Ya hay Código de las familias cubanas. ¿Y ahora qué?

Por Maribel Acosta Damas.

El pasado 26 de septiembre Cuba  amanecía esperando al huracán Ian. Ya no quedaban dudas de una trayectoria que pasaría por el occidente de la isla. Y así fue. A su paso, la destrucción mayúscula añadió más durezas al ambiente socioeconómico que vive el país. Poco a poco se van recuperando los servicios y aparecen nuevos desafíos en medio de campañas mediáticas, tensiones sociales y mucho trabajo y solidaridad.

Sin embargo, ni Ian ni las imágenes de desolación  a su paso, pueden borrar el significado del día anterior a su llegada: el domingo 25 de septiembre el sí al Código de las familias cubanas triunfó en las urnas luego del referendo popular que lo convirtió en ley activa. Con un 74.12% de votantes, el 66.85% votó afirmativamente en lo que sin dudas es una gran victoria; por el código mismo y su enorme revolución de derechos avanzados, por la Revolución misma y su pelea en la calle y en las redes.

Y este triunfo no fue una casualidad. Fue el resultado de una movida de las instituciones y organizaciones de la isla, que después del 11 de julio de 2021, se vienen sacudiendo de marasmos y retóricas innecesarias, para la batalla frontal que Fidel Castro llamó anticipadamente, la batalla de las ideas. Así fue con el código.

Anierka Fernández del Monte, directiva de la Federación de Mujeres Cubanas, experta en promoción de la mujer y atención a las familias, habla de la activa participación de la FMC  en todas las versiones del código en consultas especializadas así como el aseguramiento en las distintas etapas de la consulta popular.

Maribel Acosta Damas- ¿Cómo fue diseñado el trabajo para observar tendencias sobre la aceptación del código y sus elementos de tensión?

Anierka Fernández del Monte- La primera etapa nos permitió  asegurar la capacitación de nuestras directivas para poder entender los términos jurídicos y poder establecer los diálogos con todas las mujeres en las comunidades, en las universidades, en la Casa de orientación de las mujeres y las familias. Ahí empezamos a identificar los artículos más polémicos.  Estamos hablando no solo del matrimonio entre dos personas, sino que también estamos hablando de conceptos como autonomía progresiva para la niñez y la adolescencia, la responsabilidad parental… conceptos que fueron muy manipulados…

Establecimos alianzas con la Unión de Juristas de Cuba y el objetivo fundamental de esa primera etapa fue entender el impacto, las dudas, las tensiones, para poder accionar; sin atacar, sin imponer. 

 Eso nos permitió hacer –a modo de gráfico narrativo- los relatos de las comunidades,  la visualización de las familias que existen, y de ese modo, abrir los puentes para los diálogos del código. El código tiene términos muy avanzados como la gestación solidaria. Entonces había que explicarlos desde las historias de vida de las comunidades, desde la vida de todos los días. Esas consultas nos permitieron tomar la temperatura del contexto y trazar las estrategias de trabajo para la segunda etapa. Pudimos evaluar en qué  comunidades, municipios, o barrios estaban las dudas y cuáles puntos de tensión había que trabajar y las tendencias que arrojaba la aceptación del código entre la gente.

A partir de los resultados de la primera etapa, diseñamos un recorrido por todo el país, fundamentalmente en los territorios del oriente y centro donde las tensiones eran más visibles, en acompañamiento con los juristas que participaron en la elaboración del Código. Después recorrimos el occidente de la isla, con la particularidad de compartir en las comunidades, allí donde estaban los ejemplos de la vida.

Maribel Acosta Damas- ¿Qué lecturas trae la aprobación de este código, en especial desde la mirada de las mujeres?

Anierka Fernández del Monte – El código pondera a las mujeres cubanas, a las abuelas cubanas que han sido y son pieza fundamental en el crecimiento de las propias mujeres generación tras generación en acto de sororidad inmensa y generosa.  El código además es una fiesta de los derechos: a decidir, a seguir avanzando; el derecho refrendado de los que cuidan a los ancianos, también el derecho refrendado a mayores protecciones a las mujeres en sus decisiones, sus aspiraciones y expectativas.  El código refuerza especialmente la batalla contra con la violencia de género. En el trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas en las Casas de atención a la mujer y en los temas de violencia en que acompañamos a las mujeres, veíamos que cuando llega el momento de poner acción contra los violentos, muchas mujeres no denunciaban porque el enfoque es muy patriarcal y el respaldo jurídico era muy débil antes de este código. ¿Cómo hemos ido abordando esto? Primero en una estrategia general de violencia, que antecedió al código y que nos ha permitido prepararnos en conceptos y herramientas para ello. A su vez, en el observatorio de violencia de género estamos posicionando este enfoque. Y el código cierra este círculo como ley para no dejar brechas discriminatorias, con respaldos efectivos que lo sustenten. ¡Fíjate, ahora yo denuncio y no me puedo retractar! La ley lo asume de oficio.

Maribel Acosta Damas- Se percibe un trabajo de desagregación de elementos puntuales en favor de la mujer que fueron sucediéndose anterior o paralelamente a la elaboración del Código que se aprobó el 25 de septiembre. ¿Esto constituyó una estrategia para blindar el código?

Anierka Fernández del Monte- Es cierto. Nosotras no partimos de cero. Primero están los 60 años de Revolución, que otorgó justicia social como plataforma de partida y avance, con las muchas leyes que protegían y empoderaban a las mujeres; y después han venido acciones de género en el programa de adelanto de las mujeres, el observatorio de género y la presencia de la organización femenina con mirada de género a todo lo que el país pone el práctica. Por tanto, este código es colofón de las propias batallas sociales de la Revolución y deuda con nosotros mismos. No cayó del cielo. De pronto no estaban las cosas ahí por primera vez. Ya se venían librando acciones que fueran visibilizando cada uno de sus componentes. Ganarlo, en medio de nuestra compleja coyuntura ha sido un acto de madurez, de mirada larga, de activismo social y humano en que la Revolución nos ha formado. Ahora empieza la nueva etapa: ponerlo en práctica y seguir preparándonos y trabajando para que ningún escollo cierre el camino.

Las últimas noticias confirman el trabajo duro en Pinar del Río, el territorio más azotado por Ian; en la electricidad, en las viviendas, con las personas que lo perdieron todo. El Presidente cubano está con la gente al pie del cañón como se dice aquí. No es nada fácil. Hay que trabajar duro y con mucha solidaridad y sensibilidad. La sociedad sigue movilizada en torno a la ayuda desde todas y todos. Pero junto a esto, se abre también otra mirada al horizonte, que es ni más ni menos que a la confianza de adónde podemos llegar en propósitos por la felicidad humana. Y esa no queda otra que defenderla ante cualquier huracán.

Tomado de Mate Amargo / Ilustración de portada: Osval.

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