Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía: Ningún país es inmune

Por Milagros Pichardo. 

Cada 17 de junio, desde 1995, se celebra el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía.

Pérdida de especies animales y vegetales, suelos infértiles, disminución de la producción agrícola, inseguridad alimentaria, o alteración de los recursos naturales son algunas de las consecuencias de la desertificación y la sequía, fenómenos que amenazan el desarrollo sostenible de las naciones pobres y ponen en la mira el deliberado desarrollo de las más ricas.

El tema necesita especial atención, de ahí que cada 17 de junio, desde 1995, se celebra  el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, con el objetivo de sensibilizar a la opinión pública y trabajar en soluciones conjuntas.

Según las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el número y la duración de las sequías han aumentado un 29 % desde 2000 y, al día de hoy, hay más de 2 300 millones de personas que sufren problemas a causa de la escasez de agua. Se estima que para 2050 las sequías afecten a más de las tres cuartas partes de la población mundial.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alerta que se trata de cifras preocupantes, considerando que uno de cada cuatro niños en el mundo será afectado por este fenómeno antes de 2040.

La desertificación resulta uno de los principales retos medioambientales de nuestro tiempo, que avanza lenta, pero inexorablemente, y las cifras nos muestran sus catastróficos resultados. Se prevé que para el año 2045, alrededor de 135 millones de personas en todo el mundo pueden haber sido desplazadas de los lugares que habitan en la actualidad, como consecuencia de la desertificación, detalla National Geographic.

Es un hecho que, tristemente, irá in crescendo, pues se calcula que el ritmo de degradación de las tierras cultivables aumenta a una velocidad entre 30 y 35 veces superior a la histórica.

Entre las soluciones se encuentran la reforestación de las especies arbóreas, mejorar  la gestión del agua, la reutilización de las aguas depuradas y el enriquecimiento del suelo a través de la regeneración de la cubierta vegetal. Esas maniobras requieren del accionar conjunto de las naciones y del necesario apoyo financiero.

En Cuba, hace más de una década contamos con el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, con relevantes resultados en ecosistemas del país.

Las sequías y la desertificación se encuentran entre las mayores amenazas para el desarrollo sostenible, especialmente en los países con economías emergentes, aunque cada vez son más las naciones ricas afectadas. Las acciones dañinas del hombre contra la naturaleza tienen un efecto bumerán, ningún país es inmune.

Tomado de Granma/ Foto de portada: ONU.

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