Lecciones de abril

Por Liset García * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

A Cuba no la volverán a tener jamás, ni tras un diluvio de metralla y de mentiras, es lo que dan a entender los cubanos dispuestos a impedirlo, y que aún siguen reafirmándolo. Esa es una de las lecciones de abril, como el de hace 61 años cuando una parte de la población que vive en el país hoy aún no había nacido.

Pero han crecido sabiendo que al amanecer del 15 de abril de 1961 aviones de combate yanquis con insignias cubanas bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. La mentira, que sigue siendo una de sus armas, sirvió para construir la noticia de que se había “sublevado la fuerza aérea de Castro”, nota a la que pretendieron dar credibilidad con la declaración de un supuesto aviador militar cubano desertor que había aterrizado en Miami.

Se trataba de un piloto de la flota de la CIA que actuaba contra Cuba desde esa mañana, mientras el representante de Estados Unidos en la ONU, se esforzaba por convencer de esa “verdad” a su Consejo de Seguridad.

El bombardeo pretendía destruir en tierra los siete u ocho aviones destartalados de las fuerzas revolucionarias, propósito fallido pues el mando militar cubano ya había ordenado dispersar y enmascarar esos equipos.

Los artilleros antiaéreos, casi todos menores de 20 años, respondieron con un torrente de fuego y derribaron una primera nave enemiga. Uno de ellos, víctima de la metralla yanqui, escribió moribundo con su sangre la palabra Fidel en un muro. Esa fue su última lección, convertida en símbolo desde ese momento.

Así transcurrió el preludio de la invasión yanqui por Playa Girón, lugar escogido para establecerse con un gobierno que daría la libertad al pueblo cubano. Así como cuando pactaron con España en 1898 el cese de la guerra que los mambises habían ganado luego de más de 30 años de sangre y machete.

Los cerebros de la CIA y el Pentágono que planificaron, organizaron y apoyaron la invasión, daban por sentado que el oprimido pueblo de Cuba se uniría masivamente a sus libertadores.

Lo sucedido después con la brigada mercenaria apareció con precisión cinematográfica en páginas y páginas de los periódicos y de la revista Bohemia y en otras publicaciones del mundo, donde no se pudo tapar el sol con un dedo. En aquel 16 de abril, en el entierro de las víctimas de los bombardeos previos a la invasión, Fidel declaró a Cuba socialista, opción respaldada por los miles de milicianos presentes con sus fusiles en alto.

Todavía caminan por las calles de Cuba los héroes de Girón para atestiguar que en aquella playa detonó la espoleta que aceleró el proceso revolucionario, que los yanquis querían apagar a fin de impedir que aquel ejemplo de dignidad siguiera repartiéndose entre los revolucionarios de Nuestra América. La victoria puso en claro el mayoritario apoyo del pueblo a su Revolución, y desde entonces, aprendida aquella lección, ha sido espejo para mirarse y saber cómo se defiende.

Se sabe de sobra que el país del norte prefiere las razones de la fuerza que la fuerza de las razones. Por eso no parece sobrar otra demostración como las de cada 16 de abril, para hacer bien explícito que ese pueblo, dispuesto a cantarle a la patria y preparado para resistir, con la fuerza heredada de la carga al machete de sus mambises, sabe que la bandera existe para mantenerla en alto y que no se dejará arrebatar lo conquistado como en otros momentos de su historia.

Los manuales de la CIA se han actualizado, pero su esencia sigue intacta. A Cuba la han acusado de pretender un programa nuclear con fines no pacíficos, como hicieron con Irán. De narcotráfico, como en su tiempo a Panamá, donde se sabe lo que ocurrió. Otra acusación hablaba de querer fabricar armas biológicas, parecido a lo de Iraq después, y también se sabe en qué paró.

El país entró, salió y volvió a estar en la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, y ahora entre los que reprimen una supuesta oposición y que aquí no se respetan los derechos humanos. Todo según Estados Unidos, pese a que no hay muestras ni de muertos, ni de torturados, ni de desaparecidos, ni de negación de garantías.

Siguen con la fábrica de pretextos ¿para bombardear a Cuba? Han dicho varios especialistas que hacerlo montados en una mentira, no será aceptado por quien tenga dos dedos de frente. Al parecer el estilo actualmente preferido es el bombardeo con mentiras –que afuera y adentro algunos se creen–, aunque no estén descartadas las bombas.

Pero, la anexión y el injerencismo no están en la agenda de los buenos cubanos, estén donde estén y vivan donde vivan, esos mismos que apuestan por no olvidar abril y su lección de unidad junto a Fidel, el hombre que la Patria sigue contemplando orgullosa.

 

(*) Periodista cubana.

Foto de portada: Archivo Revista Bohemia.

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