¿Crisis migratoria en Cuba?

Por Raúl Antonio Capote * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

En las últimas semanas se ha incrementado en las redes sociales y sitios digitales contrarrevolucionarios la manipulación del tema migratorio cubano, la articulación mediática que responde a los intereses de Washington no se cansa de hacer llamados a la salida ilegal hacía los Estados Unidos.

Se fabrica, sobre la base de una situación real provocada por la crisis económica interna, luego de más de 2 años de pandemia y de incremento de las medidas coercitivas económicas implementadas por los EE.UU., un clima de tensión constante en torno al tema.

Se manipula las emociones de las personas mediante una verdadera avalancha de información falsa, de llamados a salir del país, de falsos testimonios de personas en Cuba ansiosas por emigrar, etc.

Eso en el escenario mediático, en el escenario real resultan llamativas las medidas adoptadas por algunas embajadas latinoamericanas para dificultar e incluso cerrar casi por completo del tránsito de los cubanos por su territorio, estableciendo condiciones muy difíciles de cumplir o negando visas y permisos.

Mientras se incentivan las salidas ilegales permanece aún casi cerrado el consulado estadounidense en la Habana, se incumplen los acuerdos migratorios entre ambas naciones y prácticamente no se otorgan visas en los consulados abiertos en otros países, situación que convierte el proceso normal de visado en una odisea.

Desde el triunfo de la Revolución la política migratoria de los EE.UU. hacia Cuba estimula flujos ilegales e irregulares, como parte de su política desestabilizadora.

Las relaciones migratorias entre Cuba y Estados Unidos siempre han tenido un sello distintivo; antes de 1959 la cercanía y los vínculos de dependencia marcaron el desarrollo de este proceso.

Entre los años 1950 y 1958 emigraron hacia Estados Unidos unos 65, 200 cubanos, que contando a los residentes y a sus descendientes llegaron a sumar 100 mil personas en ese país, a los que se sumaron en el año 58, 72 mil que viajaron con visa de no inmigrante.[1]

Como resultado del proceso revolucionario triunfante en la Isla en 1959, las relaciones de dependencia con Washington dejaron de existir y el proceso migratorio comenzó a ser utilizado como instrumento para desestabilizar.

El gobierno de EE.UU. organizó programas especiales migratorios sólo para cubanos, incluso se la otorgaba la categoría de Refugiado Político a todo aquel que salía de la Mayor de las Antillas y arribaba a ese país.

Para entender el carácter agresivo de esta política se debe estudiar la ley aprobada el 2 de noviembre del año 1966 por el Congreso Estados Unidos la “Ley para Ajustar el Status de los Refugiados Cubanos a la de Residentes Permanentes Legales de Estados Unidos, y para otros fines”, que fue firmada por el presidente Lyndon B. Johnson.

El cubano que llega a EE.UU., admitido o puesto bajo palabra (parolee) en Estados Unidos, que permanezca físicamente en el país durante un año, puede ser “ajustado” por el Fiscal General como extranjero admitido legalmente para residir permanentemente, lo que es extensivo y aplicable al cónyuge e hijo de este extranjero.

Imaginen por un segundo que esa Ley se aplicara para todos los ciudadanos de Latinoamérica que desean emigrar más allá del río Bravo.

Bajo esta ley, aún vigente, todos aquellos que llegan, incluso los que lo hacen de forma ilegal, tienen la posibilidad de ajustarse, y en un año y un día recibir la Residencia Permanente, luego en menos de 3 años pueden acceder a la ciudadanía norteamericana.

Los cubanos son los únicos inmigrantes que pueden de forma inmediata y automática, sin importar que hayan llegado de forma ilegal, recibir el Permiso de Trabajo, sin necesidad de presentar una Declaración Jurada de Manutención (Affidavit of Support) para recibir su residencia legal obtienen un número de seguridad social, beneficios públicos de alimentación y alojamiento, privilegios que no tiene cualquier otro inmigrante que solicite residir en Estados Unidos.

A todo eso sumémosle la violación constante de los acuerdos migratorios, la negación de visados de reunificación familiar, de no emigrantes y otros y el incentivo constante a la emigración ilegal.

¿Qué persigue esta política? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué desatar en estos momentos una campaña multifactorial para incentivar las salidas ilegales?

No cabe dudas de que se trata de crear una grave crisis migratoria.

Cómo lo ha advertido la propia Casa Blanca, culpando por supuesto a Cuba, una salida masiva puede ser considerada un hecho lesivo para la seguridad nacional de ese país y por lo tanto el gobierno tendría que tomar medidas.

Una crisis migratoria debidamente presentada por los grandes medios hegemónicos al servicio de Washington crearía la imagen de caos e ingobernabilidad en la Isla y bastaría entonces un simple llamado de uno o de un grupo de los llamados “opositores” para que se desate el pandemónium y los marines yanquis prestos y presurosos acudan a brindar “ayuda humanitaria” a los cubanos.

Hay otro factor importante, el fracaso de los planes que llevaron a los sucesos del 11 de julio, un plan meticulosamente preparado durante años que concluyó, como tantos otros, en un resonado fiasco, cuando los “opositores” que nada tenían de pacíficos y menos de espontáneos fueron derrotados por el pueblo.

De nada valieron entonces las campañas de descrédito, la inmensa maquinaria de guerra simbólica no logro vencer a la Revolución por más que lograra confundir a algunos, hubo manifestantes si, gente que salió a la calle movida por el temor a la COVID, por la penuria provocada por el cerco económico fortalecido, pero ninguno de ellos fue juzgado ni se encuentra en prisión.

Los que actuaron ese día bajo orientación de un gobierno extranjero buscaban crear el caos, generar la imagen de ingobernabilidad y propiciar la intervención de los Estados Unidos, lo dicen sus llamados de esos días, ahí están los miles de videos subidos a las redes llamando a invadir, a bombardear, a destruir.

Ahora vienen por más, no cejan en su empeño y buscan crear el caos, propiciar una situación que les permita justificar el viejo sueño de invadir a Cuba y derrotar a la Revolución, ahora, no creo que abril sea un mes propicio para tales planes, en verdad ni este mes ni nunca, pero menos abril, remember Girón.

Nota
(1) Fuente MINREX, www.cubagob.cu/rel_est/acuerdos.htm.

 

(*)  Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

Foto de portada: Omara García Mederos.

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