Argentina: Enfermos de odio

Por Jon Kokura.

No actuaron solos. 25 minutos antes de las 9 de la noche del jueves 1 de septiembre a Fernando Sabag Montiel, de 35 años, y Brenda Uliarte de 23 les informaron que Cristina Fernández de Kirchner salía del Congreso y se dirigía a su casa en Recoleta.

10 días llevaban una multitud de partidarios haciéndole «el aguante» en la puerta de su domicilio.

Las cámaras de seguridad grabaron a Fernando y Brenda, caminando decididos a tomar posición para ejecutar a la Vicepresidenta de Argentina.

El plan que les enseñaron (porque no fue una idea de dos giles de cuarta, que vendían copos de azucar en la vía pública)

Reitero, el plan era simple, efectivo y nada descabellado.

Confundirse entre los partidarios de Cristina Kirchner, acercarse a menos de un metro de distancia, sacar el arma, apuntarle a la cabeza y disparar.
Sabag Montiel y Brenda Uliarte usaban barbijo (mascarilla).

No lo hacían por el Covid-19.

No querían ser reconocidos. Ya eran «famosos» por su postura anti kirchnerista. Habían salido más de una vez en el canal de noticias «Crónica TV» haciendo el papel de «Trabajadores castos, puros y sacrificados, que se ganaban los porotos sin pedirle nada al gobierno peronista, como tantos otros vagos».
Llegaron juntos… pero no revueltos. Las cámaras los toman, él caminando adelante. Ella un poco más atrás, como dos extraños. Pero no, tenían una complicidad amorosa y algo más.

Brenda llevaba una bolsa de tela en la mano izquierda.

En esa bolsa iban a guardar el arma después de dispararle a Cristina.

Y en medio del caos, gritos, llanto, pánico e histeria pública, Sabag Montiel se iba a ir caminando hacia un lado y Brenda Uliarte con la pistola Bersa 32′ oculta en la bolsa, en sentido contrario.

¿Los iban a estar esperando para sacarlos del lugar? Sin duda que sí.

El sicario gatilló dos veces y la bala no salió. El destino, Dios, La Virgen, un ángel, el azar… lo que usted crea o no crea, le salvó la vida a la expresidenta.

A veces pasa.

Al expresidente Raúl Alfonsín (1927-2009) un gendarme le gatilló una pistola calibre 38′ a quemarropa y las balas no salieron.

Después de matar a Cristina iban a huir favorecidos por el horror y la angustia de la gente en el lugar… tiene sentido, la seguridad de la Vicepresidenta hace agua por todos lados, dejando un manto de sospecha.

De hecho, en el frustrado magnicidio, fueron los militantes peronistas los que redujeron al agresor. Y lo entregaron a la policía.

Mientras Brenda Uliarte se iba muy tranquila, silbando bajito y con cara de yo no fui.

No fue un plan de una pareja de pseudo vendedores de algodón de azúcar en la vía pública. Con delirios nazi fascistas de tanto masticar odio en los medios de comunicación.

No.

Pasaron cosas.

La policía no esposó a Sabag Montiel… Y el sujeto casi comete un magnicidio.

Después, alguien de la fuerza o la justicia borró los datos del celular del sicario… y dejó el teléfono en cero, como recién salido de fábrica.

Y en eso de borrar, sabotear, ocultar, adulterar, falsear información en teléfonos celulares, tablets, computadoras o cualquier aparatito de comunicación y data, la delictiva justicia argentina da cátedra.

Desde el misterioso celular del fiscal Nisman, al del artesano Santiago Maldonado… Desde la tablet de Natacha Jaitt (qepd) que contenía un listado VIP de violadores de niños. Hasta la tragedia, no explicada aún, del submarino ARA San Juan.

Es una justicia tan corrupta, enmierdada de pies a cabeza por los dueños de Argentina.

Que no se espera nada honesto de ella. Lo peor siempre va a pasar.

