Cuba: La etiqueta del Estado fallido

Por Arleen Rodríguez Derivet.

Hoy hablamos de los cartelitos, de las etiquetas, de las palabras que se quieren imponer: El estado fallido, por ejemplo.

La etiqueta salió del laboratorio de donde mismo salieron otras de similar propósito como «dictador» y otras tan groseras que no podemos repetir aquí.

Todo forma parte del arsenal de palabras del discurso contra la Revolución cubana. En el caso del estado fallido, como recuerda Bárbara Betancourt, ya se ha usado antes para calificar a estados que, en nombre de su supuesto fallo, fueron invadidos, ocupados, dígase Iraq o Libia, estados que, por cierto, funcionaban perfectamente antes de ser invadidos y ocupados. Después que derrocaron a sus gobiernos y caotizaron a sus sociedades, nadie discute el término.

Reinier Duardo, por su parte calificó el término como nuevo caballito de batalla en la letanía anticubana, aunque aclaró que no es una creación de simples odiadores en redes sino de sus jefes. Lo estrenó para Cuba nada menos que Joe Biden en julio de 2021, tras los hechos vandálicos y la detención y sanciones a sus comisores.

Surge de los laboratorios de guerra psicológica, de donde va directo a la boca del Presidente Biden. Luego, en Florida, los peones de esa guerra lo repiten como papagayos.

El secretario de Organización del Partido, Roberto Morales, lo ripostó fuertemente el pasado día 5 en el acto en Cienfuegos.
Y es que, a veces, uno dice: mejor no responder porque le das promoción a los atacantes, pero éste no es el invento de un odiador en redes. Son etiquetas de laboratorio mediático que buscan establecer matrices de opinión y políticas de más sanciones y castigos que se pretende universalizar. Lo han dicho algunos de ellos, abiertamente, sin ningún pudor.

Citando a Morales, Duardo se preguntó cómo se puede acusar de estado fallido a la Cuba bloqueada abusivamente, desde el país más poderoso del mundo que, sin embargo, tuvo el record de muertes por Covid19. Cómo un imperio que ve a su juventud perdida por una letal epidemia de los opiáceos, es decir drogas, y que asiste impotente a la venta masiva de mochilas antibalas para escuelas primarias, pretende descalificar a la Cuba que reinició curso con nuevas carreras y aires de fiesta nacional.

¿Cuál sería aquí el Estado fallido?

En el podcast se escuchan las voces de Marco Rubio y luego de su alter ego, Otaola, cuyas acusaciones contra la administración Biden, por pura razón electoral en este caso, dibujan el panorama de un auténtico estado fallido en Estados Unidos. Los republicanos culpan a los demócratas del estado de cosas en el país más rico del mundo, como si los males hubieran empezado hace cuatro años. Como si no fueran parte del sistema, problemas que no cambian como los partidos que se alternan en el poder cada cuatro años. Más bien empeoran.

Bien se ha dicho que no hay nada más parecido a un demócrata que un republicano, apuntó Baby citando a Fidel, para apuntar que si faltaba una prueba ahí está Biden, haciendo, contra sus propias declaraciones de campaña, la política que tanto criticó a Trump en relación con Cuba.

Baby llama la atención también sobre la cantidad de estados fallidos que aparecen todos los días con el costoso error político de Estados Unidos al azuzar la guerra, provocando a Rusia y mandando miles de millones a Ucrania, pero no en comida o cobijas, sino en armas, y queriendo que Europa se desconecte del gas ruso, aunque muera de frío en invierno. Por lo que estamos viendo, solo ha conseguido complicar más el ya complicado panorama que dejó la pandemia.

Volviendo sobre la etiqueta de estado fallido, que se quiere exaltar como un exitazo de la campaña anticubana en Twitter (porque muchos revolucionarios la han usado desde Cuba para responderle a sus promotores),
la mejor respuesta fue el acto de Cienfuegos. Demostró que Cuba no le teme al tema, ni le huye, como no le huye a ningún problema del país.

Los argumentos están a la vista. Un estado fallido no hubiera sobrevivido a 63 años de cerco y a 243 medidas adicionales; no habría salvado a su pueblo de una pandemia con acciones de salud y vacunas propias, no podría haber articulado todas las fuerzas para enfrentar los tremendos desafíos que enfrenta, sean accidentes fatales o producto de un acumulado de problemas propiciados en primer lugar por el bloqueo.

Un estado que asume su responsabilidad en la búsqueda de solución a los problemas del país, sean de hoy o de hace 20 años, gracias a que no es un estado de politiqueros, que sólo atacan problemas cuando persiguen fines electorales.

El actual estado cubano no va contra quienes le antecedieron en la tarea. Honra la obra común y sigue levantándola, contra viento y marea, consciente de que el principal problema, el bloqueo, será finalmente derrotado un día. Pero no por voluntad de quienes lo aplican, sino porque logre saltar por sobre el cerco y vencerlo.
Seguimos chapeando.

 

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