El nazismo se da otra vuelta por Argentina con intento de magnicidio a la vicepresidenta

Hace 84 años, entre 12.000 y 20.000 personas asistieron al estadio Luna Park de Buenos Aires para celebrar la anexión de Austria a la Alemania nazi. Se cree que fue el acto más multitudinario que el grupo supremacista tuvo fuera del territorio que lo vio nacer.

En el otro extremo de la historia, al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), fueron muchos los jerarcas que encontraron refugio en la Argentina, el más conocido de ellos, el teniente coronel de las SS, Adolf Eichmann.

La investigación en torno al intento de asesinato perpetrado contra la figura de la vicepresidenta, Cristina Fernández, reveló muchos datos que pusieron de nuevo al nazismo en la discusión política de este país sudamericano, y así lo entiende la defensa de la exmandataria (2007-2015).

«Es bueno decir que lo que tenemos aquí son corpúsculos nazifascistas que han crecido al calor del neoliberalismo que ha gobernado al continente en este tiempo y es una radicalización de la derecha», aseguró a la Agencia Sputnik uno de los letrados que hacen parte de la defensa en la causa que investiga el hecho, José Manuel Ubeira.

Los tatuajes en el cuerpo del autor material de la intentona, Fernando Sabag Montiel, las reivindicaciones del atentado hecha por numerosas personas vinculadas a la investigación y a organizaciones de extrema derecha, y hasta una bandera ucraniana colgada en el apartamento de arriba de la propia vicepresidenta han decorado al caso con tintes oscuros.

Pero el vínculo más claro es con el grupo Revolución Federal, organización extremista que podría haber servido de aparato para perpetrar el ataque y que mantuvo reuniones en el sexto piso de Uruguay 1306, propiedad de una vecina de la expresidenta, Ximena de Tezanos Pinto.

Es por ello que el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Agustín Rossi, denunció este jueves 15 ante la magistrada que Revolución Federal estuvo detrás del intento de magnicidio de la vicepresidenta y aportó audios en los que se escucha a sus integrantes jactarse de su intención de asesinar al presidente, Alberto Fernández, y al diputado Máximo Kirchner, hijo de la exmandataria.

Vínculos políticos

Al abogado de Cristina Fernández le consta que el expediente considera esta línea de investigación, también otros posibles vínculos políticos.

«Estamos tratando de determinar si hay otra vinculación política, esperemos que no. Nadie está esperando que haya más de lo que ya hay, pero estamos muy preocupados. Estamos mirando el cuadro general, y está claro que estamos yendo a toda velocidad, la instrucción todos los días detiene a alguien y vamos a ver dónde termina», aseguró a Sputnik.

Consultado acerca de la posible implicancia de los servicios de inteligencia, una de las versiones que se manejan en la pesquisa, el letrado se mostró cauto.

«No me guío por nada prejuicioso, creo que lo que estamos viendo es algo más que un lobo solitario o un loquito suelto. Acá, por lo menos, tenemos una organización primaria, lo que tenemos que averiguar es si hay una organización secundaria que está arriba de todo esto y le ha dado cobijo y financiamiento», afirmó.

Ese parece ser el puente que podría unir las dos orillas: la financiación.

Las luces apuntan al empresario Nicolás Caputo, uno de los principales mencionados por Cristina Fernández el 23 de agosto pasado, cuando improvisó en sus redes un alegato de defensa en la causa Vialidad, y exhibió numerosos chats entre el empresario y su exsecretario de Obras Públicas, José López, condenado a seis años de prisión por esa causa.

En varias oportunidades, el expresidente Mauricio Macri (2015-2019) reconoció a Caputo como un «amigo del alma», expresión que utilizan los argentinos para demostrar fraternidad, al tiempo que fue uno de los primeros vicepresidentes del partido que él mismo creó: el PRO.

Y según consigna la agencia Télam, el fundador de Revolución Federal, Jonathan Morel, reconoció haber recibido 1.760.000 pesos (12.300 dólares) del Grupo Caputo, un conglomerado de empresas que se dedica a la construcción, la producción de equipos de aire acondicionado y la energía… y que lleva el nombre del empresario.

De momento, desde el entorno de Nicolás Caputo lo niegan, pero el vínculo podría ser con una firma de los hermanos de Luis Caputo, exministro de Finanzas de Macri y primo de Nicolás.

«No lo sé si hay vinculación de Revolución Federal, dicen eso pero a mí no me consta. Sé lo mismo que sabe usted», atemperó Ubeira a Sputnik, y confirmó: «Sí [Capuchetti] lo está investigando. Hablan de Caputo y gente vinculada a Caputo».

También agregó: «El afán de mi clienta es esperar que no haya más elementos que produzcan una grieta. Si la hubieran matado a Cristina Fernández, usted y yo no estaríamos hablando en estos términos y seguramente usted estaría cubriendo una guerra civil. Esto no le sirve absolutamente a nadie porque para salir adelante en Argentina necesitamos un clima de tranquilidad, no se puede hacer negocios debajo de la artillería».

Lo cierto es que, con apenas 14 días de investigación, aquello que la prensa argentina ahora define como «discursos de odio» —como fuerza instigadora del ataque— no se limitaría sólo al lenguaje y se trataría de una intolerancia de vieja escuela, muy conocida por todos.

Tomado de Sputnik / Foto de portada: AP / Natacha Pisarenko.

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