Amenazas, insultos y agresiones: Brasil encara la recta final de los comicios con temor a la violencia política

Desde hace semanas, la idea que sobrevuela con más fuerza en la campaña electoral brasileña no es ‘fake news’, ‘pandemia’ o ‘inflación’, sino ‘violencia política’, lo que muestra la creciente tensión ante el duro pulso que protagonizarán en la primera vuelta del 2 de octubre el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, de 67 años, y el exmandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, de 76.

Una inédita encuesta difundida el jueves pasado revela datos preocupantes: un 67,5 % de los brasileños entrevistados teme ser agredido físicamente por causa de su elección de candidato o partido, y un 3,2 % asegura haber sufrido amenazas políticas en el último mes.

Si se extrapolan a la población brasileña, estos porcentajes recogidos por la encuestadora Datafolha equivalen a millones de personas.

«Tener una población asustada es un riesgo para la propia democracia. La gente tiende a hablar menos, a participar menos en los procesos políticos. Tenemos una población temerosa que dice ser víctima en los últimos 30 días», explicó Mônica Sodré, politóloga y directora de la Red de Acción Política por la Sostenibilidad, la organización que encargó el estudio junto al Foro Brasileño de Seguridad Pública.

Dos tragedias dispararon la tensión en las calles y en las redes sociales: en julio, un militante del Partido de los Trabajadores (PT) fue asesinado a tiros por un agente penitenciario federal y seguidor de Jair Bolsonaro en Foz de Iguazú, en el estado de Paraná (sur), y a principios de septiembre un petista murió a cuchillazos por un colega de trabajo en Confresa, en Mato Grosso (centro-oeste), tras una discusión política.

A esos dos episodios se suman una sucesión de amenazas, insultos y agresiones a electores, políticos y periodistas. En las redes sociales, hasta hace unos meses territorio casi exclusivo del mandatario, ambos bandos se dedican a atacarse y a desmentirse, con estrategias cada vez más sofisticadas, como las webs Bolsoflix y Lulaflix con las que ambos entornos pretenden mostrar «la verdad» del rival.

Un clima propicio

El marco para este clima está creado desde hace tiempo. El presidente, investigado en la Corte Suprema por noticias falsas, lleva años sembrando dudas, sin pruebas, sobre la confiabilidad del sistema de voto electrónico y atacando a las instituciones.

Lula, ampliamente favorito en los sondeos, afirma que Bolsonaro, un mandatario proarmas y nostálgico de la dictadura que dijo en una ocasión que las elecciones terminarán para él en «prisión, muerte o victoria», prepara un golpe de Estado porque no piensa reconocer la derrota, al estilo de lo ocurrido en Washington en enero de 2021, cuando los seguidores de Donald Trump invadieron el Capitolio.

«Por mi recorrido por Brasil, especialmente en los últimos dos meses, si no ganamos en la primera vuelta, algo anormal pasó dentro del Tribunal Superior Electoral TSE», comentó, una vez más, Bolsonaro desde Londres, país al que viajó para asistir al funeral de la reina Isabel II. 

«Los dos asesinatos que hubo en Paraná y Mato Grosso se escapan completamente al control de cualquier fiscalizador. Son apenas consecuencia de un clima político»

En los actos convocados por el mandatario el pasado 7 de septiembre, con motivo del bicentenario de la independencia, la crispación ya estaba más que asentada.

El diputado bolsonarista Delegado Cavalcante pidió a los seguidores de Bolsonaro que no acepten una eventual derrota. «Si no ganamos las elecciones, si ellos roban las elecciones, vamos a ganar en las balas«, desafió.

Asimismo, muchos bolsonaristas tienen muy presente un precedente violento: la puñalada que casi termina con la vida de su líder en la campaña de 2018, a manos de un exmilitante del partido ultraizquierdista PSOL, que fue declarado demente.

Armas restringidas

«Brasil es un país complejo para poder controlarlo. Los dos asesinatos que hubo en Paraná y Mato Grosso se escapan completamente al control de cualquier fiscalizador. Son apenas consecuencia de un clima político», comentó el analista Fernando Gabeira en GloboNews.

El tenso escenario llevó incluso al Supremo Tribunal Federal (STF) a restringir la compra de armas y municiones ante el riesgo para el periodo electoral. Fue un golpe directo al mandatario ultraderechista, quien bajo su máxima de «el pueblo armado jamás será esclavizado», ha firmado en sus casi cuatro años de mandato decenas de decretos, muchos de los cuales fueron revocados por el Congreso y otros están siendo analizados por la máxima corte, para facilitar el acceso de los brasileños a las armas. 

«Las constantes incitaciones a la violencia, como el apoyo a armar a la población para la defensa individual y a la fuerza policial como principal vía para mitigar la inseguridad, promovidas por el actual gobierno, solo parecen ganar espacio en argumentos que apelan a una agenda moral, y no como políticas concretas de seguridad», señala el estudio ‘Violencia y democracia. Panorama brasileño preelectoral 2022, percepciones sobre miedo a la violencia, autoritarismo y democracia’.

La decisión del STF se tomó además días después de que uno de sus jueces, Alexandre de Moraes, abriese una investigación contra varios empresarios que supuestamente apoyaron un eventual golpe de Estado en un grupo de WhatsApp en caso de que el mandatario salga derrotado.

Las principales redes sociales firmaron hace meses un compromiso para combatir la desinformación sobre el sistema electoral, pero eso no incluye el combate a las noticias falsas y a los ataques contra los candidatos.

El pasado viernes, más de un centenar de organizaciones de la sociedad civil advirtieron que, salvo Twitter, las principales redes sociales carecen de políticas definidas para prevenir «llamados a la insurrección contra el orden democrático o la injerencia en la transmisión pacífica del poder que no apelen explícitamente a la violencia».

 

Tomado de RT/ Foto de portada: Sergio Lima/ AFP.

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