Como no saber jamás, quienes verdaderamente pusieron a estos dos personajes, Fernando y Brenda, marginales y manipulables como la masa para hacer pan. En el escenario para asesinar a una mujer llamada Cristina.

Y lo de manipulados queda en evidencia.

Cuando Brenda, post atentado da una conferencia al canal Telefé. Rodeada de cinco sujetos sombríos. La banda de los copitos de azúcar y nada tiene que ver con el rock, créame.

En la entrevista aún se hacía llamar Ambar, usaba una gorra para cubrir su cabello recién teñido de rubio furioso y hablaba en tercera persona: «No somos terroristas» «No nos dejan trabajar» «Nos amenazan por las redes sociales».

Brenda no manejó las respuestas, lo hizo un sujeto sentado a su derecha de nombre Gabriel Nicolás Carrizo.

Con Nicolás Carrizo salieron del barrio Pompeya rumbo a Recoleta el día del atentado.

Fernando Sabag Montiel es un tipo solitario, sin familia, silencioso. Rentaba una casa que heredó de su madre. Tiene tres autos con los que prestaba servicios en Uber. Los tres autos están rotos y no se ha molestado en repararlos. Por eso anda a pie.

Alquila una habitación con baño que convirtió en un chiquero. Allí, en una bolsa con ropa sucia la policía encontró dos cajas con cincuenta balas cada una.

A la pistola Sabag Montiel le puso seis balas. En algún lugar disparó un proyectil para probarla, el arma funcionaba bien.

Brenda Uliarte tiene una familia fragmentada. La crió su abuela materna que falleció el 2018.

Eduardo, su tío materno es un hombre humilde y cristiano.

La vío crecer desde pequeña y llora cuando habla de su sobrina.

Ante él hay una Brenda que no conocía, la de los perfiles falsos en las redes sociales, uno de ellos, un sitio porno en el que su sobrina participaba.

La Brenda cómplice en un intento de magnicidio.

Por eso Eduardo llora. Y la sinceridad de sus lágrimas conmueve.

Del otro lado, el odio inyectado en la sociedad argentina por los medios de comunicación, las 24 horas de día. Los 365 días del año.

¿Vale la pena odiar tanto?

En una manifestación del odio, como las que ocurren habitualmente en el centro de Buenos Aires… entre cientos de odiadores emerge una mujer de unos 60 años, cubierta con una bandera argentina y grita: «¡Sacrifiquen a la yegua, necesitamos un sicario que le pegue un tiro en la nuca a esa hija de remilputa!» (textual)
Yegua, entre otras cosas le dicen a Cristina Kirchner.
Y el anhelado sicario apareció…

Por fortuna para las buenas personas de cualquier filosofía, religión o color político; fracasó.

Pero el odio sigue latiendo.

«Estuve a un disparo de ser feliz», le dijo un abogado a Leonardo Uliarte, padre de Brenda.

Durante años la revista «Noticias» a publicado portadas agresivas, crueles, humillantes contra Cristina Kirchner.
Como si fuera un maltratador de mujeres más…

Francisco Sánchez, de 49 años, diputado macrista por la provincia de Neuquén, pretende enviar un proyecto al Senado de la Nación para condenar a Cristina Fernández de Kirchner a la pena de muerte por fusilamiento.

Hace 106 años fueron condenados por la justicia a la pena de muerte, dos inmigrantes italianos. Fusilados en 1916 fueron los últimos ejecutados.
Hace 174 años fue fusilada una mujer. Camila O’ Gorman de 23 años fue acribillada en el corazón en el año 1848.
Su delito, haberse enamorado de un sacerdote.

Señores y señoras políticos de derecha…

Señores y señoras de los medios de comunicación…

Estuvieron a un disparo de ser felices.

Enfermos de odio.

Jamás dejarán de gatillar.

 

Tomado del perfil de Facebook del autor / Foto de portada: AFP.

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