Desde la eternidad de los ejemplos excepcionales, Vilma

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Junio la evoca. Resuena su nombre, se desdobla la inmensidad de su figura nunca inerte, y encontrarla no se hace difícil, porque es posible descubrirla entre millones de rostros de mujer que conservan intactas su voluntad, ternura, sonrisa y, sobre todo, la confianza en la obra a la que entregó sus más puras energías. Desde la eternidad de los ejemplos excepcionales, Vilma Espín Guillois acompaña todavía el andar seguro y pleno de la mujer cubana.

Los sueños que nacieron en Santiago

Aunque era notable su dedicación al estudio, lideró por algún tiempo el equipo de voleibol universitario, cuyo nombre era nada más y nada menos que Mambises.

Amaba sin duda el ambiente universitario. «Me gusta la Universidad –decía– por el ambiente de superación cultural que en ella impera. Es digno ver cómo la frivolidad de las charlas juveniles va desapareciendo para dar paso a conversaciones sanas y meditadas. Pero, sobre todo, me gusta la Universidad por la fraternidad que existe entre todos, sin importar la diferencia de credo, raza u opinión».

No obstante, hubo algo más que se formó para ella en esos años, algo que la definiría para siempre y la convertiría en el ser excepcional que fue: su conciencia revolucionaria.

Cuando el 14 de julio de 1954 concluye su último examen y se convierte en ingeniera química industrial, también era ya una revolucionaria convencida, con ansias de hacer mucho en bien de su país.

La luchadora que creció con la ingeniera

A la par de su vida estudiantil, Vilma llevó también el desarrollo de un activismo patriótico que fue in crescendo, a medida que maduraban sus ideales políticos.

Intensa fue su labor en la organización de la Federación Estudiantil Universitaria, lo que le permite comenzar a desarrollar sus habilidades de liderazgo, su capacidad de persuadir, aglutinar, comunicar.

A raíz del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, se incorpora a los actos y manifestaciones de repudio y se suma al Movimiento Nacional Revolucionario, que tenía a Frank País como jefe de acción provincial.

Los sucesos del Moncada calaron en ella profundamente, al igual que el alegato de autodefensa del joven abogado Fidel Castro, a quien reconoció de inmediato como un líder y como un gran ideólogo.

Vilma fue de las más estrechas colaboradoras de Frank País en Acción Revolucionaria, aunque una vez liberados los moncadistas y ya creado el Movimiento 26 de Julio, pasa a ser este su nuevo frente de lucha.

La joven ingeniera obviamente no ejerció su profesión. La lucha por la libertad de la Patria, el quehacer incansable desde las sombras del clandestinaje, el riesgo constante ocuparon ya para siempre su vida. La elección estaba hecha, sin indecisiones ni posibilidad alguna de retroceso.

De ahí en adelante serían cada vez más arriesgadas las misiones y mayores las responsabilidades; pero algo estaba claro, aquella mujer llena de audacia, de fuerza, de convicción, era capaz de asumirlas, crecerse ante ellas y, sobre todo, desdoblarse para cumplirlas brillantemente.

Su accionar, llegado el momento, determinó su paso completamente a la clandestinidad.  Ya para 1958 se consagra como guerrillera y abraza el verde olivo libertador.

Vilma: Una mujer en Revolución

Hecha para grandes empeños, era lógico que, tras el triunfo revolucionario, Vilma deviniera, aun sin proponérselo, en un ejemplo para la mujer cubana que, de manera espontánea, comienza a darle un lugar de liderazgo, a seguirla.

Es por eso que en los primeros meses de la Revolución ya se acercan a ella, con interés de organizarse, para contribuir así de manera más directa a la naciente obra. De esos diálogos salen interesantes propuestas que ella hace saber al Comandante en Jefe.

Lógicamente, la visión única de Fidel, respetuoso siempre de la fuerza de nuestras mujeres y sabedor del carácter y la entrega de Vilma a cada misión encomendada, le da la tarea de trabajar en pos de ese justo reclamo.

Es así que, después de una intensa labor organizativa en cada rincón del país, surge la Federación de Mujeres Cubanas, que por mérito propio la elige como su presidenta y que, sobra decirlo, ha devenido en pilar indispensable para la superación de las mujeres, su crecimiento y plena integración dentro de la sociedad; pero que ha sido, esencialmente, un frente de vanguardia, si de la construcción de la obra revolucionaria se trata.

