Cuba: Se desbordaron las aguas negras

Por Raúl Antonio Capote.

Les juro que nunca había visto tal lluvia de falsedades, los medios y redes cloacas se han desbordado y corren las noticias albañales por todas partes.

Los mentirosos se han superado, los desvergonzados, porque no se les puede decir de otra manera, de los medios y sitios digitales al servicio de la neocolonización de Cuba, han roto todos los récords de la indecencia.

Quién puede creer tal cúmulo de falsedades, uno se pregunta y no lo cree posible, quién puede prestarse a difundir la obra de quienes proclaman sin ningún pudor que van a asesinar a los casi 4 millones de cubanos que votaron sí por el Código de las Familias, por ejemplo, que prometen limpiar el país de revolucionarios y si no alcanzan las sogas lanzarnos al mar, no se le olvide a nadie, lo que buscan es restaurar en el poder a la aristocracia cubana, racista, elitista, intolerante que odia a la “chusma mulata” y sostuvo su poder durante años en los Ventura y Carratalá.

Los medios y sitios digitales al servicio de la neocolonización de Cuba han roto todos los récords de la indecencia”.

Creen de verdad que les van a dar un sitio en el paraíso.

Hacer un llamado a la ética más elemental a algunos conocidos que hoy militan en el bando de odiadores asalariados, será una pérdida de tiempo.

Nunca está de más intentarlo, creo en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud, en el derecho y la justicia, esa mujer que pintan ciega y a la que los revolucionarios cubanos le quitamos la venda para poner la justicia tan alta como las palmas.

Creo en las leyes y en el Estado de derecho, una revolución debe ser benévola, pero no puede permitir la impunidad.

Creo en mi país, en el partido en el que milito, en el gobierno que nos dimos la mayoría de los cubanos, en mis vecinos y compañeros, en mis colegas.

Creo y estoy al lado de los que trabajan por todos, en los que ahora mismo llevan noches y noches sin dormir.

Conozco de errores y de malos pasos, de lentitudes y pésimas decisiones, pero las manchas nunca ocultan el brillo del sol ni opacan el azul turquí de nuestro cielo, conozco la mano del enemigo, la soga que nos asfixia para que nos pongamos de rodillas y nos suicidemos sin honor.

Jamás creeré en los cobardes, ya dije que respeto el valor de los enemigos, pero les aseguro que hasta ellos desprecian a los traidores.

¡Arriba capital de todos los cubanos!

Cuatro gatos no pueden manchar la imagen de la tierra de Martí y de tanto cubano digno, patriota y laborioso.

Tomado de La Jiribilla.

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