Hebe de Bonafini es símbolo y orgullo de América Latina

Por Raúl Antonio Capote.

Su muerte duele «como la de un ser cercano y querido. Siempre la recordaremos condenando a los genocidas y peleando por el mundo justo que defendían sus hijos», escribió Díaz-Canel en Twitter

Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, falleció este domingo en la provincia de Buenos Aires, Argentina, a los 93 años de edad.

Después del comunicado oficial de la Presidencia, el Jefe de Estado, Alberto Fernández, se refirió en Twitter a la legendaria luchadora: «Con enorme cariño y sincero pesar, me despido. Hasta siempre, Hebe».

En la misma red social, la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, también expresó consternación: «Queridísima Hebe, símbolo mundial de la lucha por los Derechos Humanos, orgullo de la Argentina. Dios te llamó el día de la Soberanía Nacional… no debe ser casualidad».

Madre de dos hijos desaparecidos, fundó la asociación Madres de Plaza de Mayo para visibilizar la desaparición de personas durante la última dictadura en Argentina (1976-1983).

Luchadora infatigable, abrazó con amor la causa de la Revolución Bolivariana y la Revolución Cubana.

El 30 de abril de 1977, un grupo de madres decidió ir a la Plaza de Mayo, frente a la sede del Gobierno, la Casa Rosada, para llevarle al dictador Jorge Rafael Videla una carta reclamando información sobre sus hijos.

Estaban prohibidas las concentraciones públicas de más de tres personas, entonces las madres comenzaron a caminar de dos en dos en torno a la Pirámide de Mayo.

Decidieron repetir la ceremonia todos los jueves, a las 15:30 horas, cuando el lugar estaba repleto de gente.

Nada pudo el tiempo, la calumnia o la muerte, a pesar de la soledad y el peligro que les acechaba. Nunca se rindieron, ni siquiera cuando tres de las fundadoras fueron secuestradas, torturadas salvajemente y asesinadas por los militares.

Las marchas organizadas por las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el principal símbolo de la oposición a la dictadura argentina.

El pañuelo blanco que cubría sus cabezas –y que desafiaba a los matones– se transformó en un ícono mundial.

Hebe de Bonafini, que dio voz a los desaparecidos con su lucha por la verdad, la memoria y la justicia, va a su eterna ronda de los jueves, a vivir para siempre en la historia de América.

Tomado de Granma.

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