enloquecen. La situación se vuelve peor cada día. Los peticionarios no entienden por qué los jueces están rechazando sus casos.

Algunos testimonios dados en anonimato por temor a represalias, revelan la triste realidad: “En Luisiana pueden hacerte lo que se les da la gana”.  “Un diabético tipo I, fue privado de atención médica durante ocho meses. Su azúcar en la sangre se disparó, su peso se desplomó, su vista deterioró y sus manos y pies se infectaron. Luego, fue arrojado al régimen de aislamiento”.

“Uno padece de dolor crónico, está limitado a una silla de ruedas, depende de otros detenidos para que le ayuden a bañarse, el único tratamiento diario que recibe son dos “píldoras misteriosas”, pero lo que más lamenta es que e siguió las reglas para llegar aquí”.

“Otro cubano cuando llegó a la frontera de EEUU buscando asilo, vino con la esperanza de encontrar un trabajo… Hizo fila durante ocho días bajo el calor sofocante sin cama, baño, o comida. Aún así, no era tan miserable como lo es ahora”. “Puesto en lista negra,  duerme en un cuarto con 70 otros detenidos, mientras llegan cada día más”.

“Otro, su esposa, quien llegó hasta los Estados Unidos con su hija de 5 años con enfermedad crónica, lo espera. Pero después de ocho meses en detención, está perdiendo la esperanza”.

“Un joven atleta prometedor, soñó una vez en ser entrenador de fútbol y enseñar en los Estados Unidos, llegó pero como un refugiado en cautiverio”. “Un técnico farmacéutico, está luchando por su libertad condicional para reunirse con su novia y su hija recién nacida, a quien nunca ha conocido”.

Se asegura que la llamada nueva “oleada” migratoria cubana hacia Estados Unidos, está alcanzado un elevado nivel. La conjunción de varios factores acumulativos debido a las sostenidas presiones económicas, más los efectos de la pandemia y la estimulación de las salidas ilegales del país, vía marítima dejada para quienes desean emigrar, el no otorgamiento de visas de inmigrantes y los obstáculos para poder viajar a Estados Unidos de forma directa desde Cuba, incluso para aquellos que tienen la ciudadanía española, que ahora se les exige visa estadounidense, el encarecimiento de los trámites, con la incertidumbre de la no respuesta positiva y no ser tildado de “posible inmigrante”, han fomentado una tensión para aquellos que desean emigrar.

Países del área han recibido presiones por parte de Estados Unidos, para  que añadan requisitos a viajeros cubanos, todo con la deliberada intención de no dejarlos salir de la Isla, como es su voluntad.

A lo interno en Estados Unidos el migrante cubano se ha devaluado, si bien hasta hace unos años eran mimados, atraídos con cantos de sirenas a la tierra prometida, ahora son maltratados ante la complicidad de la mal llamada comunidad cubana en ese país, que no actúa como tal, ni ejerce la presión que debería para proteger a sus coterráneos.

La revuelta de cubanos confinados en las cárceles de inmigración en Estados Unidos está en aumento. Al menos tres recluidos han intentado suicidarse en protesta por un largo confinamiento a la espera de una audiencia ante un juez de inmigración para escuchar sus pedidos de “asilo político”, que es el comodín para ser admitidos, aunque cualquier justificación de esa calificación, esté ausente.

Además, otros 19 cubanos han amenazado con hacer lo mismo, dijeron abogados de inmigración. Las protestas también se ampliaron a manifestaciones físicas como “sentadas” en las instalaciones carcelarias, todo esto en una prisión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), en Chaparral, en el condado de Otero, Nuevo México, según abogados y activistas de inmigración de la zona.

Los intentos de suicidio ocurrieron y son acultados. Según el diario Albuquerque Journal, por lo menos dos de los cubanos intentaron el suicidio cortándose las venas de los brazos con las tarjetas plásticas de identificación. En un gesto inusual, ICE confirmó los incidentes en un comunicado y reveló que todos los involucrados recibieron atención médica de inmediato, pero no dijeron si esa expresión extrema de protesta causó algún efecto. En otras cárceles, tales actos son premiados con castigos de aislamiento..

“El hecho de que he tomado esta decisión dramática de cortarme debe ser preocupante. Yo no soy así. Sólo necesito salir de esta cárcel y verme en una situación en la cual pueda ser tratado con más humanidad”, dijo uno de los autolesionados, de 32 años, en una declaración distribuida a la prensa por su abogada.

Según la directora de servicios legales del Centro de Defensa de Inmigrantes de Las Américas, reveló que el suicida le contó que tomó la decisión de cortarse los pulsos cuando las autoridades carcelarias lo trasladaron a una celda de aislamiento conocida como “el hueco”.

“En esos momentos el lesionado sacó su tarjeta de identificación y comenzó a cortarse. Los carceleros lo llevaron al puesto medico porque la cantidad de sangre era enorme”. Él, el único de los tres cubanos que intentaron suicidarse, se presentó en julio en un puesto fronterizo en El Paso, Texas, y solicitó “asilo político”. En ese momento los regresaron a México a la espera de la audiencia. Pero dos meses después logró ingresar a Estados Unidos clandestinamente a través de Ciudad Juárez y se presentó ante la Patrulla Fronteriza, y así terminó siendo enviado a la cárcel de ICE en Nuevo México.

Mientras espera la audiencia, seguirá detenido hasta diciembre cuando sea la vista, cuando un juez decidirá si acepta su petición. Las posibilidades son mínimas, según su abogada, porque los cubanos que se encuentran detenidos en la prisión del condado de Otero, registran “un alto nivel de negaciones” de asilo por parte de los jueces quienes creen que aun siendo “perseguidos políticos” no tendrán problemas si son deportados a Cuba”. Los jueces están persuadidos, que los argumentos esgrimidos son falsos y no hay fuerza legal para ser admitidos por esa causal.

El centro de Defensa de los Inmigrantes, entregó al Albuquerque Journal una carta donde un grupo de cubanos intentó sensibilizar las autoridades hacia su realidad. “Llevamos detenidos entre 6 y 9 meses, por lo cual pedimos nuestra liberación. No seremos nunca una carga pública ni representamos un riesgo para la comunidad. La mayoría de nosotros somos profesionales que un alto nivel de estudios y queremos servir a la comunidad con nuestros conocimientos y contribuir al país”. El centro de detención del condado Otero es, una institución privada que presta servicios a ICE, por lo tanto no tiene ningún interés por disminuir la cantidad de detenidos, que es la fuente de ingresos.

Estas sombrías tribulaciones de los emigrados cubanos en cárceles de Estados Unidos, invitan a la reflexión sobre estas realidades, insuficientemente difundidas por las murmuradoras redes sociales, tendentes a difamar con asimetría.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: El Periódico.

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