Internacionales

Las Unidades Cubanas del Ejército norteamericano: Una fuente de mercenarismo (VI y Final)

Por José Luis Méndez Méndez * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

Estados Unidos ha empleado y utiliza con profusión los productos químicos en sus agresiones por todo el mundo. Alega combatir al terrorismo malo pero lo hace con más terrorismo sofisticado. No se detiene para su uso en la presencia de civiles, esta impunidad la ampara con el pretexto de que sus efectos punitivos producen secuelas colaterales.

Se recuerda aún que en noviembre de 2004, a pesar de la presencia de civiles, las fuerzas armadas ocupantes de ese país  bombardearon la ciudad de Faluya, Iraq con fósforo blanco. Ya habían utilizado uranio empobrecido en las guerras del Golfo, Afganistán, Serbia y Kosovo. Son métodos actualizados de los utilizados en el pasado, que causan daños a largo plazo, tal es el caso de Vietnam, donde todavía hoy, transcurridos casi cincuenta años de la estampida de 1975, el agente naranja mata en la nación, que un día los venció.

Entre 1961 y 1971, el ejército estadounidense esparció en forma masiva defoliantes sobre Vietnam. El objetivo era eliminar la cobertura vegetal del país para impedir que los vietnamitas se protegieran en la selva. También destruirles las cosechas para privarlos de alimentos y disminuirles la capacidad de resistir al invasor.

Estos defoliantes incluían esencialmente el agente naranja, que contenía dioxina, un producto químico particularmente tóxico. En 2003, un equipo de investigadores estadounidenses estimó la cantidad de estos químicos esparcidos en 77 millones de litros, y la de dioxina en alrededor de 400 kilos, cantidad suficientemente letal a largo plazo.

La superficie afectada alcanzó 2,6 millones de hectáreas, estas extensiones fueron “tratadas” un promedio de cinco veces, y algunas zonas recibieron hasta 10 aplicaciones seguidas. Esto representó el 10% de la superficie total del entonces Vietnam del Sur y el 50% de los bosques de manglar. Se estima que entre 2,1 y 4,8 millones de habitantes de 20 mil aldeas resultaron directamente afectados por estos intensos bombardeos, que tenían objetivos inmediatos y a largo plazo.

En aquella época, estos diez años de bombardeos químicos constituyeron para el pueblo vietnamita una catástrofe sanitaria y ambiental, que continúa actualmente causando daño y del cual poco se habla, hecho superado por otras continuas agresiones norteamericanas con el empleo de sustancias químicas, porque la dioxina, es un producto químico muy estable, sólo se degrada lentamente, y se integra en la cadena alimentaría. Sus efectos persisten en el medio ambiente y afectan a los habitantes de las zonas siniestradas.

Durante cuatro décadas y sobre todo después de derrotar y expulsar al invasor norteamericano de su país, los vietnamitas y todos los factores presentes en el terreno, tomaron conciencia de este grave daño, que tiene múltiples impactos en lo humanitario,  sanitario, socioeconómico, medioambiental, político y jurídico.

Cuarenta años después de esparcido, el agente naranja sigue provocando muertes, patologías de extrema gravedad, así como discapacidades físicas y mentales, y  lesiones nerviosas irreversibles. En Vietnam, los estudios genealógicos confirman que las familias en las cuales al menos uno de sus ascendientes fue víctima del agente naranja sus mujeres sufren particularmente abortos espontáneos y malformaciones congénitas. Se detecta también en la leche materna, debido a su reciclaje en la cadena alimentaria.

Estimados conservadores afirman que el número de víctimas sobre pasa el millón de personas. No sólo los vietnamitas fueron los afectados directamente, también como avalan investigaciones realizadas en Estados Unidos sobre los veteranos estadounidenses de la guerra de Vietnam indicaron que la dioxina era la causante de diversas patologías agudas o crónicas, especialmente de diferentes tipos de cáncer.

Desde el punto de vista psicológico, las consecuencias del agente naranja se traducen en un trauma colectivo que afecta al conjunto del tejido cultural y social del país. En las altas mesetas del centro de Vietnam, región particularmente afectada, viven minorías étnicas cuya cultura asigna un lugar importante a la naturaleza, el bosque, la tierra, el agua, la flora y la fauna en general. Con la degradación o la destrucción de los ecosistemas a raíz de la defoliación inducida, se desmoronó su universo de referencia. Las repercusiones económicas son enormes aún y la fuerza laboral resulta afectada.

En materia de medio ambiente, los niveles de dioxina en el suelo están presentes. Aunque han bajado con el tiempo, regiones enteras continúan siendo incultivables para los agricultores. Una vegetación muy escasa llamada en Vietnam hierba americana sigue cubriendo las zonas dañadas.

Además, aun existen otras zonas muy contaminadas, donde se detecta dioxina en niveles elevados en el suelo o los sedimentos, y en algunos lagos. Son las regiones donde se esparció más masivamente el agente, cerca de la frontera con Laos. En estas zonas la dioxina tiene consecuencias sobre la salud de los animales y puede encontrarse en algunos alimentos  y en pescados, mariscos, aves y cerdos. El proceso de descontaminación es lento y costoso para el agredido país, que heredó cientos de problemas después de vencido el invasor.

El 10 de enero de 2004, se creó en Hanoi la Asociación vietnamita de víctimas del agente naranja-dioxina. El 30 de enero esta asociación y  víctimas presentaron ante el Tribunal del Distrito Este de Nueva York una demanda contra las 36 empresas que fabricaron el agente naranja para el ejército estadounidense, entre ellas, las conocidas trasnacionales Monsanto y Dow Chemical. Los fundamentos jurídicos son múltiples: violación de leyes internacionales, crímenes de guerra, fabricación de productos peligrosos, daños tanto involuntarios como intencionales, enriquecimiento ilícito, etc. Los querellantes reclaman daños y perjuicios por las lesiones personales sufridas, el nacimiento de niños con malformaciones, así como por la necesaria descontaminación del medio ambiente y la restitución de los beneficios. Si bien esta demanda es justa contra quienes fabricaron los químicos, el autor principal de este genocidio,  y ecocidio, calificado como delito contra la humanidad y la paz, en este caso de manera irreversible por la incapacidad del medio ambiente de regenerarse así mismo por el daño causado y también biocidio aún está impune, que es el agresor gobierno de Estados Unidos, obligado a reparar este escandaloso y premeditado olvido de la historia oficial del Imperio.

Para vergüenza de esa nación, el conflicto bélico en Europa ha demostrado y sacado a la luz cientos de experimentos realizados por laboratorios estadounidenses dislocados en territorio ucraniano, la comunidad internacional y la ONU, han reaccionado de manera débil a este hecho que pone no solo en peligro a la paz,  sino a la propia existencia del ser humano.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: John Moorlez/ Getty Images.

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