Perú: ¡No te rindas…!

Por Gustavo Espinoza M.

Sabiamente, el uruguayo Mario Benedetti, nos aconsejaba: 

No te rindas, aun estas a tiempo / de alcanzar y comenzar de nuevo /  aceptar tus sombras, enterrar tus miedos / liberar el lastre, retomar el vuelo. / No te rindas que la vida es eso / continuar el viaje / perseguir tus sueños / destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo / No te rindas, por favor no cedas / aunque el frío queme, aunque el miedo muerda /  aunque el sol se esconda, y se calle el viento / aún hay fuego en tu alma aún hay vida en tus sueños / No te rindas…. “

Y este texto escrito y diseñado para otro escenario y distintas circunstancias, puede aplicarse con certeza a nuestro país y a la situación creada aquí en los últimos días.  Y es que, en el marco de una aguda crisis, hemos conocido un desenlace inesperado y escuchado cánticos de victoria aullados por fuerzas históricamente derrotadas, pero aun insepultas. 

Cuando se escriba lo ocurrido el pasado 7 de diciembre tendrá que señalarse que el breve mensaje emitido por Pedro Castillo en horas de la mañana, fue un verdadero salto al vacío. Unos dicen que fue engañado. Otros, que actuó bajo presión y amenaza.  

Los hay también quienes aseguran que fue víctima de un complot siniestro en el que participaron oscuros personajes   que se infiltraron en su entorno, como había ocurrido ya, cuando se manejaron irregularidades de orden financiero y administrativo en la Casa de Gobierno. Y habrá, además, otras versiones aún más truculentas 

Como suele ocurrir, cado una tendrá un poco de razón. La suma de estas versiones, ayudará a entender los hechos, pero, en todo caso, nada permitirá -a corto plazo- revertir lo sucedido.

Finalmente la Ultra derecha Neo Nazi logró alcanzar lo que había anhelado desde el 28 de julio del 2021: echar del Poder al maestro rural que tuviera el atrevimiento de derrotar a Keiko Fujimori en los comicios presidenciales registrados ese año.  Y pudo hacerlo casi sin costo alguno. Valiéndose de las precariedades del Mandatario, y de sus limitaciones; pero también sabiendo usar la pasividad, indolencia, falta de iniciativa y hasta la mezquindad de las fuerzas que llevaron a Castillo al Gobierno, y al que lo dejaron solo en horas decisivas.

Bastante se ha escrito ya entorno a lo ocurrido Cabe reflexionar entonces acerca del significado de los hechos, y de su trascendencia; de la incidencia que tendrá en el futuro del país, y en la vida de los peruanos. Veamos:

Durante la República -como bien lo dijera Jorge Basadre- la oligarquía peruana renunció a ser una clase dirigente, y se convirtió apenas en una clase dominante. A comienzos del siglo XIX degradó a la sociedad peruana generando una descomposición galopante. González Prada la describió con duras palabras: “donde se pone el dedo, salta la pus”.

El primer intento de cambar esta realidad asomó en 1911 con el gobierno de Guillermo Billingurts. Pero este fue depuesto por el Golpe de Estado de Oscar R. Benavides, en 1914. El segundo, ocurrió en 1945, bajo la bandera del Frente Democrático Nacional y José Luis Bustamante. Pero éste también fue derrocado por Manuel Odria. El tercero, fue el de 1968: la insurgencia patriótica de Juan Velasco Alvarado, también derribado en 1975 por Francisco Morales Bermúdez. La más reciente  -la cuarta- fue la que encarnó Pedro Castillo,  con infausta suerte. 

Este recuento no es casual. Sirve para confirmar lo que alguna vez dijera como maleficio Gonzalo Rose adjudicándole a una voluntad suprema una práctica siniestra: “Deguella, Dios de los incrédulos / al que intente cazurro /  transformar al Perú” . 

Unos y otros, han caído, pero la cálida semilla que sembraran en este suelo regado con la sangre de millones, ha quedado impregnado y finalmente dará fruto. Es cuestión de perseverar en una tarea en las que Túpac Amaru puso una primera y grande piedra, y José Carlos Mariátegui un cúmulo de ideas y de acciones.  Ambos, nos legaron historia y rebeldía.  Por eso bien puede decirse que los sucesos del miércoles 7, no han concluido. Eso sólo ocurrirá con la victoria del pueblo. 

Es decir, cuando los que baten palmas hoy, comprendan que perdieron para siempre.  Así lo acredita el pensamiento de millones, pero también la fatigada marcha de hombres y mujeres que se movilizan desde el ande con la bandera del Perú en la mano exigiendo respeto a la voluntad ciudadana.

Al margen de sus intenciones y deseos, Dina Boluarte no la tendrá fácil. Tiene dos caminos por delante. Uno, es el de la entrega a los designios de una Mafia voraz y despiadada que querrá someterla y doblegarla a su capricho. El otro, es el de la identificación con la causa del Perú, ¿Sabrá escoger? Por lo pronto, debe comprometer a colaboradores de gestión que reúnan dos requisitos esenciales: eficiencia y honradez. A ellos, no los habrá de encontrar en los predios de la Mafia Golpista, que hoy sonríe satisfecha para la foto del recuerdo.   

En todo caso, la vida habrá de enseñarle, y mucho. No es posible derrotar y humillar a un pueblo cuando éste construye laboriosamente su unidad, fortalece su organización, eleva su conciencia, y lucha por objetivo esenciales.  Vale decir, cuando entiende que más allá de las palabras, están las acciones. 

Lo confirman las movilizaciones registradas en los últimos días en Arequipa. Puno, Cusco, Ayacucho, Huancayo y otras ciudades del interior del país. El 198 aniversario de la batalla de Ayacucho, es también un aliciente de victoria. Hay que tenerlo en mente.

El Perú, hoy  expresa una voluntad indoblegable: no se rinde

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina / Foto de portada: Martin Mejia / AP

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