La viruela del mono y el regreso de lo peor de la desinformación y la homofobia

Por Euge Murillo.

Como ha quedado demostrado desde la irrupción del sida, los pánicos morales también estallan ante una explosión viral. Las noticias sobre la viruela del mono no escapan de esa lógica. Aunque es poco lo que se sabe sobre esta enfermedad, los mensajes que se propagan por Argentina y el mundo se ocupan de reproducir más prejuicios que evidencia. Esta nota reúne información necesaria para el cuidado y la prevención, a contrapelo de esos discursos odiantes.

Es un deja vu de lo que pasó con el VIH en los 90” dice Sergio Maulen, médico infectólogo y activista por los derechos sexuales». Se refiere a cómo a partir de la viruela símica o del mono se amplifican informes, recomendaciones, comentarios y sobre todo noticias que estigmatizan las prácticas sexuales por fuera de la heteronormatividad.

El relato se teje a gran velocidad y es: lo que hacen los putos, desviadxs y promiscuos es lo que pone en peligro al resto. Por eso, las advertencias están geolocalizadas en las fiestas, los saunas y orgías, y es allí donde aparece «el grupo de riesgo» eyectado por los relatos estigmatizantes. No tiene argumentos y funciona de manera distinta al “grupo de riesgo” que hay que cuidar, a este grupo de riesgo, no se lo cuida y se le adjudica la responsabilidad de la propagación.

Lo dicen la mayoría de los periódicos del mundo occidental mas o menos de esta manera: “En el brote actual de viruela símica, casi todo los casos se han presentado en hombres adultos que tienen sexo con otros hombres”. El discurso se estructura en otro vértice fundamental: las fiestas, porque son lugares en donde asisten muchas personas. Entonces, hombres que tienen sexo con hombres en los únicos lugares en donde asisten muchas personas. Si bien el relato podría sonar delirante, en primer lugar por la cantidad de alternativas de lugares que no son fiestas y a los que asisten muchas personas, y en segundo lugar por restringir el acceso a la sexualidad solo a los hombres (léase aunque no se especifique: homosexuales); tiene pregnancia y provoca, desde el conservadurismo más rancio, el discurso estigmatizante sin profundizar en las razones de porque la enfermedad afecta a determinadas poblaciones.

“Este discurso que señala y vuelve a poner en ese lugar a los varones gays y bisexuales tiene un doble riesgo que ya vivimos, la estigmatización a quienes son señalados y el ‘pase libre’ a quienes no son parte de ese grupo” señala Maulen y agrega “cuando con el VIH advirtieron el error de ese mensaje ya había millones de mujeres y varones heterosexuales, que no estaban en los grupos señalados, que se habían infectado”. Lo que dice Maulen no es menor, además de discriminar y segregar a quienes son señaladxs, expone a quienes no se sienten en esos “grupos de riesgo”. 

“Con el VIH, además, como en cualquier infección de transmisión sexual, siempre hubo en el mundo muchas más personas heterosexuales infectadas que homo y bisexuales, pero la fuerza de ese discurso inicial nunca pudo superarse”, relata quien fue Director de VIH y ETS del Ministerio de Salud de la Nación hasta 2020.

“Hombres que tienen sexo con hombres” se desprende del relato sobre el VIH del siglo pasado y traza un puente con la viruela símica en donde la discriminación y estigmatización tiene vía libre: “Esto no significa que la estrategia sea esconder que los varones gays y bisexuales se están infectando en este momento y que deben recibir información y deben cuidarse. Pero ya aprendimos que el señalamiento a las personas LGBT, especialmente en países donde aun están criminalizadxs, refuerza el estigma y la discriminación y no favorece el cuidado. Las miradas moralistas, sobre las formas de vincularse o las prácticas de cualquier grupo, nunca han ayudado ni a mejorar su salud ni sus derechos”, explica Maulen.

¡Cuidado! Acá están los números
“El primer caso de viruela símica fue detectado en un niño en la República Democrática del Congo en 1970, a partir de ese momento surgieron otros en distintos países del continente africano convirtiéndose en una enfermedad endémica”, dice el informe publicado esta semana por el Ministerio de Salud de la Nación, un documento que está en constante actualización. 

El informe señala que la viruela símica es una zoonosis viral, es decir, causada por un virus transmitido de los animales a los humanos y que actualmente existen según la OMS 26.017 casos confirmados de viruela símica en 85 países, zonas y territorios. A nivel nacional y desde el 22 de mayo de este año se registraron 37 casos confirmados.

