Las sonadas disputas entre Estados Unidos y México por el sector energético (y el porqué de la arremetida contra López Obrador)

Por Javier Buenrostro.

El pasado 20 de julio, EE.UU. anunció que solicitaría a México consultas para la solución de controversias en temas del sector energético, de acuerdo al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Estas consultan tienen que ver con algunas decisiones que México ha tomado y que a ojos de Washington «socavan a las empresas estadounidenses y a la energía que se produce en Estados Unidos, a favor de la empresa eléctrica del Estado mexicano, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), así como la empresa estatal de petróleo y gas, Petróleos Mexicanos (PEMEX)».

En pocas palabras, EE.UU. le reclama a México que ponga por delante la soberanía de nuestro país a las ganancias de las empresas estadounidenses. Estaban tan acostumbrados a hacer lo que querían en México las empresas y gobiernos estadounidenses, que una postura de sentido común les causa sorpresa e indignación, y buscan como salirse con la suya.

En pocas palabras, EE.UU. le reclama a México que ponga por delante la soberanía de nuestro país a las ganancias de las empresas estadounidenses. Estaban tan acostumbrados a hacer lo que querían.

El tema del sector energético siempre ha sido en extremo complejo desde hace más de 150 años. México pudo nacionalizar la industria petrolera en 1938, aprovechando la coyuntura en la que el mundo se encontraba en las vísperas de una conflagración mundial.

Desde hace algunos años vemos que el tema va adquiriendo más importancia geopolítica porque también el tablero internacional se ha reconfigurado. Todos sabemos de las constantes invasiones en Medio Oriente por el tema del petróleo. Europa depende desde hace mucho del gas ruso, turco, iraní y argelino que calienta sus inviernos.

España ha vivido en el último año importantes crisis sociales ligadas a la corrupción en el sector energético y al alza de las tarifas eléctricas, mientras que Francia acaba de nacionalizar la mayor empresa eléctrica del país y ha aumentado sus inversiones en energía nuclear. Alemania e Inglaterra, por su parte, sufrirán una mayor reducción de gas ruso que la acostumbrada y se vislumbra un segundo semestre de 2022 complicado para Europa por esta razón.

En EE.UU., durante el año pasado hubo importantes apagones en Texas que dejaron a comunidades sin energía por varios días y hasta semanas. Y antes han ocurrido problemáticas similares en California y Nueva York.

En México, el neoliberalismo pretendió por muchos años desmantelar tanto a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como a Petróleos Mexicanos (Pemex) y que el sector energético mexicano quedará en manos de privados. Además de corruptos, estúpidos. Evidentemente, el petróleo, el gas y la electricidad siguen siendo negocios muy rentables para cualquiera que participe en ellos. Pero, incluso si no fueran rentables económicamente, revisten temas de seguridad nacional que no se pueden dejar ni a privados ni a gobiernos extranjeros. Lo vemos con claridad actualmente con lo que pasa en Europa.

Es por esto que López Obrador siempre se propuso la soberanía energética. Su objetivo es que la industria eléctrica nacional vuelva a tener un papel preponderante dentro de la generación de energía, ya que es una forma de preservar la autosuficiencia como condición para garantizar la seguridad nacional y el derecho humano a la vida digna.

López Obrador siempre se propuso la soberanía energética. Su objetivo es que la industria eléctrica nacional vuelva a tener un papel preponderante dentro de la generación de energía, ya que es una forma de preservar la autosuficiencia.

En esta columna hemos comentado varias veces sobre las reformas a la industria eléctrica en México y las disputas que por esta cuestión ha habido entre el gobierno de López Obrador y las empresas privadas, principalmente las españolas, como Iberdrola. En otros gobiernos, las relaciones entre conservadores mexicanos y españoles dieron origen a una importante red de corrupción donde las empresas españolas salieron muy beneficiadas.

Pero no fueron las únicas. También diversas empresas estadounidenses han obtenido jugosos contratos cuya legalidad debe de cuestionarse, tanto por todo lo relacionado a posibles actos de corrupción, como a las cuestiones de soberanía energética y de seguridad nacional.

Pero parece que hay quienes no quieren darse cuenta que México vive otros tiempos. Ya no son los de ser el patio trasero o de sumisión a los intereses del imperio. Ya no son los del apogeo neoliberal, ni en México ni en el resto del mundo. No son tampoco los del conservadurismo mexicano y del fetichismo hacia lo foráneo, que en México llamamos malinchismo.

Pero como ciertas empresas no entienden que son otros tiempos han ido a quejarse con su gobierno para que acuda en su rescate. En vez de adaptarse a la nueva época, pretenden que el gobierno estadounidense inicie disputas diplomáticas para que ellos puedan continuar con los favoritismos de antaño.

Y el presidente Biden ha caído en ese enredo. No es de extrañar. El presidente de EE.UU. no es tan poderoso como parece. Ya en el pasado, Clinton y Obama actuaron como empleados de Wall Street y del sistema financiero, mientras que la dinastía Bush y los republicanos respondían a los intereses de la industria bélica energética, donde son dueños de varias empresas.

Biden, a diferencia de otros demócratas más ligados con el sector financiero, tiene ligas personales con el sector energético. Su hijo, Hunter Biden, recibió hasta 50.000 dólares al mes por servir en la junta de Burisma, una compañía ucraniana de energía, de 2014 a 2019. Y hoy, Joe Biden hace que el gobierno estadounidense funja como el abogado particular de grandes trasnacionales.

El camino que queda por delante no es sencillo ni para EE.UU. ni para México. Si Washington se ampara al T-MEC en el sector energético, tendrían que revisarse también con lupa otros sectores como el automotriz o el de lácteos, donde las disputas existentes que hay con México y Canadá podrían escalar de nivel. ¿O EE.UU. piensa que sus empresas son impolutas y no violan nunca tratados internacionales?

Para México tampoco será un paseo en el parque, pero el calendario parece favorecerle debido a que las consultas y sus definiciones técnicas y legales podrían extenderse hasta mayo de 2023, lo que da un margen de maniobra suficiente para las negociaciones políticas, que no son ajenas a lo que ocurre en el resto del mundo, concretamente con Rusia y China.

Y por si no fuera suficiente, López Obrador ya adelantó que prefiere salirse del T-MEC antes que perder soberanía o ser un títere de un gobierno extranjero. Resulta destacable que una postura más completa al respecto será dada a conocer el 16 de septiembre, en la celebración de la independencia de México.

Este es un episodio más de una historia a la que le faltan todavía varios capítulos. 

 

Tomado de RT/ Foto de portada: Marco Ugarte.

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