Bajo la guía indiscutible de Vilma, y con el empuje de su sensibilidad humana, de su inagotable energía, mucho se hizo desde entonces para dignificar a la mujer y darle la oportunidad de contribuir al crecimiento de la sociedad justa por la que ellas también habían luchado tanto, pero desde una posición de igualdad, y se abrieron cientos de oportunidades.

Fueron hitos la creación de la Escuela para Campesinas Ana Betancourt, las Escuelas Nocturnas de Superación para Domésticas, el plan nacional para erradicar la prostitución, y algo tan hermoso y único como la creación, en 1961, de los círculos infantiles, cuyo impacto ha sido innegable en la vida de las madres trabajadoras.

Lo que Fidel llamó a ser una revolución dentro de la Revolución cumplió con creces esa máxima, y en el centro de ese torbellino transformador, empeñado en barrer los rezagos de una sociedad donde la mujer tenía muy pocas perspectivas de crecimiento personal, estaba ella, incansable, inspiradora, llena de luz y desbordante de energía para motivar primero, con el ejemplo, a quienes la secundaron más como colaboradoras y amigas, que como subordinadas.

La otra mirada

Entre tantos y tantos méritos, también tiene ella el de comprender e impulsar tempranamente, para el socialismo cubano, una visión de género que transversalizara a la sociedad cubana, como premisa para el logro de la emancipación real de la mujer.

Su preclaro pensamiento la llevó a impulsar el estudio y análisis a profundidad de las problemáticas y vulnerabilidades que se generaban en todos los ámbitos de la vida de la mujer. De ahí que, no sin escollos ni tropiezos en una sociedad profundamente machista, fuera posible la paulatina asimilación de esos aspectos.

Así, las políticas sociales, la legislación, comenzaron a tener un carácter más inclusivo. Con el empuje de la fmc, inició entonces una batalla para enfrentar estereotipos, prejuicios, para visibilizar a la mujer más allá de los roles históricamente asignados para ellas. Así también se fortalece el enfrentamiento a toda forma de discriminación.

Grupos de trabajo intersectorial, iniciativas y proyectos de diversa índole comenzaron a ver la luz, y términos como violencia de género o violencia intrafamiliar comenzaron a visibilizarse.

Si se dice Editorial de la Mujer, casas de orientación a la mujer y a la familia, se dice también FMC, se dice Vilma.

Aun más, si se habla del Programa Nacional para el Adelanto de la Mujer, o del proyecto del nuevo Código de las Familias, habrá que decir sin lugar a dudas, también, FMC, Vilma Espín.

Fidelidad, humanismo e infinito amor

Hay tanto de entrega y dedicación en su existencia, tanto de fidelidad y solidez de principios, tanta obra excepcional, que uno se pregunta de dónde sacaba ella las fuerzas, el tiempo para imprimir a cada obra un pedazo de su inmenso corazón.

La sencillez y la humildad fueron rasgos distintivos de su personalidad. Nunca persiguió reconocimiento alguno por lo que consideraba su deber.

Entre sus más genuinos legados está el de haber sido una dirigente de pueblo, que recorrió todos los rincones de esta Isla, que trató siempre con respeto y dulzura a las personas. Por eso fue siempre tan cercana, tan nuestra.

Fue voz de la mujer cubana en disímiles escenarios internacionales, conoció y compartió con movimientos feministas de otros países y regiones y abrazó las causas nobles de millones de mujeres que en el mundo libran cada día duras batallas para reivindicar sus derechos.

Y como recoge amor quien siembra amor, la noticia de su muerte conmocionó muchos corazones dentro y fuera de Cuba. Corazones que hoy, a 15 años de su adiós físico, la sienten presente.

Nadie pudo definir esa presencia eterna mejor que su compañera y entrañable amiga, gran mujer y revolucionaria intachable también, Yolanda Ferrer Gómez:

«Renacerá en la sonrisa de las niñas y los niños, adolescentes y jóvenes que la conocerán, a través de los relatos de sus abuelas y abuelos, de sus madres y sus padres, de sus profesoras y maestros; a través de las páginas de los libros y en los documentales que recogerán su heroísmo y sus esfuerzos por contribuir a forjarles un futuro cada vez más feliz. Nos guiarán sus ideas, sus enseñanzas y su ejemplo imperecedero».

Tomado de Granma/ Foto de portada:  Liborio Noval/ Archivo.

 

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