La transmisión de persona a persona puede producirse por contacto estrecho con secreciones de las vías respiratorias, con lesiones cutáneas de una persona infectada o con objetos contaminados recientemente”, explica Jorge Correa, Médico infectólogo del Hospital Muñiz. Esto puede suceder en distintas situaciones en donde las personas sostienen un contacto cara a cara prolongado, los llamados también, en el nuevo universo semántico instalado con la última epidemia mundial del Covid19, “contactos estrechos”.

Jorge Correa explica que es importante la especificidad de la población a la que el brote esta afectando pero es igual de importante no detenerse solamente en eso: «del 98,8 % de los casos detectados, el 95 % refiere haber mantenido relaciones sexuales con otros hombres, esto se debe a la dinámica de contagio a través de lesiones que predominan a nivel genital. Sin embargo, cualquier persona que tenga contacto estrecho con una persona infectada, puede contraer la enfermedad».

Cómo se transmite la viruela del mono
El informe confeccionado por el Ministerio que encabeza Carla Vizzoti señala también que “la evidencia disponible no es categórica sobre la posibilidad de que el virus de la viruela símica se transmita por vía sexual”. Según Correa Respecto hasta el momento no se ha podido demostrar la presencia del virus de la viruela símica en fluidos genitales, sobre un tratamiento antiviral específico y eficaz, ni tampoco hay una respuesta vinculada al desarrollo de vacunas a gran escala. «Hoy, lo más importante es sensibilizar a los sistemas de salud para la detección temprana de los casos, el aislamiento y la atención de los mismos, así como la identificación y seguimiento de contactos durante 21 días desde la última exposición de riesgo», concluye.

Cuando se habla de  “contacto estrecho” se engloba a las relaciones sexuales en un enorme espectro de relaciones cercanas físicas entre personas que no se limitan estrictamente a la sexualidad pero sí implica un riesgo de contagio. Según Correa “los síntomas que deben alertar a la consulta son la aparición de lesiones muy dolorosas de diferentes características (ampollas, pústulas, ampollas, costras) y que pueden ser precedidas o ser acompañadas de síntomas generales como fiebre o febrícula, cefalea, malestar y dolor corporal, agrandamiento de los ganglios, entre otros”.

El informe del Ministerio también señala que “se considerará contacto estrecho a toda persona que ha tenido contacto físico cercano, incluido el contacto sexual, o contacto con materiales contaminados -como ropa, toallas o ropa de cama- o exposición estrecha sin protección respiratoria a menos de un metro por más de 15 minutos y sin barbijo; con un caso de viruela símica en cualquier momento a partir del comienzo de los síntomas”.

Menos pánico, más datos reales
Que la información y el cuidado estén fugados de los discursos estigmatizantes es un desafío, sobre todo cuando la ciencia le pisa los talones a los brotes: “la información precisa, de calidad, sobre cuidados, sin generar pánico pero con datos reales, es la mejor manera de que la gente tome medidas para su propia protección de acuerdo a su forma de vida, sus posibilidades y su contexto” en estas palabras Maulen sintetiza un camino que lejos de ser estrecho amplía horizontes sobre cómo no despistarse dentro de las enormes estructuras que se construyen a partir de los relatos que se estructuran en: «esto te pasa por coger».

Maria José Eusebio es médica infectóloga en el Hospital Británico de Buenos Aires, para ella es fundamental dejar de lado la estigmatización por orientación sexual o por etnia y  vincular al riesgo de exposición: «estigmatizar es un error e irresponsabilidad que refuerza estereotipos homofóbicos y racistas. Debemos evitar que se establezca una relación directa con una población determinada como ya ha ocurrido con el VIH/SIDA. Se debe tomar como eje el cuidado y la consulta médica ante la sospecha de caso independientemente de la identidad sexual, género o autopercepción de cada persona” explica.

El trayecto por un camino de información, prevención y cuidado se vuelve cuesta arriba cuando, por ejemplo desde instituciones como la Sociedad Argentina de Infectología se publican recomendaciones en forma de tuit tales como “si viajaste a países donde hay casos confirmados y estuviste en fiestas sexuales o saunas, aíslate en tu domicilio”. 

Demandar que haya información para el cuidado y la prevención es una estrategia que desde los activismos está aprendida. Por fuera de los discursos odiantes, hay una práctica para ir a contrapelo de la comunicación estrictamente heterosexual, moralista y conservadora, sin embargo el discurso del terror LGTIBQ siempre esta a la orden del día.

 

Tomado de Página/12.

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