Los Brics pueden redefinir un equilibrio de poderes

Por Elson Concepción Pérez.

En medio de un mundo que se debate entre el hambre, las guerras, los efectos del cambio climático y la concepción hegemónica que impone Estados Unidos como filosofía de dominio global, surgen y se desarrollan esperanzas de unión que, cuando se consolidan, se convierten en verdaderos muros de contención ante la arrogancia imperial. 

Mientras las noticias, casi diarias, dan cuenta de la asignación, por el presidente Joe Biden, de nuevas millonarias cifras de dólares para comprar armas y enviarlas a Ucrania –similar a lo que hace la Unión Europea, seguidora de lo que dice y hace Washington–, naciones de las llamadas «economías emergentes», cada vez en mayor cantidad, exponen deseos y documentos solicitando su adhesión al grupo de los países Brics, presente y futuro de nuevos mecanismos de integración económica.

Ninguna guerra podrá poner fin a las calamidades actuales que padece una buena parte de la población mundial. La vía de la colaboración económica y comercial es una alternativa posible.

Las armas ocasionan más muertos y más gastos, mientras la formación de bloques de países con economías emergentes, dispuestos a colaborar e invertir en acciones de desarrollo que favorezcan a los pueblos y no a los consorcios militares, constituye una esperanza que ya es presente en el ámbito internacional.

Hace una década surgió el grupo Brics, formado por Brasil, la India, China, Rusia y Sudáfrica, que representan la mitad de la población mundial, un 40% de la superficie del planeta y un 23% del Producto Interno Bruto a nivel global.

Este grupo puede verse como una respuesta al desafío de quienes han fabricado un mundo desigual en el que cada vez hay más pobres, mientras son pocos los que controlan y disfrutan las grandes riquezas.

El Brics se ha propuesto como objetivo fortalecer los sistemas de acuerdos multilaterales entre estos países y con terceros, y en el ámbito internacional trabaja en la creación de oportunidades y soluciones económico-financieras, en sectores como la cultura, la tecnología, la ciencia, la agricultura, salud y bienestar social, entre otros.

El acierto de crear este grupo y que, a la vez, se integren a él nuevas economías nacionales, se ve reflejado en el hecho de que, mientras en 2001 las naciones emergentes que lo integran tenían una participación de un 8% en el pib mundial, y un crecimiento promedio de 4,4%, los países del G7, los más ricos del mundo, que integran Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, solo alcanzaban un 1,59% como promedio.

Como bloque, los países del Brics constituyen un componente económico no superado por ningún otro, pero, además, su fortalecimiento se confirma en el hecho de que ya son varios los países interesados en integrarse en su mecanismo, como lo han solicitado la República Islámica de Irán, Argentina, Argelia, Kazajistán, Turquía, Indonesia y Malasia, entre otros.

Que esa sea la tendencia es una buena noticia que aporta esperanza, en medio de un contexto lleno de frustraciones y desigualdades, en el que apretar el gatillo de la guerra ha tenido más prioridad que producir alimentos y curar enfermedades.

Tomado de Granma / Foto de portada: Dreamstime.

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