«EEUU impone una guerra cultural no solo contra Cuba sino contra todo el mundo»: Nicolás Hernández Guillén

Nicolás Hernández Guillén es el presidente de la Fundación Nicolás Guillén, ubicada en La Habana, además de nieto del Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén. Como parte de la delegación cubana que tomó parte en el XVI Encuentro Estatal de Solidaridad con Cuba, del 14 al 16 de octubre de 2022, disertó sobre «La guerra fría cultural contra Cuba: alternativas al American Way of Life» en uno de los conversatorios desarrollados en Puerto de Sagunto, Valencia.

«Desde el punto de vista cultural, EEUU impone una guerra no solo a Cuba, sino al mundo», para tratar de lograr «una hegemonía cultural global», explica.

Indica que en la cultura de EEUU hay valores buenos y también valores indeseables, como la intolerancia, el racismo, la insolidaridad… Menciona las masacres por tiroteos en escuelas primarias ocurridas en ese país, y la incapacidad de aprobar algún remedio, siquiera parcial, en relación al control de armas. «Si algún político se atreve a plantearlo corre serios peligros electorales», afirma.

Rechaza un modelo de sociedad donde «la virtud ciudadana se basa en la ganancia», frente a la solidaridad, el interés colectivo y la generosidad de la sociedad cubana. Y pone como ejemplo el modo en cómo la Isla ha hecho frente a la pandemia mediante sus propias vacunas, con el apoyo y confianza total de una población que incluso llevó, con toda tranquilidad, a sus niñas y niños, a los ensayos clínicos.

Sobre los artistas vendidos a la propaganda y al dinero de Miami, solo dice que «allá ellos».

Al final de la entrevista, menciona una de los más emblemáticas poesías de su abuelo Nicolás Guillén, que habla de lucha y de esperanza, «Elegía a Jesús Menéndez».

Elegía a Jesús Menéndez
Por Nicolás Guillén

…armado

más de valor que de acero.

Góngora

Las cañas iban y venían

desesperadas, agitando

las manos.

Te avisaban la muerte,

la espalda rota y el disparo.

El capitán de plomo y cuero,

de diente y plomo y cuero te enseñaban:

de pezuña y mandíbula,

de ojo de selva y trópico,

sentado en su pistola el capitán.

¡Con qué voz te llamaban,

te lo decían,

cañas

desesperadas,

agitando las manos!

Allí estaba,

la boca líquida entreabierta,

el salto próximo esculpido

bajo la piel eléctrica,

sentado en su pistola el capitán.

Allí estaba,

las narices venteando

tus venas inmediatas,

casi ya derramadas,

el ojo fijo en tu pulmón,

el odio recto hacia tu voz,

sentado en su pistola el capitán.

Cañas

desesperadas

te avisaban,

agitando las manos.

Tú andabas entre ellas. Sonreías

en tu estatura primordial y ardías.

Violento azúcar en tu voz de mando,

con su luz de relámpago nocturno

iba de yanqui en yanqui resonando.

De pronto, el golpe de la pólvora. El zarpazo

puesto en la punta de un rugido,

y el capitán de plomo y cuero,

el capitán de diente y plomo y cuero,

ya en tu incansable, en tu marítima,

ya en tu profunda sangre sumergido.

Tomado de Cubainformación.

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